Hablando de Pastores

En toda la Biblia la mención de la palabra pastor siempre está asociada con ese cuidado especial, cariñoso, consciente, que tanto necesita la indefensa ovejita. Quizás si la Escritura hubiese sido inspirada en estos tiempos la referencia hubiera sido otra. Una mucho más acorde con el pensamiento y la cultura de los oyentes de estos tiempos; pero no cabe duda que para los oidores originales la idea del pastor y las ovejas era algo tan claro, que no hay espacio alguno para no entender. El buen pastor su vida da por las ovejas. El asalariado huye, porque no son suyas las ovejas y no les importan. Cuando viene el lobo las deja a su merced y el lobo las arrebata y las dispersa.

El rey David tenía bien claro lo que significaba ser pastor y lo más importante, lo que significaba ser pastoreado por el Señor mismo. Una oveja adecuadamente pastoreada, no tiene necesidad de nada. Está bien alimentada. Está protegida. Se siente segura. Se encuentra bajo una cobertura de autoridad y cuidado muy especial. La presencia del pastor le brinda aliento y se acostumbran a seguirle porque cuando llegan a destino siempre sus necesidades son satisfechas, ya sea pastos delicados, agua fresca, o una reconfortante sombra que de alguna manera atenúe los duros efectos de las altas temperaturas.

Ese simbolismo es llevado a la iglesia, al rebaño del Señor. Un rebaño que al igual que el conformado por las verdaderas ovejas, necesitan del adecuado cuidado de sus pastores. Si los pastores desempeñan adecuadamente el rol para el cual han sido llamados es muy posible que la iglesia que pastorean vaya segura, transitando un camino de victorias. Un camino difícil, lleno de batallas, pero también de seguras victorias, porque las victorias del cristiano dependen de Cristo, del poder de Dios y no de los artificios humanos.

Aunque muy popular es sin dudas, en el mundo entero, el modelo del matrimonio pastoral, que constituyen en la vida diaria y en los reglamentos y constituciones de la mayoría de las denominaciones, la figura de máxima autoridad en la iglesia, en la práctica bíblica, no era así realmente. Cuando un apóstol fundaba una iglesia, permanecía por lo general un tiempo en ella enseñando y preparando, cuando se iba, siguiendo el propósito de Dios para el cual fue llamado, al frente de la iglesia no se quedaba un matrimonio pastoral. Ellos dejaban un grupo de ancianos u obispos al cuidado del rebaño, muy probablemente los mejor preparados, los que más frutos hubiesen mostrado. Un grupo que pudiese trabajar en equipo por el bien de la congregación local. Eventualmente podía venir un apóstol o un enviado suyo, con indiscutible autoridad de parte de Dios, para corregir algo que no estuviera funcionando bien, pero por lo general este cuerpo de ancianos se encargaba de velar por la iglesia. Con los años, se ha generalizado el modelo de un solo pastor, auxiliado en ocasiones por copastores o pastores asistentes. Aun así, los mejores resultados se ven en la práctica, cuando el equipo, pastor oficial, con credenciales, ordenado, y demás líderes de la iglesia, por lo general laicos, ya sea junta oficial, cuerpos oficiales, líderes de departamentos, o cualquier otra variante utilizada, pero pastores también, sin dudas, del rebaño y también llamados por Dios, trabajan como uno por el bien de la congregación.

La tarea del pastor cristiano es cuidar a las ovejas. Enseñarlas debidamente, servirles, sacrificarse por ellas. Nunca engrandecerse, maltratar al rebaño, o utilizarlo como puente para alcanzar metas personales. La tarea de los pastores en una congregación es enaltecer el nombre de Cristo, poner bien en alto el nombre de Cristo y nunca el suyo propio. La tarea del pastor cristiano es llevar cada día a la congregación mucho más cerca del Señor; enseñando su Palabra, brindando su ejemplo personal, entregándose cada día por el bien de los demás. No puede caer en las innumerables trampas que le serán puestas a lo largo del camino. Debe tener una comunión constante con el Señor pues solo Él le puede ministrar la paz y las herramientas que va a necesitar para poder mantenerse en la lucha. Es una tarea ingrata. Todos los ojos estarán siempre sobre su vida y conducta. La Biblia dice: “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe” (He 13. 7). Evidentemente el deseo del Señor es que los pastores sean ese ejemplo digno de imitar y es una exhortación primeramente a los propios pastores a que sus vidas sean un ejemplo, es una exhortación también a seguir los pasos de aquellos que fielmente les enseñaron la Palabra de Dios con toda dedicación y sacrificio, pero implícito está también evidentemente que el considerad, implica juzgar a la luz de la Palabra, hechos y enseñanzas e imitarlos si resultan aprobados, o rechazarlos si no lo son. Nadie en su sano juicio se le ocurriría imitar una vida que no glorifique a Jesús. Un comportamiento errático y sin respaldo bíblico de ningún tipo.

En ninguna manera este artículo persigue demeritar el trabajo de esos abnegados siervos de Dios que trabajan muy duro imitando a su Maestro. Ni tampoco una justificación para no obedecer debidamente y sujetarse adecuadamente a los líderes. Tan solo es un llamado de alerta, para mantener los ojos bien abiertos porque sin dudas la advertencia está hecha: “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.” (Hch 20. 29, 30). Cerrar los ojos a esta realidad es algo imperdonable porque la iglesia es del Señor y ha sido comprada a precio de sangre. Y siempre es el rebaño quien más sufre y padece. Los tiempos de calma son si se quiere más peligrosos que los de dificultades. Nadie se cuestiona la fidelidad de un líder que está dispuesto a ser echado al coliseo para ser devorado por las fieras, a sufrir cárcel, a ser quemado en la hoguera, por sus convicciones y por amor a quien ya lo dio todo por su vida y por la de sus hermanos. En cambio, en tiempos donde ser un líder significa estatus social, bienestar económico, comodidades, las tentaciones están al acecho. Alertas, con los ojos bien abiertos debemos estar.

Es un privilegio ser pastor del rebaño del Señor. Es un privilegio ser llamado por el Señor mismo para ayudarle a cuidar de ese cuerpo que Él compró con su sangre. Es una gran responsabilidad por la que sin dudas se habrá de responder en su momento. No se concibe un pastor enseñoreado del rebaño, tratándolo como si fuera su propio reino personal; tomando decisiones que únicamente procuran su propio beneficio y no el de la congregación que ha sido puesta en sus manos. Alertas debemos estar, con los ojos bien abiertos, atentos a la voz del Señor. Que abundante gracia y misericordia les cubra, tanto sus vidas como su ministerio.

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