Cree, Esfuérzate

“Esforzaos y cobrad ánimo;  no temáis,  ni tengáis miedo de ellos,  porque Jehová tu Dios es el que va contigo;  no te dejará,  ni te desamparará” (Dt 31.6).

En el contexto de este pasaje se está presentando a Josué como sucesor de Moisés al frente del pueblo de Israel. Una vez más está la nación ante el premio, ante el obsequio de Dios. La tierra prometida se encuentra ante sus ojos; lista para ser conquistada, lista para ser repartida. Cuarenta años atrás se habían dejado intimidar por la fuerza de los adversarios. Hombres altos y poderosos, carros herrados, los hijos de Anat, y no le creyeron a Dios. A pesar de haber visto lo que habían visto. A pesar de haber sido testigos de lujo de la manifestación inequívoca del brazo poderoso de Dios, no se creyeron capaces de poder vencer a los cananeos. Y ellos tenían razón. No eran capaces. No tenían la fuerza suficiente. Eran débiles, indefensos. Eran un pueblo esclavo que siempre había vivido así. Lejos ya, generacionalmente de Abraham, Isaac, Jacob y José. Y esa es una de las lecciones más maravillosas que nos muestra el Señor. Al igual que los israelitas frente al río Jordán, los hombres de todas las épocas son totalmente incapaces de salvarse a sí mismos, de hacerle frente a un enemigo cualquiera, incluso de tomar con sabiduría las decisiones más importantes. No somos capaces de lograr nada de eso por nuestras propias fuerzas, dejando fuera a Dios. El Señor tiene que ser parte principal, fundamental en cada ecuación de nuestras vidas.

Cuarenta años atrás, tan solo Josué y Caleb estuvieron dispuestos a entrar y conquistar la tierra. La incredulidad les costó cuarenta años en el desierto. Muchísimas veces se ha hablado  y se ha ilustrado como el desierto, ya sea el real que le tocó pasar a este pueblo, como el simbólico por el que tenemos que pasar todos de una manera o de otra, fue y será siempre un lugar de tránsito para seguir caminando por este Camino. No es para permanecer allí para siempre. ¿Puedes imaginar  cuantas veces has estado frente al río Jordán de tu vida y por incredulidad, temor al adversario, o por estar enfocado en tu propia debilidad has decidido retroceder y no jugar el papel que estás llamado a desempeñar? Haces bien, te repetimos, en reconocer a los cuatro vientos tu debilidad, porque eres muy débil. Pero no depende de ti. Depende del Todopoderoso. Depende de ese que manda a las cosas que no son como si fuesen y cuando ellas escuchan su Palabra, obedecen.

Estás en lo cierto cuando piensas que vas a tener que enfrentar gigantes. Estás en lo cierto cuando piensas que el camino es largo y difícil. No es nada nuevo. Pero nunca se nos puede olvidar que si Él está, todo está como tiene que estar.

En este pasaje se nos muestra otra vez al pueblo frente al problema. Los cananeos seguían siendo altos y fuertes, seguían teniendo carros herrados. Seguían siendo temibles. ¿Qué hacer? En el nuevo testamento hay una clave que no podemos obviar: “Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra,  el mar y todo lo que en ellos hay; que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo. Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús,  a quien ungiste,  Herodes y Poncio Pilato,  con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera. Y ahora,  Señor,  mira sus amenazas,  y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hch 4. 24-31). Si hay amenazas, obstáculos, problemas, reconoce tu debilidad y llénate de Dios, fortalécete en tu Dios.

El Señor se complace, esto es un misterio, porque realmente no lo necesita para nada¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre,  para que lo visites? (Sal 8. 4)  en hacer equipo con el hombre. Hay una parte que nos corresponde a nosotros, para ser instrumentos útiles en sus manos. Aquí, como casi siempre, se resume en Creer. Esfuérzate, le dicen a Josué varias veces y con él a nosotros también. Puede ser titánica la obra que tienes por delante. Puede haber un precio que pagar, algo que arriesgar. ¡Esfuérzate! Has lo correcto. Sigue la verdad y la fe, con amor. Sin miedo porque es Dios quien va contigo. Él no te va a dejar tirado en el camino.

Josué y los israelitas vencieron; nosotros también lo haremos.    

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