Preguntas que vale la pena contestar (1)

“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mt 16. 13-18).

Es una gran bendición que Jesús haya nacido un día en Belén, hace dos mil años, pero también es una bendición muy grande que haya nacido en nuestros corazones, porque con ese nacimiento nos dio vida, vida abundante, esa vida eterna que nos hace sonreír porque es un regalo precioso.

Este pasaje que presentamos es muy interesante porque nos trae luz sobre muchas cosas. ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Preguntó el Maestro a sus discípulos. ¿Quién es el Hijo del Hombre? Es la pregunta que muchos se hacen hoy en día. ¿Quién es este Jesús que partió la historia de la humanidad en dos mitades? Este Jesús tenía una misión muy especial. Una misión que está muy relacionada con nosotros, la iglesia.

¿Qué es la iglesia? Hoy le decimos iglesia muchas veces al lugar donde nos reunimos para rendirle culto a nuestro Dios. Pero eso no es la iglesia. La iglesia somos nosotros los cristianos. Jesús utilizó esta palabra porque todos la conocían. Su significado es muy parecido a asamblea o reunión. La iglesia de Cristo es un grupo de personas que se reúnen con un mismo propósito, que se diferencia de las demás personas por el estilo de vida de sus miembros, sus puntos de vista, los motivos, y por supuesto, por su relación con Dios. Uno de los principales objetivos que tiene nuestro Señor, aparte de salvar al ser humano y también para esto mismo, es sin lugar a dudas edificar su iglesia. Conservar apartados, separados del mundo en cuanto a su modo de vivir a un grupo de fieles de todo lugar, que se salvaguarden firmes a pesar de lo fuerte que pudieran llegar a ser los vientos. Que se mantengan testificando de Él; guardando su testimonio.

Dios es consciente de que todos los hombres no van a se salvos. Él quiere que todos se salven, se arrepientan de sus pecados, sean parte de su iglesia. Pero desafortunadamente eso no ha de ser así porque muchos perseveraran en sus malos caminos y harán oído sordo al llamado del Señor.

Estamos claros hoy, de que hay que edificar la iglesia, pero hasta ese momento de la historia Jesús no había dicho nada sobre edificar una iglesia. No había dicho absolutamente nada a sus discípulos. Si seguimos el evangelio de Mateo desde un comienzo podemos aprender muchas cosas sobre Jesús. Como fue su nacimiento, el comienzo de su ministerio, su sabiduría, sus milagros de sanidad, sus enseñanzas, pero nada se sabe a ciencia cierta. En el capítulo siete hay algunos indicios. Nos dice que es muy sabio basar nuestra vida en sus enseñanzas. “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca”. ¡Y que Roca! Ya la gente estaba admirada y se preguntaban: ¿Quién es este que habla con autoridad y no como los escribas y fariseos? En el capítulo once nos dice algo que nos brinda aliento a todos los que le conocemos y esperanza a los que no lo han conocido: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Es Palabra de Dios. Es una promesa maravillosa. Si estás trabajado y cargado puedes ir a Jesús. Si estás acongojado, deprimido y no tienes fuerza, puedes ir a Jesús. Él te dará descanso. Llegamos al capítulo 16 y es el propio Jesús quien lanza la pregunta: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ya era tiempo de que los discípulos supieran de que Él, Jesús, es el fundamento de la iglesia que se habría de edificar. Por eso lanza también la segunda pregunta: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Este es el verdadero interés del Señor. Era necesario que ellos primero entendiesen que Jesús era más grande, más importante que el mayor de los profetas. ¿Qué se piensa hoy de Jesús? Hágale esa pregunta a cualquiera en la calle. Unos piensan que es un mito. Una leyenda, como Aquiles, Odiseo. Unos piensan que nunca existió, que es un invento, otros que fue un gran hombre, un revolucionario por sus ideas a favor de los pobres. Pero la gente no sabe a ciencia cierta que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Dios mismo hecho carne. Que su vida, su muerte y su resurrección tienen un significado único para todos nosotros. La gente en aquellos tiempos decía que Jesús era Juan el bautista, que era Elías, Jeremías o alguno de los profetas. Los judíos no creían en Él como el Mesías porque ellos esperaban un rey guerrero que derribara al imperio romano y le devolviera a la nación sus tiempos de mayor esplendor. Al no imaginar a Jesús al frente de un levantamiento militar, pues pensaron que debía de ser algún profeta. Cuando se le preguntó a los discípulos Pedro contestó: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre… No fue el entendimiento humano, el razonamiento humano. Fue el mismísimo Dios quien se lo reveló.

 

Continuará…

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