“Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” (Dn 12. 3).
El mundo suele mirar hacia atrás, hacia el pasado. Las cosas que hicimos, los logros que hemos tenido, los lugares donde hemos estado, las vidas a las que le hemos predicado. Dice el apóstol Pablo: “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. El mundo mira hacia atrás, se conforma, se vanagloria de sus éxitos. En el Señor no es así. El hombre que recorrió Europa en las duras condiciones del siglo primero llevando la Palabra del Señor dice: todavía me falta, me olvido de lo que dejé atrás, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Si ese es Pablo, de que manera podemos nosotros pensar que ya estamos completos, que no necesitamos más, que nadie puede aportarnos nada más, que nos podemos privar de recibir la Palabra que Dios tiene para nuestra congregación. No podemos conformarnos. Dios no da el Espíritu por medida. No hay límites en las cosas que Dios puede hacer y te quiere usar a ti para eso. No es muy difícil de saber. No es difícil de juzgar si estamos o no en el camino correcto. Podríamos hacernos varias preguntas y en dependencia de las respuestas llegar a una conclusión. ¿Amamos a Dios con toda nuestra mente, con todo nuestro ser? Cuando amamos a alguien queremos pasar tiempo, todo el que podamos con la persona amada. Conocerle, entenderle, ayudarle. ¿Estamos apasionados con lo que a Dios le apasiona? ¿Estamos deseosos de adorarle como Él se merece? ¿Cuánto estamos haciendo, cuanto nos interesan las vidas que se están perdiendo y qué vamos a hacer al respecto? ¿Somos capaces de seguir la visión de nuestros líderes aunque no las entendamos de momento? O solo tenemos justificaciones. No puedo. Estoy muy ocupado. Después. Más adelante.
Hay un proceso para llegar a ser entendidos como dice Daniel en su capítulo 12. Otras versiones utilizan la palabra sabios o maestros, o doctos, que en definitiva son sinónimos de ella. No es tan fácil, ni se logra de un día para otro. Es un proceso, que comienza con tu deseo, con tu inconformidad, con tu no aceptación a como están las cosas ahora. Si yo tenemos un Dios grande, podemos esperar cosas grandes. ¿Por qué me voy a conformar con un estado mediocre sin llegar a desarrollar el potencial para el cual Dios me ha hecho? Está claro que los pensamientos de Dios son mucho más altos que los nuestros y sus caminos muchas veces inescrutables, pero Él nos muestra sus intensiones. Por lo general nosotros los seres humanos nos preocupamos por las cosas que ven nuestros ojos. Los problemas reales que rodean nuestra vida. No estoy satisfecho con la casa donde vivo, la ropa que me pongo, el salario que tengo, el jefe que me manda en el trabajo, una situación de crisis familiar, ya sea por enfermedad o por cualquier otra cosa. Los ejemplos pueden ser miles. Nuestras oraciones se mueven en ese sentido, la problemática que nos rodea. Déjame decirte que aunque Dios la puede cambiar y de hecho lo hace cada día, esa no es su prioridad principal. Su prioridad principal es cambiar nuestra manera de pensar. Es hacernos crecer por medio de las situaciones que se nos presentan. Es la manera en que resolvemos nuestros conflictos, que hacemos ante la prueba, como la enfrentamos. ¿Acudimos al Señor ante la dificultad o a nuestros propios recursos o habilidades? Dios puede cambiar nuestro entorno de tan solo chasquear los dedos, pero no puede cambiar nuestra mente a no ser que nosotros le dejemos. Otro ejemplo: Muchas veces creemos que Dios nos tiene que mantener, que nos tiene que sustentar. Y lo hace. Pero prefiere bendecir la obra de nuestras manos, bendecir nuestro esfuerzo. No deberíamos tomar la pobre decisión de no trabajar para esperar que Dios abriera las puertas de los cielos sobre nuestra vida. Dios puede mandar a los cuervos a traerte comida, como hizo con Elías; pero lo más probable es que lo haga si tú estás comisionado por Él sirviéndole como lo estaba haciendo el profeta. Si estás haciendo algo que Él te mandó, Él se va a encargar de darte lo que necesitas. Pero no esperes eso por el simple hecho de que no quieres trabajar, o no te satisface el salario que te pagan. Lo que deberíamos hacer en ese caso es trabajar con nuestras manos, haciendo lo que es justo para cuando necesitemos ayudar a alguien que realmente se encuentre necesitado. Dios pudiera darte un palacio, una casa en la playa, pero en qué ayudaría eso a su propósito, si nuestra mente no cambió, en qué nos pareceríamos más a Cristo si permaneciéramos arrogantes, creyendo sabe Dios qué. Él está interesado en cambiar tu mente, tu manera de pensar, las decisiones que tomas ante determinadas situaciones. Créeme que tu situación no va a cambiar mientras no cambie tu mente. El Señor quiere hacerte un entendido, un sabio. Un hombre o una mujer de Él, que le represente por donde quiera que vaya, que Él pueda usar. Que cuando la caña se ponga a tres trozos permanezca fiel, poniendo en primer lugar al Señor y a su Palabra. Dios quiere hacerte sabio, entendido. Dios quiere que resplandezcas. Dios quiere darte su alabanza.
¿De que manera puede Dios hacerte un entendido? Perseverando cada día en la fe, buscando su rostro y escuchando su voz. La mejor manera de escuchar su voz hoy por hoy es leyendo las Escrituras, siendo enseñados por maestros entendidos de la Palabra. De ella se extraen los principios para vivir nuestra vida hoy. Por eso es bueno saber que la época que estamos viviendo hoy por sus características recibe el nombre de posmoderna. Mucho más depravada, mucho más pecadora, mucho más alejada de Dios que la anterior. Pero también mucho más sutil y manipuladora. ¿Quién crees por ejemplo que ha determinado o ha impuesto el largo que debería tener las faldas de las mujeres? ¿Ha sido la iglesia, el Señor y su Palabra o ha sido la época posmoderna y el mundo y su manera de ver las cosas? Hace poco pusieron en la televisión una película donde en una de las escenas la protagonista está sentada conversando en un lugar público, llevaba un vestido largo hasta el piso, mangas largas y cuello cerrado. Ella cruza las piernas y ligeramente se le ve a la altura del tobillo la media que llevaba puesta. Dos hombres van caminando la ven y se detienen, se quedan mirando asombrados. El acompañante de la mujer se da cuenta y se lo señala. Ella se cubre el tobillo con el vestido, reparando su breve falta. Eso era en el modernismo. Allí se consideraba indecente mostrar la media a la altura del tobillo. Hoy es diferente. El patrón se ha encogido más y más que hoy realmente no se sabe donde va a parar. ¿Fue el Señor? ¿Fue la iglesia? Creemos que el mundo y sus gustos, el mismo reino de las tinieblas es el que está haciendo el trabajo. Un poco de levadura leuda toda la masa. Hay una manipulación de las formas de pensar de la gente increíblemente grande, que solo el Señor puede hacer el milagro. No está mal, este es el tiempo de lucir, aprovecha ahora. Eso no significa que nadie debe vestirse como un mamarracho, pero nunca asimilar nada porque todo el mundo lo hace. No tiene nada de malo. Siguiendo el camino del mundo es poco probable que cada día nos parezcamos más a Cristo porque el mundo no se parece a Él. Es poco probable que estemos dando pasos certeros hacia ser unos entendidos y mucho menos que podamos enseñarle la justicia a la multitud. Es probable que le mostremos a la gente un dios agradable que se ajusta a su manera de pensar y forma de vivir y que resulta simpático, pero ese no es el Dios que salva, ese no es el Dios de la Biblia. Nuestro Dios es bueno, amoroso, misericordioso, nos salva por gracia, pero sigue siendo Santo y fiel a sí mismo en primer lugar. Sigue aborreciendo el pecado y sigue teniendo un propósito que no va a cambiar independientemente a lo que nosotros queramos o pensemos. Nosotros debemos ser cautelosos. Mansos como palomas y astutos como serpientes. Atentos a lo que Dios habla, con la disposición y la humildad necesaria para quebrantarnos en la presencia de Dios. Fallé, me equivoqué, quiero ser como Cristo, no como el mundo. Muchos viven copiando la forma de vivir del mundo para ser aceptados. Si Cristiano Ronaldo se pone un calzoncillo con tal figura o Messi se deja la barba, o fulana se engancha un pincho en una oreja. Lo difícil, lo duro, lo complicado es que pensamos sinceramente que no tiene nada de malo. El mundo en que vivimos hoy está increíblemente sexuado, vuelve a las personas, sobre todo a las mujeres en objetos y lo hace de tal manera, con tal habilidad que les gusta ser objetos. Nos gusta ser observados, admirados, deslumbrar por su belleza o por sus atributos verdaderos o falsos. Y eso no está bien. El mundo demuestra todo el tiempo que lo importante es lo que se ve. La apariencia. Lo externo. La Biblia dice claramente que lo importante es lo interno, que si vas a adornar algo o vestirte mejor, pues que vistas ese interior que no está a la mirada de todos con todo decoro, que priorices lo que está dentro. Has un autoexamen en esta noche hermano. Compara y respóndete tú mismo. ¿Cuánto tiempo pasas frente al espejo arreglándote o escogiendo la ropa que te vas a poner para venir a la congregación? ¿Cuánto tiempo orando o intercediendo para que el servicio sea una bendición y Dios se derrame y te hable y te toque? Si nosotros pudiéramos entender realmente cuanto Dios nos ama no nos importaría tanto la aceptación del mundo. Saca tus propias conclusiones. Es necesario escuchar lo que Dios dice. Es necesario aprender. Es necesario prepararnos. Un evangelista, necesita al profeta, al maestro, el profeta necesita al pastor. Todos nos necesitamos. El diablo quiere que pienses que no necesitas a nadie. Si a ti Dios te habla, Dios te revela, Dios te muestra. Si Dios hace milagros por tu mano, sana enfermos, tú no necesitas a nadie. Este día en que los entendidos resplandecerán va a llegar y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, otros para vergüenza y confusión perpetua. Muchos se dirán pero si yo hice, yo viví, yo pasé. Confusión perpetua. No nos dispusimos a entender cuando era el tiempo aceptable, cuando el Señor estaba con los brazos abiertos, entonces será demasiado tarde. Vergüenza y confusión perpetuas. Necesitamos aprender de nuestros maestros; de esos buenos maestros que nos enseñan de lo que Dios les ha enseñado y con su propia vida. Lecciones refrescantes y llenas de sabiduría. Si prestamos atención adelantaremos bastante en este proceso de volvernos entendidos como dice la Biblia. Cuando escuchamos la voz de Dios con oídos receptivos, produce paz, produce gozo, alegría, crecemos en el Señor. Y un día resplandeceremos con la misma gloria del Todopoderoso. Si tienes buenos maestros, aprovéchalos bien. Los necesitamos.
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