“Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, si vieres caballos y carros, y un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, porque Jehová tu Dios está contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto” (Dt 20. 1).
Debemos reconocer que no es fácil salir a la batalla y ver a tu enemigo tan fuete, tan poderoso, tan numeroso, bien armado y permanecer tranquilo sin preocuparse lo más mínimo. Hoy la iglesia y los jóvenes no tenemos ese tipo de lucha, física, a muerte. La lucha es más sutil y también más peligrosa. Si un enemigo viene contra ti con una espada enorme a cortarte la cabeza, no te queda otra que defenderte, huir, matarlo. No es difícil decidir. Pero si el enemigo viene disfrazado, eso es otra cosa.
¿Para que orar? Lo has intentado antes y así te pasa el tiempo como un bobo hablando solo, cuando pudieras estar viendo el último capítulo del “Legendario guerrero” que está buenísimo. Ustedes son unos “cheos”. ¿Por qué las muchachas van a ir a la playa y no se van a poner bikini. Eso no está mal. Mal está el que mira para codiciar. Eso sí está mal. Ponerse el bikini y las ropas provocativas eso no es malo. Si miras y codicias evidentemente que no estás bien espiritualmente. El problema es del que mira.
No te creas estas cosas, porque cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, dice el Señor, que no les va a ir muy bien. Pero el enemigo hoy se pasa el tiempo tratando de engañarte. Es muy sutil y viene contra ti con todas sus fuerzas para destruirte. Porque te tiene miedo. Sabe que en las manos del Señor eres un arma poderosa. Peligrosa, muy peligrosa. Sabe que puedes pelear en el Señor. Sabe que puedes testificar del Señor. Sabe que puedes decir las cosas que el Señor ha hecho por ti. Tú también estabas preso en Egipto y Dios te liberó. Dios te rescató.
Pero a veces tienes problemas. Pero a veces enfrentas tribulaciones. Puede que a veces llegues a decir como dijo aquel pueblo: Yo estaba mejor en Egipto. Mentira. Otra mentira del enemigo. Vas a estar mil veces mejor en el desierto con Dios que en Egipto con el diablo. El enemigo sabe que si tú te armas de Dios y te llenas de valor y vives la vida cristiana como es, no acomodándola al mundo, sino como es; tu vida va a permitir que el Señor pueda convencer de pecado a los que te rodean y con tu ejemplo Él los puede traer a los pies de Jesucristo. Los puede rescatar. Los puede sacar de Egipto para darles una vida nueva. Pero si tú estás acobardado. Si no das un paso sin que el mundo lo apruebe. Si tus patrones de vida son los que el mundo aprueba, es un estado en el que el Señor tiene las manos atadas. Es como si fuéramos un boxeador que está siempre contra las cuerdas aguantando trastazos. No tiene que ser así. Tú tienes una pegada poderosa. Tienes una pegada tremenda. Suéltala, créelo, confía. Te vas a sorprender de los muchos enemigos que caen al suelo fuera de combate.
Todo lo que pasa no es tan inexplicable. Siempre hay una explicación. Un niño que crece viendo a su padre golpear a su madre. Su padre es su ejemplo, su guía. Lo más probable es que golpee a su esposa en cuanto crezca. Solo va a cambiar si conoce al Señor y se quebranta con las cosas que Dios dice y acepta la Palabra de Dios como su guía. Si no se quebranta, no va a cambiar, sencillamente va a imitar o querer agradar a la persona que más profundamente le ha marcado. Si un niño nunca ha vivido en un hogar donde sus miembros se respetan, se aman; y ofenderse los unos a los otros es lo más común, como si eso fuera normal. Lo más seguro es que va a tratar de reproducir eso en su vida, porque no sabe hacer otra cosa. Es necesario quebrantarse delante del Señor. Dios quiere ministrar a nuestras vidas. Dios quiere bendecir. Dios quiere que tengas una vida victoriosa. Pero mi hermano. Si Dios habla, escucha y tiembla, quebrántate, humíllate, clama a Dios. Prepárate a recibir sus bendiciones. No seas testarudo. Deja la altivez. La comunión de Dios es con los humildes, al altivo, lo mira de lejos. La Palabra de Dios dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida –sorpresa-, no vienen del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos, pero; el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. ¿Por qué quieres tanto agradar a alguien que está condenado de antemano? ¿No es acaso mejor permanecer para siempre?
Cada vez uno escucha más de muchachas que comen y luego van y se provocan el vómito porque están gordas. Y todo porque alguien dijo que si no tenías esta forma o esta otra no eras una bella mujer. ¿Sabe usted que desde tiempos antiguos, en el imperio romano había un funcionario que era algo así como árbitro del buen gusto y las buenas costumbres? ¿Sabe usted que los gustos estéticos cambian con el tiempo? La modelo que posó para el cuadro de la maja desnuda, hoy no la hubieran tomado de chica de portada por ser mucho más gorda de lo que los estándares parecen permitir. ¿No podemos ver en eso ninguna semejanza con esas palabras: el mundo pasa…? El mundo pasa y cambia y cambia de opinión. Y muchas veces atrás vamos nosotros porque si no, somos unos inadaptados, no tenemos derechos, no somos aceptados en los grupos de nuestras escuelas. Los jóvenes sufren esto porque se confunden y se preguntan ¿Dónde está el modelo? ¿Dónde está la vida victoriosa del cristiano?
Continuará…
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