Siguiendo las huellas del Espíritu Santo

Jesús es el protagonista de la Biblia. Es el personaje central de la historia de la humanidad. Su personalidad; sus hechos; sus enseñanzas; su vida misma. Su obra expiatoria. No hay comparación posible. Fue un hombre sin igual que vivió entre nosotros. Dios mismo hecho carne, para salvarnos y restaurar la relación perdida.

Hay otra persona que siempre ha estado trabajando por el bien de la humanidad. Es mucho menos conocida porque precisamente siempre está obrando para los demás, con un perfil mucho más bajo. Hoy mismo busca glorificar la obra y la persona de Jesucristo. Pero sin dudas con un ministerio glorioso, importante e imprescindible. Queremos muy brevemente hacer un recorrido por las Escrituras siguiendo su obra entre nosotros.

En el primer hombre que la Biblia dice literalmente que está el Espíritu de Dios es en José (Gen 41.38). Cuantas adversidades tuvo que pasar este hombre y permaneció firme, fiel. Solo con el Espíritu puede un hombre o una mujer perseverar en la fe, esta es una de las características que distinguen a los hombres llenos del Espíritu: La perseverancia. Si no está el Espíritu se tira la toalla a la primera escaramuza. A la primera vez que no me miren como yo quiero, que no se haga lo que yo quiero, ahí mismo me aparto, dejo de aportar. Cuantas cosas injustas le pasaron a José y Dios le levantó, le usó y él permaneció fiel. En él estaba el Espíritu. Besaleel (Ex 31. 3) Este es un caso interesante. No es de esos líderes tal y como estamos acostumbrados a ver o imaginar. Este era un artista. Este tenía a su cargo la construcción del tabernáculo, preparado para trabajar el oro la plata el bronce, la madera, la piedra. Era un artista pero evidentemente también líder, con personas a su cargo. El dirigía todo este proceso pero muchas manos trabajaban de muchas maneras. Seguramente usted ha escuchado decir que al que Dios llama, Dios capacita. Estaríamos tentados a decir: Espíritu Santo: Esas son cosas espirituales de la fe, guerra espiritual, todo eso. Es verdad, pero también en las cosas bien prácticas, que llevan destreza de manos, ejecución del intelecto, también el Espíritu de Dios tiene preponderancia y le necesitamos. Voy a levantar una pared, voy a hacer una instalación eléctrica, voy a pintar el templo. El Señor tiene que estar ahí si quieres que salgan bien las cosas. Otro ejemplo: Moisés, y los 70 ancianos (Num 11. 17 – 29), Este pasaje narra como El Señor pone su Espíritu sobre los 70 ancianos de Israel para que ayuden a Moisés a llevar la carga del pueblo. Una vez más se pone de manifiesto que para encomiendas en la viña del Señor hace falta el Espíritu del Señor. Aquí se da un hecho muy importante para poder comprender muchas cosas. Cuando el Espíritu se posó sobre estos hombres ellos comenzaron a profetizar. Josué, un jovencito cuando aquello se espantó y le dijo a Moisés: Impídelos señor y Moisés da una respuesta espectacular: ¿Tienes celos por mí? Ojalá todo el pueblo fuera profeta y que Jehová pusiera su Espíritu sobre ellos. Eso solo lo puede decir un hombre lleno del Espíritu Santo. No se siente amenazado, no teme a la competencia. NO puede haber competencia entre soldados del mismo ejército, si la hay es porque no está reinando debidamente el Señor. Si tú y yo tenemos el mismo Espíritu, si tú y yo estamos en el mismo bando. Si tú Señor y el mío son el mismo. Sobran las palabras. Josué, (Dt 34.9) el gran conquistador de la tierra prometida. Moisés impuso manos sobre él y fue investido de lo alto para la dura comisión que se le encomendaba. Y la escritura dice una y otra vez: El Espíritu de Jehová vino sobre Otoniel (Jue 3. 10), hermano menor de Caleb y salió a pelear y venció al rey de Siria. El Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón (Jue 6. 34) y los abiezeritas se juntaron en pos de él. Dios les dio la victoria. De ser un pusilánime que escondía la comida para que no se la llevaran sus enemigos se convirtió en un caudillo, juez de Israel por 40 años. El Espíritu de Jehová vino sobre Jefté y Dios le dio la victoria sobre los hijos de Amón. ¿Cuántos hechos prodigiosos hizo Sansón? (Jue 13. 25) Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón y despedazó al león como quien despedaza a un cabrito (Jue 14. 6). Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón y mató a 30 filisteos en venganza por la trampa que le habían hecho (Jue 14. 19). Y el Espíritu de Jehová vino sobre Sansón y las cuerdas con que le ataban saltaron como si fuera lino quemado (Jue 15. 14). Tomó la quijada de un asno y mató con ella a 1000 filisteos. Saúl cuando todavía no era rey de Israel el profeta Samuel le profetizó que el Espíritu vendría sobre él y sería mudado en otro hombre. Después que eso sucediera que podía hacer lo que le viniera a la mano porque Dios estaba con él (1S 10. 6). Y así fue mientras obedeció. David fue ungido por el profeta y el Espíritu vino sobre él y usted sabe muy bien el amplio historial de David. Los profetas Elías y Eliseo. ¡Cuántos milagros! Todos los autores bíblicos, inspirados por el Espíritu para que hoy podamos tener nosotros las Escrituras con todas las verdades necesarias para que nuestras vidas vayan de bendición en bendición y de victoria en victoria.

Es innegable su decisiva participación en todo lo trascendente, poderoso, maravilloso y necesario en la historia. El ministerio del Espíritu está presente en el nacimiento de Juan el bautista y del Señor Jesús. Juan lleno del Espíritu desde el vientre de su madre. María le pregunta al ángel como sería posible que concibiera si ella no había conocido varón, el ángel le contesta: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. El Espíritu estuvo en el bautismo de Jesús, le llevó al desierto para que fuera tentado por el diablo. Cuando comenzó su ministerio público Jesús pronunció las palabras proféticas de Isaías ya cumplidas en Él. Reconoció: El Espíritu del Señor está sobre mí, me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres, para sanar a los quebrantados de corazón a pregonar libertad a los cautivos, vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos.

Hasta aquí hemos visto una presencia y un ministerio glorioso pero realmente muy limitado con respecto a la cantidad de personas. Cuando las mencionamos puede que nos parezcan varias pero son personas que vivieron en épocas bien distintas, cientos de años de diferencia y cuando se tiene la convicción de varias al mismo tiempo como en el caso de Moisés y de los 70 ancianos, estamos hablando de unas pocas personas en representación de toda una nación. Hasta el momento de este pasaje era un privilegio especial de solo unos pocos. Pero hoy es diferente. Está disponible para todo su pueblo, para todo el que lo pida.

Desde este día de Pentecostés en el siglo primero ya este regalo no es privilegio de tan solo unos pocos. La Palabra lo dice: Para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Es para ti, es para mí.

Muchos en el mundo no creen esto. Creen que la experiencia solo queda en el momento de la conversión. Se recibe el Espíritu y ya. No es así en la Escritura. Los apóstoles recibieron el Espíritu. Jesús sopló y les dijo: recibid al Espíritu Santo. Todavía no había ido al cielo. Al marcharse al cielol les manda que no se fueran de Jerusalén hasta que no fueran bautizados, hasta que no recibieran la promesa del Padre. Recibirían poder y podrían ser testigos del Señor hasta lo último de la tierra. Quienes no creen se privan de experimentar el poder de Dios. Si de algo podemos estar seguros que la iglesia adolece hoy, es de la investidura del Poder de Dios. Cada vez se extiende más un carácter humanista de buenas obras, que no es malo, es bueno siempre y cuando sea guiado por el Espíritu de Dios y glorifique a Jesús. Usted se sienta en Internet y ve ministerios que necesitan recaudar fondos a toda costa. Sin fondos, sin dinero, sin ofrendadores generosos se vendrían abajo inexorablemente. Pablo y Bernabé salieron de Antioquia predicando el evangelio encomendados al Señor. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. Nada dice de fondos, ni de economía. Pero en el poder del Espíritu llevaron el evangelio y fundaron iglesias por donde quiera que pasaron.

Todo lo que hemos escrito aquí es para mostrarte que es imposible llevar una vida cristiana victoriosa sin el poder del Espíritu Santo, sin el revestimiento de poder que viene de Dios mismo. Una obra humana la puede hacer cualquiera. Los criadores de palomas tienen una organización, su economía y sus mecanismos propios y no parecen que vayan a desaparecer. Y así muchos otros clubes y asociaciones, logias. En la iglesia sucede lo mismo. Hay muchas personas que simpatizan con el evangelio, les gusta, se sienten bien, pero esto es guerra. Has memoria y te vas a dar cuenta de cuantos han abandonado la carrera en el camino. Llegó la prueba, que puede venir de cualquier manera. Problemas familiares, económicos, enfermedad, presiones laborales, etc. Dejamos al Señor. ¿Por qué? Comienzo un liderazgo, tengo muchas ideas, iniciativas, pero tropiezo con los problemas. Hermanos que no me aceptan, rechazan mis ideas, no me ayudan. Renuncio. Renuncio cuando debo pelear por ellos, luchar por ellos, orar por ellos. El asunto es que tengo deudas en mi relación con Dios, o no tengo al Espíritu. No tengo ese revestimiento necesario para sufrir el agravio y seguir adelante. Haciendo las cosas bien, peleando con las armas de Dios.

El libro de Los Hechos de Los Apóstoles nos muestra a una iglesia dejándose guiar por el Espíritu.

El Señor se complace en bendecirnos. Hasta que sobreabunde. Tú y yo debemos dejar un espacio para lo sobrenatural, para que el Señor nos bendiga, nos ministre. No dejes que la razón y la lógica te roben lo poderoso que Dios quiere hacer en ti.

Que el Señor te continúe bendiciendo.

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.