A menudo somos tentados a pensar que todo se trata de nosotros. En nuestra vida, en nuestro trabajo, en nuestro matrimonio. Déjame decirte algo: muy poco, para no decir nada, se trata únicamente de nosotros. Siempre hay muchísimas variables implicadas en cada ocasión. Cada evento, cada situación a la que nos enfrentamos forma parte de un proceso mucho más grande, mucho más importante.
Las experiencias que tenemos siempre guardan relación con alguien más. Si en algo le sobra razón a la filosofía es en que el hombre es un ser social. El hombre se encuentra obligado a vivir en sociedad. Ese es un principio divino que el hombre no puede romper. El hombre pecador se ha dado gusto rompiendo los principios de Dios para establecer los suyos propios, pero este específicamente, le ha resultado imposible de violar. Al final siempre se encuentra formando parte de algún grupo. ¿Cuál grupo? Pues cualquiera. El de los fanáticos del Real Madrid, los intelectuales, los que piensan de tal o más cual manera, los ricos, los pobres, los que viven en un determinado vecindario y muchísimos más. De la manera en que te integres al grupo, ese grupo será más o menos eficiente y productivo. Solo los grupos pueden avanzar. Usted llega a un vecindario donde todas las casas se están cayendo y uno de los vecinos logró construir una confortable vivienda, ese hecho aislado no va a cambiar el hecho de que ese vecindario sea conocido como el barrio de las casas cayéndose. Usted acostumbra a no botar la basura en la calle, pero para la mayoría de las personas eso no tiene importancia, como consecuencia usted vivirá en medio de una sociedad con muy poca cultura y escasos hábitos higiénicos. Llevará a sus hijos a un parque de diversiones y tendrá que estar apartando los restos de comida y los paquetes vacíos. Usted no tiene esa costumbre, pero nada cambiará el hecho de que es parte de un pueblo que tiene esas características.
¿Es para rendirse? Por supuesto que no. Usted puede ser un agente importante que influencie el cambio. Si usted se retira, se aísla, se aparta, quiéralo o no, seguirá siendo parte de lo que reprueba sin hacer nada por cambiarlo. Sucede en el mundo. En todas partes. También en la iglesia.
Muy poco se trata de nosotros como individuos. Somos importantes, somos muy amados por el Señor, si hubiésemos sido la única persona en el mundo Jesús habría dado igual su vida por la nuestra. Pero nada de eso nos vuelve el centro del universo. Ni superiores a los demás. Ni nuestro ministerio es mejor que otros. ¿Nunca se ha sorprendido de alguna manera compitiendo con sus hermanos? Si estoy al frente de un proyecto me entrego en cuerpo y alma; si es otro, pues aparecen las justificaciones. No puedo. No me alcanza el tiempo. No por gusto las Escrituras dicen que nuestra lucha no es contra carne y sangre. Nuestra lucha no es contra los hermanos. Nuestro objetivo no es que a mí las cosas me salgan muy bien, mucho mejor que a otros. Nuestro objetivo es que el Señor Jesucristo sea glorificado. Anunciar, gritar, publicar las virtudes de nuestro Salvador, para que otros sean salvos también. Hacer todo lo posible para que el propósito de Dios se cumpla. Eso sin dudas es lo más importante. Siempre que Jesús sea glorificado no importa que yo tenga que padecer. No importa que yo tenga que sufrir. No importa las experiencias que tenga que vivir. Lo importante es que podamos estar en el centro de la voluntad de Dios. Lo importante es que el Señor sea una palpable realidad en nuestras vidas.
Jesús dijo: “El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, este es verdadero, y no hay en él injusticia” (Jn 7. 18).
Las Escrituras tienen la clave de todas las cosas. Los verdaderos siervos de Dios siempre buscarán la gloria de Dios. Sus actos, sus acciones, van a estar orientadas en esa dirección.
Vivimos tiempos muy difíciles, donde estamos acostumbrados a que las personas se hagan daño las unas a las otras. Es fácil atribuirle maldad a la gente injustamente. Seguro me quiere fastidiar. No me está diciendo la verdad, etc. Te repetimos: No todo se trata de ti. No eres el centro del universo. Pero aun así, puedes observar los frutos de esa persona. Si esa persona trabaja para el Señor, está haciendo lo que el Señor mandó, busca la gloria del Señor ¿Por qué atribuirle maldad?
Disfruta del Señor. Busca su gloria. No pierdas el tiempo en nada más. Sé un factor de cambio para bien en el medio e
Abr 17
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