No es suficiente

La vista es una de las posesiones más preciosas que tiene el ser humano. Nos da la posibilidad de poder interactuar con todo lo que nos rodea y un poquito más allá. Por supuesto que con todo aquello que puede ser visible, porque hay muchísimas cosas que están a nuestro alrededor que no las podemos ver. Nos rodea una cantidad enorme de información que no podemos procesar. ¡Sabiduría de Dios! Imagina que nosotros pudiéramos ver al mismo tiempo por las calles delante de nuestros ojos, todos los canales de televisión, las emisoras de radio, el tráfico de los teléfonos celulares. Nos volveríamos locos, porque somos incapaces de procesar toda esa información. Por eso gracias a Dios, no las podemos ver ni escuchar, a no ser que utilicemos el intermediario adecuado, léase televisor, radio, teléfono y muchos otros dispositivos más. Sabemos que están ahí, pero normalmente no las notamos; en cambio si podemos ver la belleza de la naturaleza. Un atardecer. Las estrellas. Una brillante luna. Y muchísimas cosas hermosas y especiales.

De alguna manera hemos tratado de decir desde el principio, que lo que ven nuestros ojos no es suficiente para hacernos una idea real de las situaciones de nuestra vida. La vista no nos alcanza. Imagina un hermoso auto. Último modelo, parqueado frente a nuestra casa. Le imaginamos potente, veloz. Si decidiéramos competir; una carrera de dos kilómetros, pero el adversario es nada más y nada menos que una bicicleta. ¿Quién ganaría? Nuestros ojos vieron un increíble auto. Es imposible que la bicicleta pueda ganar. Pero si es posible porque no teníamos modo de saber que ese auto tan hermoso estaba descompuesto y no estaría en condiciones de arrancar hasta unos días después. Nuestros ojos no podían saber eso, ni podían saber si había combustible en el tanque.

Así sucede con casi todas las situaciones de la vida. La vista nos da una idea, pero hace falta más. Y eso es lo que queremos mostrar en esta oportunidad. Todo depende del Señor y no de lo que puedan ver o no nuestros ojos.

En el libro de Génesis a partir del capítulo 13 podemos ver un buen ejemplo de lo que estamos diciendo. Veamos:

“Subió, pues, Abram de Egipto hacia el Neguev, él y su mujer, con todo lo que tenía, y con él Lot. Y Abram era riquísimo en ganado, en plata y en oro. Y volvió por sus jornadas desde el Neguev hacia Bet-el, hasta el lugar donde había estado antes su tienda entre Bet-el y Hai, al lugar del altar que había hecho allí antes; e invocó allí Abram el nombre de Jehová. También Lot, que andaba con Abram, tenía ovejas, vacas y tiendas. Y la tierra no era suficiente para que habitasen juntos, pues sus posesiones eran muchas, y no podían morar en un mismo lugar. Y hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot; y el cananeo y el ferezeo habitaban entonces en la tierra. Entonces Abram dijo a Lot: No haya ahora altercado entre nosotros dos, entre mis pastores y los tuyos, porque somos hermanos. ¿No está toda la tierra delante de ti? Yo te ruego que te apartes de mí. Si fueres a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si tú a la derecha, yo iré a la izquierda. Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, antes que destruyese Jehová a Sodoma y a Gomorra. Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro” (Gn 13, 1-11).

Aquí pudiéramos analizar varias cosas. En primer lugar, evidentemente Lot escogió para sí la mejor tierra que sus ojos pudieron ver. Ya de por sí esa es una actitud cuestionable, porque es mejor siempre ponernos de acuerdo cuando hay conflictos de tal manera que nadie salga perjudicado. Nunca escoger lo mejor, que a todo el mundo le gusta, en detrimento de los demás. Pero ese no es el tema en este momento. El asunto es que Lot escogió teniendo en cuenta lo que vieron sus ojos y lo que él pensaba que necesitaba. Abram en cambio le dejó escoger sabiendo que Dios era suficiente para satisfacer sus necesidades; sin importar nada más. Por supuesto que toda decisión tiene consecuencias. Por eso es importante tener en cuenta mucho más de lo que nuestros ojos pueden ver. Lot vivió en la rica llanura y dice la Palabra que fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma. Aquí la Palabra nos da un nuevo elemento: “Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera” (Gn 13. 13).

No siempre donde parece que a uno le va a ir mejor, donde parece que hay más prosperidad, es el mejor lugar para vivir.

Lo primero que le sucedió a Lot fue que se vio envuelto en un conflicto en el cual nada tenía que ver. Una guerra de la que él no era parte. Como resultado, se lo llevaron cautivo a él y a todos sus bienes. Entonces Abram, en una faceta poco conocida, la de guerrero, armó a sus hombres y sus vecinos y salió tras los reyes. Con pocos hombres, relativamente, logró Abram lo que cinco reyes más poderosos que él no habían podido lograr. Por supuesto que usted entiende que con Abram estaba el más poderoso de todos los reyes del universo. El Señor le dio la victoria y Lot recuperó su libertad y sus bienes. Abram no quiso tomar nada para sí. No quiso aceptar nada del rey de Sodoma: “He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram” (Gn 14. 22- 23).

Cero concesiones al enemigo. No me interesa nada de lo que es tuyo ni de lo que tengas para ofrecerme. Los hombres de Sodoma y Lot que vivía entre ellos, estaban sufriendo las consecuencias de su pecado y de sus decisiones, pero no se arrepintieron. No cambiaron ni un poquito siquiera en su manera de vivir y pensar. Por lo tanto les llegó el castigo de Dios. Usted sabe que Sodoma y Gomorra fueron destruidas por la ira de Dios. Hasta que punto debe haber llegado la maldad de esta gente que Dios dispuso algo así para ellos.

La historia es muy interesante. Todo el debate de Abram con el Señor sobre la cantidad de justos en la ciudad. En fin el Señor le prometió a Abram que si había diez justos allí, perdonaría todo el lugar por amor a ellos. Pero no los había. Solo Lot y sus hijas pudieron escapar de la destrucción, por la misericordia del Señor.

Lot escogió basado en su visión. Buscaba conservar sus bienes y ser todavía más próspero. Pero al final le vemos viviendo en una cueva con sus hijas.

No tomes tus decisiones solo por lo que vean tus ojos. No es suficiente.

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