“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Ef 5. 15-17).
Hace años, siguiendo la tradición y los métodos de nuestro país, siendo estudiantes de la enseñanza media superior, nos llevaron por un mes a las montañas del Escambray para recoger café. El panorama era muy diferente de lo que habíamos visto el año anterior (era la segunda vez que íbamos). Acababa de pasar un ciclón que había derribado infinidad de árboles y diezmado severamente las plantaciones del aromático grano. Comenzamos a cosechar en los campos que nos asignaron. Las condiciones eran bien difíciles, pero no impidieron que en los primeros días se recogiera bastante café. Con el tiempo se acabaron las mejores plantaciones y ya no había de donde sacar. Entonces, a los dirigentes de la escuela se le dio la opción de recoger los granos del suelo. Menos calidad, menos precio, pero algo, en definitiva. Bien temprano, oscuro todavía, el jefe de producción del campamento explicó la nueva tarea. Cada estudiante debía salir en la dirección que quisiera y acopiar nunca menos de cinco cestas de café. Una vez terminada la labor pues podría hacer durante el resto del día lo que mejor le pareciera. Esa idea de libertad le encantó a todo el mundo, pero no pasó mucho hasta que se hizo evidente que la encomienda era prácticamente imposible de realizar. Como resultado, cada cual dejó de ocuparse de algo a lo que a ninguno le interesaba realmente. Al terminar la jornada productiva, muy poco café se había recolectado. Económicamente aquello era un fracaso. El jefe de producción reaccionó con severidad. Amenazas para el presente y el futuro. No surtió efecto. La producción aumentó un poquito más, pero desastrosa desde todo punto de vista. No alcanzaba ni para pagarnos el desayuno. Este hombre se marcha a su casa y deja las funciones en manos de otro profesor. Éste, más cercano a los estudiantes, más aterrizado, les habló suavemente y cambió la norma. Vayan al campo y cada uno de ustedes traiga cuatro laticas de leche condensada, cuando hagan esto son libres para hacer lo que quieran. Todos salimos muy embullados con la nueva y ridícula tarea. En menos de media hora ya todo el mundo había regresado con la misión cumplida. Resultado: La recolección se duplicó en comparación con los días anteriores. Se demostraba que realmente no se estaba trabajando.
¿Y esto que tiene ver con la carta de Pablo a los Efesios y con la cita dada más arriba? El sabio profesor se había dado cuenta de algo muy importante. La meta que tenían los estudiantes era irrealizable y la cambió por una perfectamente lograble. Todos cooperamos y el resultado colectivo fue indudablemente mejor.
Uno de los problemas que más afecta la vida en el siglo en que hoy vivimos es el manejo del tiempo. Las metas que muchas veces tenemos son igualmente irrealizables. Como resultado, ni aprovechamos el tiempo, ni alcanzamos las metas.
Imagina lo siguiente: Un cristiano, deseoso de servir al Señor, uno que anhela fervientemente hacer la voluntad de su Padre, uno que quiere conocer a Dios cada día más. Este cristiano, trabaja, tiene obligaciones laborales que cumplir y necesidades que satisfacer, como todo el mundo. Una familia de la cual ocuparse. Entiéndase que aquí estamos hablando del cristiano promedio de nuestras iglesias, no de ese que tiene un megaministerio, que de hecho se ha convertido en su fuente de ingresos personales, ni siquiera de los ministerios que no son tan grandes, pero si perfectamente solventes para vivir sin tener un trabajo secular. Estamos hablando de los cristianos comunes y corrientes que son en definitiva las columnas vertebrales de las congregaciones. Este cristiano comienza una vida activa dentro de la iglesia. Tímidamente inicia su servicio en la dirección a donde se siente llamado: El trabajo con los niños por poner un ejemplo. Si fuéramos realmente prácticos y siguiéramos la guía del Señor nos daríamos cuenta de que ese ministerio, tan necesitado, tan importante y muchas veces menospreciado, necesita no de este cristiano, sino de muchos más dispuestos a darlo todo, con todo el tiempo de que puedan disponer. ¿Qué sucede entonces? Este cristiano que muestra ser responsable en su servicio y lo hace bien se vuelve la persona indicadapara ser uno de los líderes de jóvenes, se vuelve la persona indicadapara sermaestro de adolescentes en la escuela dominical, se vuelve la persona indicadapara ser líder de una célula de jóvenes, se vuelve la persona indicadapara discipular a nuevos convertidos, por su responsabilidad es escogido para participar en las obras de teatro de las fechas especiales. Es necesario preparar una comida, allí está el joven ayudando. Es necesario un tesorero para la iglesia, este joven es la persona indicada. Después lo convertimos en un superhéroe, que es pieza clave de muchos ministerios. Luego este joven tendrá muchas reuniones necesarias para rendir informes o recibir indicaciones sobre su trabajo. Luego tendrá otras reuniones con los líderes de los ministerios para poner a punto el trabajo, intercambiar ideas etc etc. ¿Cómo de efectivo crees que será el trabajo que está haciendo este joven con los niños que empezó a trabajar? Estamos seguros de que coincidimos en la respuesta.
Debemos meditar seriamente en este asunto. Quizás muchas veces debemos decir que NO a muchas ofertas que se nos hacen y decir que Sí a lo que el Señor nos mandó a hacer. Las metas, lo que sea que estemos haciendo debe ser algo lograble objetivamente en tiempo y espacio. Ambiciosas en el sentido de que nuestro Dios puede hacer posible lo imposible, pero realistas en el sentido de que los días solo tienen 24 horas y nosotros, los instrumentos del Señor, solo podemos estar en un solo lugar al mismo tiempo. Cuando vamos a comprar un artículo en una tienda no nos lo venden si no tenemos el dinero completo, aunque yo pueda creer que lo tengo o decir que lo tengo. Si cuando abro la billetera no me alcanza no puedo comprar el artículo. Por desgracia no sucede lo mismo en el caso de nuestras participaciones en ministerios y en trabajos. Nuestro nombre puede aparecer muchas veces, quizás podamos incluso mostrar resultados parciales. ¿Pero serían estos los que realmente hacen falta?
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