“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1Jn 2. 15-17).
A veces los jóvenes que nacen en el evangelio llegan a estar mucho más confundidos en este sentido. Sin Cristo en tu vida estabas condenado. Eras un muerto viviente. Sin Cristo eres un muerto viviente. Sin esperanza, sin propósito, solo, desamparado. Vivías en el pecado, ofendiendo a Dios todos los días de muchas maneras diferentes. En total oscuridad. Destituido por completo de la gloria de Dios, sin posibilidad alguna de presentarte delante de Él. Mereciendo la muerte. No te dejes engañar. Si no has recibido a Cristo en tu corazón, si no has dejado que Él venga a reinar en tu vida, lo que te mereces es la muerte. Conocer a Cristo lo cambia todo. Siendo en forma de Dios, no estimo el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, se despojó de todo, se humilló hasta lo sumo y en la condición de hombre sufrió la más atroz de las muertes. Eras tú quien se merecía morir así. Era yo quien tenía que estar en esa cruz. Pero Él ocupó mi lugar para salvarme. El castigo que yo me merezco Él lo pagó. Eso no se puede explicar con palabras. El hombre ama por lo general a quien debe por naturaleza, a su familia, a sus hijos. Aprecia a los que son buenos con Él, pero ya no al vecino tedioso que le echa la basura para el patio a través de la cerca. No al jefe insoportable que lo único que piensa es en resolver sus problemas y te pone el pie arriba sin importarle para nada los tuyos. No ama al violador, al asesino, al ladrón. Déjame decirte que, en esta historia, el asesino, el ladrón, el violador, somos tú y yo. Siendo nosotros pecadores, Cristo murió por nosotros. Una madre está dispuesta a dar su vida por su hijo, sin dudarlo, pero no lo hará por el hijo de la vecina que está en prisión condenado por un robo con fuerza. Cuando somos convencidos por esta verdad, cuando somos ministrados por esta verdad. Cuando el Señor nos toca el corazón y le dejamos espacio, comienzan los cambios en nuestra vida. Hay quebrantamiento, hay lágrimas, hay agradecimiento, porque entiendes que no mereces lo que Él ha hecho por ti y que, si automáticamente cambiaras todo lo malo de tu vida y empezaras a servirle con toda tu alma, con todo tu corazón, con todas tus fuerzas y lo hicieras durante toda tu vida, no le podrías pagar lo que ha hecho por ti. Tampoco Él busca que le pagues, lo ha hecho gratis, porque te ama.
Hay una revista que se llama Time, que todos los años publica un listado de las personas más influyentes del mundo. Es muy curioso cuando se observan estas listas y las personas que aparecen en ellas, con una real influencia en el mundo y en la práctica son los que les dicen a las personas como deben ser las cosas. Como deben vestir, como deben comportarse, como deben trabajar, cuales son los estándares para ser considerado atractivo o no. Muchos han repetido cosa, que no es nada fácil. Políticos, artistas, hasta terroristas confesos. Dentro de los íconos de la juventud destacan Lady Gaga, Britney Spears, DaddyYankee, Beyoncé,Justin Bieber, Rihanna, Katy Perry, Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, etc. Cuando vemos esto a la luz de la Palabra. Ninguna de estas personas tiene realmente lo necesario para ser seguido o imitado. Ellos son el mundo. Ellos confunden a los jóvenes. Brillan con una luz falsa. Cuando se analizan a fondo vemos las drogas, la homosexualidad, la vida disipada. Ellos están tan necesitados de Cristo como el que más. Algunos se autodenominan cristianos. Los jóvenes se confunden y muchas veces no entienden lo que es bueno de lo que es malo. Lo que es correcto y lo que no. Y si a eso se le añade que es una etapa donde creen tener la razón. Lo sabemos todo y los demás están equivocados. Si fulana usa tal cosa o se viste así. Allá voy yo. Si Cristiano Ronaldo se pone tal o más cual calzoncillo. Si Messi se hace un tatuaje. Allá voy yo más atrás. Estos dos solo pueden decirte como jugar al futbol. Esa debería ser su única influencia. Para nada en cómo te vistes, como son tus relaciones, lo que haces con tu vida.
El mundo está entrando peligrosamente dentro de la iglesia porque muchas veces nos parece que tal o más cual cosa no está mal. Todo el mundo lo hace. Y sí es importante como vives, como te vistes, el testimonio que das, la imagen que reflejas. No debe ser Lady Gaga, debe ser Cristo. No debe ser Ronaldo, debe ser Cristo. El modelo a seguir se llama Jesús de Nazaret.
Para poder entender esto es necesario conocer al Señor. No solamente por un conocimiento literal. Así no lo entiendes. Así no lo entiendo. Intelectualmente yo puedo interpretar cualquier cosa. Irme a los extremos. Querer que la gente sea como yo entiendo que deberían ser con un látigo en la mano. O el otro donde todo está bien, somos libres en Cristo. Medita en esto: Si lo que crees te lleva a ser un robot. No estás bien. Si lo que crees te lleva cada vez a hacer menos por el Señor y te sientes cómodo en casa porque eres salvo y tienes abundante gracia sobre ti. No estás bien. Lo ideal es que conozcas al Señor y te dejes guiar por Él. Que cuando te estés creyendo cosas. Mira que yo soy importante. Sin mí nada de esto se hubiera podido hacer. Puedas escuchar al Espíritu Santo que te dice: considera a los demás como superiores a ti. Obedece a tus líderes. Sé humilde. Cuando estés frente al espejo preparándote para salir a la calle, no a la iglesia sino a cualquier lugar, escuches la voz del Espíritu Santo que te dice. Esa blusa está muy escotada o esa saya está muy corta. No le seas de tropiezo a nadie. El término libres en Cristo está muy mal usado la mayoría de las veces. Somos libres del pecado, si conocemos a Cristo y él reina en nosotros. Pero somos esclavos de aquel que nos compró con el precio de su sangre. Contrario a lo que muchos piensan el listón en Cristo está mucho más alto que con la ley. Ejemplo de ello: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego”.También: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”.Ó: “Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede”. Ó: Ojo por ojo y diente por diente. Ó: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. No, tienes que amar a tus enemigos dice el Señor. Él entiende perfectamente que esto es imposible por la ley, es imposible porque te lo propongas en tu corazón, es imposible porque alguien te mande a hacerlo y te lo exija. Pero ahora, es posible porque el velo del templo se rasgó de arriba abajo y tenemos derecho y posibilidad real de tener comunión con Dios y ser ministrados por Él, ser santificados, ser transformados. Ser tocados de una manera poderosa por el Señor. Por la vida de Cristo en la nuestra, por el poder del evangelio, por la obra del Espíritu Santo. “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”.Es el Espíritu Santo el que nos guía a toda la verdad. Y está disponible para ti y para mí hoy. Escucha su voz. Escucha lo que el Espíritu dice a las iglesias.
No nos podemos ir del mundo, pero si podemos ser diferentes.
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