
“No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado; antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra; por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama; como engañadores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo” (2Co 6. 3-10).
En ocasiones llega la pregunta: ¿Estaremos haciendo lo correcto? ¿Vamos por el camino correcto? Por supuesto que estas preguntas se refieren al estado puramente práctico de la labor que realizamos, porque el Camino indicado y único, todos sabemos que es Cristo. Por lo tanto, seguir a Cristo, imitar a Cristo, seguir sus huellas, sería la respuesta adecuada a cada una de las interrogantes de nuestra vida. Pero, ¿sería posible creer que estoy siguiendo a Cristo y haciendo lo correcto cuando en realidad no es así? Desgraciadamente la respuesta a esa pregunta creemos que es un Sí rotundo. Es muy posible creer que estamos haciendo lo correcto cuando en realidad no lo es tanto. Si buscas la dirección de Dios seguramente encontrarás la verdad; se pudiera decir. Y es muy cierto. Por eso nuestra filosofía es siempre: Cada día más cerca del Señor, porque estamos seguros de que es mucho lo que nos falta por aprender y conocer. Lo que más nos gustaría fuera poder hablar cara a cara y recibir las instrucciones directamente de su boca, pero por lo general no es así. Por eso tenemos que acudir al mejor medio con que contamos hoy para tomar decisiones: Las Escrituras. Por supuesto que cada día hay miles de cosas que hacemos y decisiones que tomamos que no vienen explicadas ni esclarecidas en la Biblia. Pero siempre hay un patrón, un modelo, una palabra esclarecedora que nos muestra la luz.
Para saber si un Ministerio cristiano marcha por buen camino tan solo hay que seguir las señales. No es tan difícil como pudiera parecer. Más bien es sencillo. Decimos: Apresura tus pasos que va a llover. Lo hacemos porque hay señales que nos lo muestran. Las nubes en el cielo. Los truenos que se van acercando a nosotros cada vez más. La lluvia es evidente. Un rastro de sangre nos dice que por allí pasó alguien herido. Una persona que siempre llega tarde a sus compromisos no es una persona responsable, o por lo menos tiene serias dificultades para valorar debidamente a quienes han tenido que esperar por ella. Es imposible ser cristiano y traficante de drogas. Es imposible ser cristiano y asesino a sueldo. Es imposible ser cristiano y mentiroso. Son totalmente contrarios en esencia y contenido.
A medida que meditamos se nos van abriendo los ojos para poder comprender. Y la Biblia nos muestra como siempre el camino. Hacer las cosas mal, incluso con buenas intensiones, es algo que es perfectamente posible. Puede suceder por varias razones, pero muy a menudo sucede cuando no comprendemos realmente la situación y la necesidad del medio donde estamos; cuando queremos lograr nuestras metas a cualquier costo y se nos olvida que no son las nuestras sino las de Dios.
Los ministerios los da el Señor con un propósito, pero en esencia, el propósito fundamental es edificar el cuerpo de Cristo, ya sea en cantidad, como en calidad. Por lo que debemos valorar correctamente en que estado se encuentra la labor que vamos a realizar y lo que realmente se puede hacer con lo que tenemos a mano. Puede parecer esto carnal, pero es así. La manera en que Dios transforma a las personas es por medio de su Palabra, cuando hay quebrantamiento con lo que Dios dice. Nosotros no podemos transformar a nadie; solo podemos mostrarles el camino, la forma, enseñarles, interceder en oración, pero la transformación la hará el Señor cuando ocurra el quebrantamiento y la disposición.
El Espíritu Santo, con la pluma del apóstol Pablo, nos guía.
- No dando a nadie ocasión de tropiezo. Hay muchas maneras en que podemos ser de tropiezo a las personas. En otro lugar (1 Co), el propio Pablo dice que, si la comida le es ocasión de caer al hermano, él estaba dispuesto a no comer carne jamás. Esto por lo general se puede lograr con honestidad e integridad.
- Con paciencia. No se puede acometer ninguna tarea del Señor si no se tiene paciencia, sobre todo cuando las tareas del Señor siempre están relacionadas con personas, con vidas, con almas que son muy importantes para el Señor. Siempre hace falta la paciencia para enfrentar lo que venga.
- Estar precisamente dispuesto a enfrentar lo que venga. Muchas fueron las dificultades de los apóstoles y Pablo las menciona como características que validan sus ministerios: tribulaciones, necesidades, angustias, azotes, cárceles, tumultos, trabajos, desvelos, ayunos y quien sabe cuántas cosas más. Con toda seguridad nuestros problemas nunca han llegado a tales extremos. Angustias, desvelos, necesidades, incomprensiones, seguro, pero no mucho más.
- Vivir y ministrar en pureza, con sabiduría y bondad. Estas palabras por si solas expresan con toda claridad su significado. No hay pureza en tus relaciones, muchos cuestionan tus decisiones, reaccionas como si los que te rodean y a quienes tenemos que ministrar fueran tus enemigos, con toda seguridad tenemos un gran problema por resolver y tenemos que hacer un alto en lo que estamos haciendo y revisarnos de arriba abajo.
- Poseer Longanimidad. La longanimidad dice el diccionario que es la relación entre la perseverancia y la constancia de ánimo frente a los obstáculos y a las adversidades. También habla de benignidad, clemencia, generosidad. Es evidente que un ministerio cristiano tiene que ser así en todos los sentidos. Perseverante, benévolo, generoso, perdonador, defensor del Evangelio, no de sí mismo. ¿Somos así?
- En amor sincero, en palabra de verdad, con armas de justicia. El amor sea sin fingimiento nos dice la Palabra. De nada vale decirle a una persona te amo, mil veces y los hechos no acompañan en nada a esa afirmación. Amor sincero es otra característica de cualquier ministerio. Todos son motivados por el profundo amor que Dios tiene para todos nosotros. Un ministerio no es un método de realización personal es una obra de servicio, de sacrificio, donde debe primar la verdad y la justicia que son también características que lo deben distinguir. El apóstol Pablo los menciona como componentes de la armadura de Dios que debe poseer todo discípulo, lo cual es otra manera de mostrar que tienen que ser parte indisoluble de lo que hacemos y somos.
- En el Espíritu Santo, y en el poder de Dios. No por dejarlo para el final, es menos importante. Todo ministerio tiene que tener el sello del Espíritu Santo. Los frutos del Espíritu tienen que notarse por obligación, pero hay más que eso, si leemos bien los puntos arriba y el propio pasaje bíblico, allí están los frutos del Espíritu. Pero aquí más bien nos referimos a la presencia palpable del Señor, a la demostración del Espíritu y a la manifestación del poder de Dios. Es realmente inconcebible, y esto es para meditar todos los días, que seamos representantes de Dios y estemos indefensos ante las situaciones que demanden el poder de Dios. Puede ser, por ejemplo, que no siempre que oramos por un enfermo, este se sane; pero con toda seguridad algunos sanarán y serán testimonio de la veracidad de lo que hablamos.
Cada uno de nosotros podemos examinarnos a nosotros mismos y a nuestros ministerios con la ayuda del Señor. Estamos a tiempo de corregir el rumbo. Que Dios te continúe bendiciendo.
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