Yo no sé si usted habrá tenido la oportunidad de leer por completo el capítulo 28 de Deuteronomio. Le invito a que lo haga. Usted comienza a leer el capítulo y es una delicia a nuestros oídos. Bendito serás en la ciudad, bendito en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, de tu tierra, …
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