El Señor te tiene presente

 

“¿Has visto hombre solícito en su trabajo?  Delante de los reyes estará;…” (Pr 22. 29)

 

En los tiempos que estamos viviendo hoy, tal palabra parece que no se pudiera cumplir. Es como un sueño pensar que el trabajo honrado, dedicado, cuidadoso, diligente, pudiera ser recompensado como es debido. Los jóvenes no quieren estudiar, la mayoría de los que lo hacen están pensando en emigrar a otras latitudes y los que no, albergan la esperanza de que quizás algún día, el esfuerzo valga la pena. Los que se quedan tampoco les interesa trabajar, quizás en una cafetería, porque la remuneración es mucho más elevada. Esta situación es muy general en nuestra sociedad y las iglesias no escapan a ello.

Ya hemos de alguna manera tratado este tema en el pasado, pero es bueno volverlo a tocar porque es de provecho.

Los cristianos tenemos que aprender a vivir por fe. Buscando cada día la forma de acercarnos más al Señor, de conocerle mejor; de tal manera que comencemos a ver las cosas aunque sea en una muy pequeña magnitud de la manera que Él las ve. En ocasiones nos parece que la magnitud de nuestros problemas es tan grande que el mundo se va a acabar. Nos parece que nuestras dificultades son tan graves que no vamos a poder salir de ellas y como que eso se vuelve el centro del universo. No es así. Nada de lo que sucede tiene única y exclusivamente que ver con nosotros. Tiene también que ver con nuestros familiares, con nuestros compañeros, con nuestros hermanos, porque Dios siempre está obrando, el Espíritu está tratando de convencer de pecado a muchos, está procurando la edificación de la iglesia, está tratando de llevar un escalón por encima a cada uno de nosotros y aprovecha cada situación, cada adversidad, para llevar adelante su propósito. Si nuestro propósito y el de Dios no coinciden, lo que es difícil que suceda a un 100 por ciento, pues por supuesto que Él no va a cejar en el suyo que con toda seguridad es muy superior en todos los sentidos.

Tan solo mencionamos esto como ejemplo porque realmente es así en todo sentido. Nosotros no tenemos por qué ver la luz al final del túnel. La mayoría de las veces no entendemos lo que está sucediendo. Mucho menos vamos a entender cuestiones que tienen tantos matices. Queríamos darle a este tema un enfoque enteramente práctico. Dios nunca ha dicho una mentira. Y promete que si hacemos las cosas bien con respecto a nuestro trabajo en cualquier área que nos desempeñemos, Él te va a prosperar. Dios va a bendecir la obra de tus manos y te va a encaminar hacia la victoria. Lo puedes esperar así. Los grandes apóstoles del pasado trabajaban con sus manos, tenían oficios con los que se ganaban la vida y aun así servían al Señor con una entrega sin límites. El consejo joven amigo es que no te detengas en el aprendizaje, que si puedes dominar un oficio, lo hagas y te esmeres en el trabajo, con el objetivo de hacerlo todo bien. Con la bendición de Dios se reconocerá la calidad de tu esfuerzo. Y aunque hoy creas que no vale la pena, que muchos prosperan más que tú; cree y espera, serás reconocido y recompensado. Dios pondrá gracia en ti. Si no es de una forma, pues será de otra, pero delante de los reyes vas a estar. Que el Señor te continúe bendiciendo.

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