1Corintios 1. 10-31

RV60-V10-31: Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice:  Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo?  ¿Fue crucificado Pablo por vosotros?  ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo, para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre. También bauticé a la familia de Estéfanas; de los demás, no sé si he bautizado a algún otro. Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo. Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio?  ¿Dónde está el escriba?  ¿Dónde está el disputador de este siglo?  ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito:  El que se gloría, gloríese en el Señor.

 

NVI-V10-31: Les suplico, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos vivan en armonía y que no haya divisiones entre ustedes, sino que se mantengan unidos en un mismo pensar y en un mismo propósito. Digo esto, hermanos míos, porque algunos de la familia de Cloé me han informado que hay rivalidades entre ustedes. Me refiero a que unos dicen:  “Yo sigo a Pablo”; otros afirman:  “Yo, a Apolos”; otros:  “Yo, a Cefas”; y otros:  “Yo, a Cristo.” ¡Cómo!  ¿Está dividido Cristo?  ¿Acaso Pablo fue crucificado por ustedes?  ¿O es que fueron bautizados en el nombre de Pablo? Gracias a Dios que no bauticé a ninguno de ustedes, excepto a Crispo y a Gayo, de modo que nadie puede decir que fue bautizado en mi nombre. Bueno, también bauticé a la familia de Estéfanas; fuera de éstos, no recuerdo haber bautizado a ningún otro. Pues Cristo no me envió a bautizar sino a predicar el evangelio, y eso sin discursos de sabiduría humana, para que la cruz de Cristo no perdiera su eficacia. Me explico:  El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios. Pues está escrito: “Destruiré la sabiduría de los sabios; frustraré la inteligencia de los inteligentes.” ¿Dónde está el sabio?  ¿Dónde el erudito?  ¿Dónde el filósofo de esta época?  ¿No ha convertido Dios en locura la sabiduría de este mundo? Ya que Dios, en su sabio designio, dispuso que el mundo no lo conociera mediante la sabiduría humana, tuvo a bien salvar, mediante la locura de la predicación, a los que creen. Los judíos piden señales milagrosas y los gentiles buscan sabiduría, mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado.  Este mensaje es motivo de tropiezo para los judíos, y es locura para los gentiles, pero para los que Dios ha llamado, lo mismo judíos que gentiles, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios. Pues la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana. Hermanos, consideren su propio llamamiento: No muchos de ustedes son sabios, según criterios meramente humanos; ni son muchos los poderosos ni muchos los de noble cuna. Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es, a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse. Pero gracias a él ustedes están unidos a Cristo Jesús, a quien Dios ha hecho nuestra sabiduría –es decir, nuestra justificación, santificación y redención– para que, como está escrito: “El que se quiera enorgullecer, que se enorgullezca en el Señor.”

LBLA-V10-31: Os ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos os pongáis de acuerdo, y que no haya divisiones entre vosotros, sino que estéis enteramente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay contiendas entre vosotros. Me refiero a que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo, yo de Apolos, yo de Cefas, yo de Cristo. ¿Está dividido Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? Doy gracias a Dios que no bauticé a ninguno de vosotros, excepto a Crispo y a Gayo, para que nadie diga que fuisteis bautizados en mi nombre. También bauticé a los de la casa de Estéfanas; por lo demás, no sé si bauticé a algún otro. Pues Cristo no me envió a bautizar, sino a predicar el evangelio, no con palabras elocuentes, para que no se haga vana la cruz de Cristo. Porque la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para nosotros los salvos es poder de Dios. Porque está escrito: DESTRUIRE LA SABIDURIA DE LOS SABIOS, Y EL ENTENDIMIENTO DE LOS INTELIGENTES DESECHARE. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Dónde el polemista de este siglo? ¿No ha hecho Dios que la sabiduría de este mundo sea necedad? Porque ya que en la sabiduría de Dios el mundo no conoció a Dios por medio de su propia sabiduría, agradó a Dios, mediante la necedad de la predicación, salvar a los que creen. pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, piedra de tropiezo para los judíos, y necedad para los gentiles; mas para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad de Dios es más sabia que los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres. Pues considerad, hermanos, vuestro llamamiento; no hubo muchos sabios conforme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte; y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para anular lo que es; para que nadie se jacte delante de Dios. Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención, para que, tal como está escrito: EL QUE SE GLORIA, QUE SE GLORIE EN EL SEÑOR.

DHH V10-31: Hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo les ruego que todos estén siempre de acuerdo y que no haya divisiones entre ustedes. Vivan en armonía, pensando y sintiendo de la misma manera. Digo esto, hermanos míos, porque he sabido por los de la familia de Cloe que hay discordias entre ustedes. Quiero decir, que algunos de ustedes afirman: “Yo soy de Pablo”; otros: “Yo soy de Apolo”; otros: “Yo soy de Cefas”; y otros: “Yo soy de Cristo.” ¿Acaso Cristo está dividido? ¿Fue crucificado Pablo en favor de ustedes? ¿O fueron ustedes bautizados en el nombre de Pablo? ¡Gracias a Dios que yo no bauticé a ninguno de ustedes, aparte de Crispo y de Gayo! Así nadie puede decir que fue bautizado en mi nombre. También bauticé a la familia de Estéfanas, pero no recuerdo haber bautizado a ningún otro, pues Cristo no me mandó a bautizar, sino a anunciar el evangelio, y no con alardes de sabiduría y retórica, para no quitarle valor a la muerte de Cristo en la cruz. El mensaje de la muerte de Cristo en la cruz parece una tontería a los que van a la perdición; pero este mensaje es poder de Dios para los que vamos a la salvación. Como dice la Escritura: “Haré que los sabios pierdan su sabiduría y que desaparezca la inteligencia de los inteligentes.” ¿En qué pararon el sabio, y el maestro, y el que sabe discutir sobre cosas de este mundo? ¡Dios ha convertido en tontería la sabiduría de este mundo! Puesto que el mundo no usó su sabiduría para reconocer a Dios donde él ha mostrado su sabiduría, dispuso Dios en su bondad salvar por medio de su mensaje a los que tienen fe, aunque este mensaje parezca una tontería. Los judíos quieren ver señales milagrosas, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros anunciamos a un Mesías crucificado. Esto les resulta ofensivo a los judíos, y a los no judíos les parece una tontería; pero para los que Dios ha llamado, sean judíos o griegos, este Mesías es el poder y la sabiduría de Dios. Pues lo que en Dios puede parecer una tontería, es mucho más sabio que toda sabiduría humana; y lo que en Dios puede parecer debilidad, es más fuerte que toda fuerza humana. Hermanos, deben darse cuenta de que Dios los ha llamado a pesar de que pocos de ustedes son sabios según los criterios humanos, y pocos de ustedes son gente con autoridad o pertenecientes a familias importantes. Y es que, para avergonzar a los sabios, Dios ha escogido a los que el mundo tiene por tontos; y para avergonzar a los fuertes, ha escogido a los que el mundo tiene por débiles. Dios ha escogido a la gente despreciada y sin importancia de este mundo, es decir, a los que no son nada, para anular a los que son algo. Así nadie podrá presumir delante de Dios. Pero Dios mismo los ha unido a ustedes con Cristo Jesús, y ha hecho también que Cristo sea nuestra sabiduría, nuestra justicia, nuestra santificación y nuestra liberación. De esta manera, como dice la Escritura: “Si alguno quiere enorgullecerse, que se enorgullezca del Señor.”

 

En este pasaje comienza ya Pablo a tratar los asuntos que motivaron la carta. Le habían informado al apóstol (los de Cloé), que había contiendas entre los corintios. Estaban dividiéndose con respecto a la preferencia en relación con los hombres que de alguna manera les habían ministrado. Algunos aparentemente mejor enfocados decían correctamente: Yo soy de Cristo. Y estaban en lo cierto, pero de la misma manera que los otros se mantenían en una posición contenciosa y separatista. La reprensión era para todos, porque todos y cada uno de ellos debían buscar la manera de llegar a la armonía necesaria entre los miembros de un cuerpo y no contender entre ellos y no fraccionar algo que es imposible que esté dividido: El cuerpo de Cristo.

Aquí se puede ver algo muy interesante y es como maneja el apóstol la información que recibe sobre lo que está sucediendo en Corinto. Es fundamental como el liderazgo maneja la información de los asuntos de la iglesia. Pablo, al grano, sin reservas de ningún tipo les dice: He sido informado por los de Cloé. Pudiera haber ocultado este hecho y dejar el origen de la información en el misterio, pero no, el prefirió la verdad. El liderazgo cristiano no es una agencia de espionaje, ni tiene por qué dar la falsa idea cuando no ha sido así, de que se ha recibido algo por revelación divina, ni dejar los cabos sueltos para que el enemigo de nuestras almas intrigue abiertamente sembrando la duda y la desconfianza entre los hermanos. Los cristianos no son chismosos, ni hablan a las espaldas de sus hermanos. Si alguno fuere sorprendido en alguna falta, la voluntad de Dios es que con mansedumbre sea restaurada esa persona, teniendo en consideración que cualquiera puede ser tentado de la misma manera y eventualmente caer en la misma falta o una semejante. Recordemos que el Señor nos ha prohibido expresamente el simple hecho de enojarnos contra nuestros hermanos; cuanto más llamarle necio, o fatuo, o cualquier otra frase semejante o mucho menos publicar su falta a los cuatro vientos, deshonrándole así, debilitando su testimonio. Evidentemente hay momentos en que es necesario acudir a la autoridad superior. No se sabe si los de Cloé trataron de mostrarle a los corintios su error, ni siquiera si ellos mismos eran corintios, pero el motivo de acudir a Pablo con la información, es un motivo legítimo y de ahí que el apóstol los mencione directamente y ellos con toda certeza no tenían ningún problema en que el apóstol Pablo los mencionara. Es como si le hubieran dicho: Puede decir que fuimos nosotros, lo hicimos por amor y lo volveríamos a hacer otra vez porque esa actitud está dañando a la iglesia. Si ellos le hubieran mostrado a Pablo inseguridad en ese sentido, o le hubieran pedido mantenerlos en el anonimato el apóstol no les hubiera tenido en cuenta sin dudas y ellos hubiesen sido los reprendidos. ¿Cuántas situaciones desagradables pudieran evitarse en las congregaciones locales si se aplicaran los principios bíblicos? Los de Cloé advirtieron a Pablo de lo que estaba sucediendo en Corinto y se hicieron plenamente responsables de la información y estaban dispuestos a dar la cara, por lo que habían dicho. Ningún líder debe aceptarle a nadie que le hable mal de otro u otros hermanos, sea quien sea, a no ser que este hermano esté dispuesto a sostener lo que está diciendo en cualquier lugar, y el objetivo no sea contender.

Los corintios estaban contendiendo entre ellos y el apóstol los regaña. ¿Acaso está dividido Cristo? Por supuesto que Cristo no está dividido. Lo que estaba sucediendo en Corinto no es más que una muestra de la inmadurez de una iglesia que está naciendo y que con la debida y sabia enseñanza, más la justa corrección, y la ministración del Espíritu Santo, debía ir dejando atrás todas estas tonterías que en definitiva provienen de la carne, como más adelante la propia epístola confirma.

Pablo, trata de mostrarles que tanto ellos como nosotros somos miembros del cuerpo de Cristo, que hemos sido bautizados en el nombre de Cristo y no en el de ningún otro ministro. Fue Cristo quien murió por nosotros y no nadie más. La misión suya en el mundo era anunciar el evangelio. No con sabiduría de palabras, mediante la cual nadie puede recibir la verdad, porque el hombre no puede convencer a nadie de su situación, esa es una obra que concierne al Señor. Ni por muy inteligente y sabia que sea la persona, está capacitada para responder satisfactoriamente al mensaje. El mecanismo que Dios ha establecido es la predicación del evangelio. Una locura a los que se pierden, pero poder de Dios para los que se salvan.

Ciertamente el mensaje del evangelio es aparentemente absurdo, tropezadero para judíos y locura para los gentiles. En una época dura y cruel, donde las personas festejaban en el circo el espectáculo de la muerte atroz de otros seres humanos ya fuera por la espada o por las fieras, la idea de un Señor crucificado no resultaba atrayente para nadie. De hecho, la consideraban una locura. En cambio, los judíos, con una orgullosa historia nacional de milagros increíbles y respaldo divino en sus épocas de esplendor, esperaban a un Mesías poderoso, triunfante, que llevara a la nación a la gloria nunca vista, ni siquiera en los tiempos de David y Salomón. El Mesías crucificado se volvía para ellos realmente tropezadero. Pero para los llamados, de cualquier nación del mundo, convencidos por el Espíritu Santo de su condición, arrepentidos y constituidos ya en parte de la familia de Dios: Cristo poder de Dios,  y sabiduría de Dios. El hombre natural no puede entender estas cosas, pero es evidente que Dios es mucho más sabio que los hombres. Al Dios todopoderoso le ha placido escoger a lo débil del mundo, a lo menospreciado, a lo vil, para avergonzar a lo fuerte. Somos menos que nada. Nuestra fuerza es nada ante el Señor. Nuestra inteligencia es nada ante el Señor. Nuestra sabiduría es nada ante el Señor. Todo lo que tenemos y somos se lo debemos al Señor. Hay un pasaje en el libro de Jeremías capítulo 9 que expresa esta verdad de una forma preciosa: No se alabe el sabio en su sabiduría,  ni en su valentía se alabe el valiente,  ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová. No vale la pena realmente enorgullecerse por cosa alguna que no sea nuestro Señor y Salvador.

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