
“…Y el que creyere en Él, no será avergonzado” (Ro 9. 33).
A uno de los sucesos que más teme los seres humanos es sin lugar a dudas a caer en una situación de vergüenza. Incluso para personas con increíbles fallas de carácter. Ellas son capaces de hacer cualquier cosa por detestable que sea siempre y cuando no salgan a la luz. Si se llegara a conocer públicamente sería para ellos un golpe terrible muy difícil de recuperar. Porque la credibilidad es sumamente importante en cualquier área de la vida. Imagina un vendedor. El producto que vende debe tener la calidad requerida porque de no ser así no le van a comprar; cuanto más si se descubriera y se hiciera notoria que ha estado abiertamente engañando a sus clientes con una mercancía en pésimas condiciones. Hay personas que no han podido resistir el golpe y han llegado incluso al suicidio. No tienen la fuerza para resistir las miradas de las personas sobre sus vidas, ni el coraje para rectificar el rumbo perdido. Mientras menos experiencia tiene la persona muchas más van a ser las situaciones que serán consideradas como vergonzantes. Se rompe un zapato en la calle y se queda descalzo. A una mujer se le corre el maquillaje. Por cualquier tontería muchos serán los que exclamarán: ¡Qué vergüenza! Los cristianos no escapan de este temor. Muchos han sido los intentos de los enemigos de la fe por ridiculizarlos a lo largo de la historia. Tratar por todos los medios de provocar en los creyentes una situación que les haga sentirse mal, sobre todo emocionalmente, y les haga aparecer a los ojos de los demás como derrotados. En determinados ambientes la lucha es particularmente dura. Los jóvenes en las escuelas por tan solo poner un ejemplo. Muchas son las burlas y las risas ocasionadas por la forma de vivir, vestir, o actuar de un cristiano. Que sí es estúpido porque no aprovecha las oportunidades para tener sexo, ganar dinero fácil o conseguir un puesto de trabajo. Hacen sentir a una pobre muchacha como un bicho raro porque su falda no es tan corta que cuando se sienta no se le puede ver “nada”.
Conocer al Señor es la clave, entenderle cada día más. Procurar por todos los medios justos, verdaderos y honestos una credibilidad bien alta, porque la credibilidad del cristiano se convierte de forma indirecta en la credibilidad de Cristo. No caer nunca en situaciones vergonzosas reales porque verdaderamente tienen un costo bien alto. Las acciones o decisiones que se tomen siempre tienen consecuencias.
Pero nunca, nunca, dudar en enfrentar el menosprecio de los demás por causa de Cristo, del Evangelio y de la buena salud de la iglesia, porque así, no es tal la deshonra. Solo es algo momentáneo de las circunstancias y los tiempos en que te ha tocado vivir. “…Y el que creyere en Él, no será avergonzado”. Si le crees y crees en su Palabra, puedes estar convencido a plenitud de que esta promesa es fiel y verdadera. Si estás de su lado. Si tus acciones y tus decisiones están revestidas de Cristo no serás avergonzado. Atrévete a creer, atrévete a confiar y ya verás.
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