“Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, si vieres caballos y carros, y un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, porque Jehová tu Dios está contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto” (Dt 20. 1).
Prácticamente toda la Biblia es un llamado del Señor a confiar en Él. Independientemente de las circunstancias. Las circunstancias pueden parecer muy adversas, muy difíciles, muy complicadas, pero Dios es suficiente para reafirmar tu vida. No te olvides nunca de esto: Dios es más que suficiente. Nuestro Dios es maravilloso. Preciso, realizando tareas que nos parecen imposibles. Manantiales en el desierto, ríos en la soledad, haciendo fuerte al débil. Ese que todos menosprecian, para avergonzar al fuerte, Dios le hace fuerte, de tal manera que las personas se preguntan: ¿de donde saca este sus fuerzas? Dios nunca va a dejar avergonzado a su pueblo. Dios no falla. Esa es una de sus promesas. “No serán avergonzados, todos los que en Él creyeren” Basta que los hombres apesadumbrados y mediocres digan: Este lugar está desierto, sin hombres y sin animales, asolado, para que el Señor diga: En este lugar aun ha de oírse voz de gozo y alegría, voz de los que digan alabad a Jehová porque Él es bueno, porque para siempre es su misericordia. Eso le dijo el Señor a Jeremías en el capítulo 33, estando el profeta nada más y nada menos que preso en el patio de la cárcel. Yo les traeré sanidad y medicina, les revelaré abundancia de paz y de verdad.
Hay una promesa del Señor que nos gusta mucho, y es esa que dice que las tribulaciones del tiempo presente no son nada comparadas con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Eso debería bastar. Que Dios lo diga debería ser suficiente, pero resulta que estamos demasiado acostumbrados a vivir según nuestras circunstancias, de acuerdo a lo que sentimos. Si nos va bien, que bueno. Si es lo contrario, estamos en desgracia.
Tenemos que aprender a pelear nuestras luchas con el Señor.
¿Qué es una tribulación? Tribulación significa dolores, angustia, sin sabores. El Señor no prometió jamás que estaríamos libres de angustia. Por el contrario, nos dijo que tendríamos aflicción. Pero también nos dijo confiad. El salmo 34 nos dice que muchas son las aflicciones del justo, pero también nos dice que de todas ellas nos librará el Señor. Pero es evidente que si estamos clavando una puntilla y nos damos un martillazo en un dedo, nos duele. Y mucho. Si nos mienten, duele. Si nos usan, duele. Si encima de nuestra cama cae una gotera cuando llueve, mortifica, fastidia. Si no me puedo poner la ropa que quiero, si no me puedo estrenar algo para una ocasión especial, eso nos hace sentir mal. La gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse va a ser maravillosa, pero no la veo, es futuro, está lejos. No la siento ahora en mi cuerpo, en mis sensaciones. En cambio las tribulaciones de ahora son tan claras, tan palpables. Los problemas los veo tan verdaderos, tan problemáticos, que me desanimo, se me quitan los deseos. Estoy a punto de tirar la toalla. Me rindo no puedo más.
Necesitamos aprender a confiar en el Señor; a fortalecernos en el Señor, a buscar nuestras fuerzas en el Altísimo en el cual no hay mudanza ni sombra de variación. Los hombres pueden decir una cosa hoy y mañana hacer otra totalmente contraria a lo que dijeron. Dios no. Dios es el mismo hoy y por los siglos.
Si te sientes débil, busca tu fuerza en el Señor. Aparta todo pensamiento contrario, negativo. Mantenlos sujetos a la obediencia a Cristo. La Palabra nos dice que si estamos tristes, hagamos oración. Señor no entiendo lo que está pasando, pero se que tienes el control. Sea tu Nombre bendito en cualquier circunstancia. ¿Pero como puedo quitar este dolor? Nada de lo que escucho me resuelve el problema. El problema sigue ahí.
La gloria venidera hay que verla por fe, no por vista. Por fe caminamos hoy, no por vista. El Señor nunca falla. Soporta el dolor y confía que la respuesta de Dios viene rápida, certera.
Continuará…
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