Dones espirituales (3)

“Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia” (1Co 14. 12).

Los grandes teatros mantienen una programación variada y amena llenando sus espacios con muchísimas compañías de teatro, ballet, conciertos de grupos o cantantes famosos. Con todo eso, pasan trabajo. Hay temporadas que se quedan flojas. Imagina la iglesia. ¿Cómo lograr que las expectativas sean satisfechas en cuatro o cinco ocasiones en la semana? Tú y yo tenemos que desterrar de nuestra mente la idea que el lugar donde nos congregamos es un teatro. En ocasiones podemos montar alguna dramatización, pero es para transmitir una enseñanza de una manera diferente, para la edificación del pueblo de Dios. Pero no es un teatro. Es un lugar donde nos reunimos para adorar al Rey, al que vive para siempre.

La vida cristiana se vive en todo momento. En el trabajo, en la escuela, en la casa. Afortunadamente la iglesia también se puede congregar para hacer de esos tiempos una fiesta. Tiempos grandiosos donde Dios nos ministre de una manera especial, donde le adoremos con un corazón sincero. Como protagonistas, no como espectadores. Esa es la idea de Dios hermanos, no es nuestra idea particular. Es una iglesia donde los miembros se ministran los unos a los otros y a la vez reciben la ministración de Dios. Después van y ministran a los que no conocen al Señor y el ciclo se repite una y otra vez. Nos necesitamos los unos a los otros. La congregación es superimportante. Donde hay dos o tres congregados en su nombre, Él está en medio de ellos. La congregación garantiza la presencia de Dios de una manera especial. Ya con eso sería suficiente, pero no es solo eso. Es mucho más que eso. Jesús les dijo a sus discípulos que se quedaran tranquilos esperando la promesa del Padre. La venida del Espíritu Santo. Recibirían poder para poder cumplir la misión. El Espíritu Santo es fuente de poder para la iglesia. Pero también es guía sabia, prudente. Debe ser el Espíritu Santo y no el hombre quien tome las decisiones fundamentales. Es Dios quien llama a cada uno de nosotros para realizar una función en específico. Cuando la iglesia de la Biblia se reunía para tomar decisiones, al terminar podía decir: “Ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros”. El Espíritu Santo en ocasiones prohibió predicar la Palabra en determinados lugares. Abrió puertas para que lo hicieran en otro lugar. Insistimos en esto porque una iglesia sin la guía y la obra del Espíritu Santo, es lo mismo que decir cristianos sin Cristo. ¿Es posible eso? Usted puede tener todos los recursos disponibles, toda la inteligencia de este mundo, que si las cosas no son a la manera de Dios, no van a funcionar.

¿Cuál es la manera de Dios? Veamos:

“¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación” (1Co 14, 26). ¿Esto se parece a un tiempo unidireccional donde uno o dos lo dicen todo o más bien se parece a algo donde todos son parte activa? Uno tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene profecía. Todos nos edificamos. Regresamos a casa más fuertes, listos para buscar más de Dios, servirle, testificar de Él y deseosos del momento en que nos podamos reunir nuevamente para seguir disfrutando de este proceso de aprendizaje.

Continuará…

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