“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”.
Los cristianos todos, debemos ser humildes. Pensar sobre nosotros mismos siempre con cordura, porque hay riesgos importantes si nos vamos a cualquiera de los extremos que se encuentran implicados en este y en otros múltiples pasajes de las Escrituras.
La exhortación inmediata es a no tener un concepto de nosotros más allá de lo racional. Se ha dado muchísimas veces en la historia que el hombre suele darse a sí mismo, o se le atribuye una importancia que realmente no tiene. Una relevancia que no le corresponde. Olvida la mentalidad de siervo que debe primar en un representante del reino del Señor y comienza a pensar como rey. Los hombres se prueban realmente cuando tienen la oportunidad de manejar recursos y tener personas bajo su mando. Lo que hacen con los recursos y como tratan a sus semejantes va a mostrar lo que son en realidad. La manera en que responden a las alabanzas de los hombres pondrá de manifiesto lo que hay en lo más profundo de su corazón.
Nada sucede de repente; comienza por un placer posiblemente legítimo por el hecho de poder ayudar a un hermano, pero se corre la voz y las personas se enteran. Se conmueven por el buen gesto suyo y comienzan a celebrar lo que está haciendo. Usted comienza a sentirse bien porque la gente dice cosas buenas de usted. La motivación cambia. Hace lo bueno para obtener la recompensa. Hace lo bueno para obtener los halagos que le hacen sentir tan bien.
Imagine además que obtiene una posición de liderazgo. Normalmente los cargos son sinónimo de prosperidad, de logros, de éxito, de buenos resultados. Le resulta agradable “mandar” y que las personas estén en función suya, pendiente de usted y de sus necesidades. Se engaña a sí mismo, comienza a engrandecerse. Imagina que lo que usted está haciendo es insustituible, invalorable. Dios le ha usado y comete incluso el error de pensar que es infalible. Cuando usted habla es como si hablara Dios. Evidentemente no está pensando de usted con cordura. En el reino de Dios el líder es siervo. Así fue Jesús hasta el último día.
Hermanos, todo este capítulo está hablando de deberes cristianos y nos habla de los dones dados por Dios. Recibir algo de Dios es tan maravilloso y nos impacta de tal manera que pensamos que no hay nada más, cuando en realidad hay mucho más. Hay mucho más en Dios. Hay ministración del Espíritu Santo directamente y por medio de los hermanos. Él reparte dones en la iglesia como Él quiere. Alguien puede tener un don, pero eso no significa que ya lo sabe todo, ni mucho menos que no necesita a sus hermanos. Por eso hace falta la humildad para recibir de Dios lo él quiere darnos y aceptar también como una bendición lo que Dios le da a los demás.
Mucha gente piensa que no hay milagros en este tiempo. Piensan que los dones que quedan para hoy son únicamente los talentos y las habilidades naturales. No es eso lo que dice la Biblia. Nosotros no somos nadie para encasillar a Dios. Dios hace las cosas como el quiere. Pero nuestro comportamiento muchas veces afecta.
Imagina que alguien que cree en el Señor, estudia la Biblia regularmente, tiene una vida de oración pero no ha recibido un don de este tipo (sanidades, milagros etc). De repente tiene un encuentro con alguien que si lo tiene. Una persona que ora por los enfermos y estos se sanan, o algunos, porque Dios hace las cosas, repetimos, como Él quiere. Pero escucha a esta persona y se da cuenta incluso que esta persona está diciendo cosas que no son correctas. Usted sabe incluso que prácticamente es un disparate bíblico. Como consecuencia usted duda de lo que allí sucedió, porque cree que es imposible que un hombre de Dios, que tiene comunión con Dios pueda decir un disparate como el que usted acaba de escuchar. Déjeme decirle algo. Es posible. Es perfectamente posible. Usted puede tener un don de Dios pero todavía está creciendo, todavía sigue siendo un discípulo de Jesucristo. Alguien que necesita de Dios y también de sus hermanos. El error está en que la persona con el don, se comience a creer superior. El error está en creer que el respaldo de Dios le hace superior a los demás. Le hace más ungido, más capacitado, más confiable.
Por otra parte, que yo no haya experimentado algo así no quiere decir que no exista, que sea falso, o que sea diabólico. Significa que somos un cuerpo con muchos dones. Somos la iglesia de Jesucristo, equipada con las herramientas de Dios para la obra del ministerio. Llevar el reino de Dios a los perdidos y la edificación del cuerpo de Cristo constituye el objetivo fundamental. El Espíritu Santo busca siempre glorificar a Jesucristo. Todo lo que hagamos tiene que estar encaminado a que la obra de Jesús por el pecador sea revelada a los que no la conocen. Que el increíble amor de Dios sea mostrado al mundo.
Debemos pensar de nosotros con cordura. El único verdaderamente imprescindible es el Cordero de Dios.
No te pierdas lo que Dios tiene para ti. No te conformes con lo que tienes hoy. Dios es infinito y tiene grandes planes con tu vida y con la de tus hermanos. Tú tienes una función, tú hermano tiene otra. Tú tienes un don, tu hermano tiene otro. Pero hagas lo que hagas, dale siempre la gloria a Dios. Ministra a los demás y recibe la ministración de tus hermanos.
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