Viviendo como un cuerpo (2)

Yo pues,  preso en el Señor,  os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre,  soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo,  y un Espíritu,  como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor,  una fe,  un bautismo, un Dios y Padre de todos,  el cual es sobre todos,  y por todos,  y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto,  llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres. Y eso de que subió,  ¿qué es,  sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió,  es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos,  apóstoles;  a otros,  profetas;  a otros,  evangelistas;  a otros,  pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio,  para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios,  a un varón perfecto,  a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes,  llevados por doquiera de todo viento de doctrina,  por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor,  crezcamos en todo en aquel que es la cabeza,  esto es,  Cristo, de quien todo el cuerpo,  bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente,  según la actividad propia de cada miembro,  recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Ef 4. 1-16).

No hay satisfacción mayor en este mundo que estar haciendo lo que Dios quiere en el lugar que Él quiere. Esa será una señal evidente de que somos sensibles a lo que Dios está hablando y a la comunión que tenemos con Él. Si Dios está en medio del asunto, usted tiene seguridad, usted está protegido, usted está bien guardado. Estará mejor equipado contra el desánimo.
Nosotros somos más que afortunados de tener la posibilidad de cada día buscar más al Señor, de poder estar más cerca de Él. No se trata de una religión más, donde se aprenden preceptos y mandamientos; si haces tal cosa vas a recibir tal cosa. No es nada de eso; es la posibilidad de tener compañerismo, amistad con el creador del universo. Cuando llegamos a tener amistad con el Señor, podemos estar en la cárcel, como Pablo, podemos ser ofendidos, menospreciados, acusados, que si estamos haciendo lo que Dios nos mandó a hacer, tendremos su respaldo pleno y le veremos en medio del problema. ¿Cuántas enseñanzas valiosas salieron de la cárcel? ¡Que palabras! Mucho más preciosas que el oro. El reino de las tinieblas quiere dominarnos, vencernos, por medio de los contratiempos, pero en medio de la prueba Dios se glorifica y nos da la victoria. Por eso es bueno escudriñar las Escrituras, porque son perfectamente aplicables a tu vida y a mi vida. Más de 1950 años tiene ya esta carta y todavía sigue abriendo los ojos a la iglesia. El deseo del Espíritu sigue siendo el mismo: que los creyentes podamos crecer en fe, en amor, sabiduría, revelación y que todos vivamos de una manera digna de nuestro Señor Jesucristo. Hay en esta carta unas 35 exhortaciones sobre como se debe vivir. Se nos llama a vivir separados del mundo. Este es un concepto que muchas veces trae confusión. ¿Qué significa vivir separados del mundo? Todos los días tengo que salir a trabajar, comprar, vender, interactuar con el mundo. No nos podemos ir de aquí todavía. El asunto es no ser como ellos. Es marcar una diferencia. Ellos son ladrones, nosotros no. Ellos son mentirosos, nosotros no. Ellos son fornicarios y adúlteros, nosotros no. Sus mujeres salen a la calle con muy poca ropa, con el deseo de que los hombres las miren y las codicien, las nuestras no, Ellos son violentos y cuando tienen un conflicto con alguien se puede esperar lo peor. Nosotros no somos así. Ese es el llamado del Espíritu Santo, cualquier cosa contraria es desobediencia a Dios. Una iglesia sin santidad, no es una iglesia, por lo menos no una cristiana. Una que tiene la misión de conservar el testimonio del Señor. Hermanos, nosotros somos más que afortunados de vivir en esta época, de haber conocido al Señor en estos tiempos donde las personas son cada vez más escépticas y todo lo espiritual muere cada día. Lo material y lo tecnológico se impone. A pesar de todo, el Espíritu Santo sigue estando presente en la iglesia, y nos sigue anhelando celosamente, para hacernos crecer, como iglesia y como cristianos.
Tú sabes bien que tanto tú como yo, somos parte de un mismo cuerpo. Hemos sido lavados con la misma sangre de Cristo, hemos sido bautizados con el mismo bautismo, tenemos el mismo Espíritu. Cuando doblas tus rodillas para orar lo haces al mismo Señor. Él te ama tanto como a mí. Él se goza profundamente cuando tú y yo nos cuidamos el uno al otro, nos defendemos y juntos trabajamos y luchamos por un objetivo común. No es mi guerra, no es mi empresa, no son mis ideas. Son las del Señor. Es el propósito del Señor.

Continuará…

 

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