“Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia” (1Co 14. 12).
En esta carta de Pablo a los corintios se dedican varios capítulos a la cuestión de los dones espirituales. Este es un tema sumamente interesante y sumamente necesario para la iglesia de estos tiempos. Tan solo leemos este versículo porque queríamos hacer énfasis en el propósito que tienen los dones espirituales y que aquí se puede apreciar claramente. Independientemente de cualquier efecto adicional que pudieran tener; su razón de ser fundamental es la edificación de la iglesia, la edificación del pueblo de Dios.
Nosotros somos un cuerpo, somos parte los unos de los otros. Somos muchos miembros con una sola cabeza que es Cristo el Señor.
Cuando vivíamos sin Dios y decidimos aceptar el regalo del Señor. Su sacrificio por nosotros; automáticamente nos convertimos en discípulos de Cristo. Así es como se les decía en los primeros tiempos a los cristianos. Por supuesto que no somos como los primeros discípulos que caminaron con Él, vivieron con Él, le acompañaron en su ministerio terrenal; pero si somos discípulos que creyeron en el mensaje que está disponible para el mundo entero. Hay perdón de pecados, hay salvación para todo aquel que cree.
Cuando el Señor iba a partir nos dejó lo que nosotros llamamos la gran comisión, que no es opcional, es un mandato del Señor. Anunciar el evangelio y enseñarles a los nuevos discípulos que guarden las cosas que os he enseñado, dijo el Señor. O sea, hay que llevar el mensaje de Salvación, pero también hay que acompañar a esa nueva persona en ese nuevo camino que comienza a transitar. Esa persona con toda seguridad no sabe orar, no sabe como relacionarse con Dios, no sabe de qué maneras Dios habla y hay que enseñarles.
No cabe la menor duda de que en estos tiempos se vive por fe, independientemente de que puedas ver la mano de Dios obrando en tu vida, independientemente de lo que puedas sentir. Vivimos por fe y no por vista. Hay muchísimas cosas que no sabemos, muchísimas cosas que no entendemos. Hay mucho de Dios que es un misterio. Un misterio que nos ha de ser revelado más adelante, pero lo que si sabemos se lo tenemos que enseñar. Como Dios obra, como Dios hace las cosas.
Un error que se comete muchas veces es que con nuestros deseos de que la gente sea parte de nuestra familia, dejamos que en un principio se lleven una idea errónea de lo que es la vida cristiana. La gente llega a creer que porque eres cristiano no tienes problemas. Eso no es cierto. Probablemente tengas más problemas. La gente puede llegar a creer que los cristianos no se enferman. Los cristianos si se enferman, padecen, sufren, si se dan con un martillo en un dedo, el dedo se revienta igual. Lo que si no es igual es que Dios está en nuestras vidas si nosotros se lo permitimos. Es verdad también que Dios está obrando en nosotros para cumplir su propósito en nuestras vidas. No estamos solos en medio de todas esas tribulaciones.
Cometes un error si piensas que si te quedas en casa sin hacer nada Dios te va a sustentar. Dios es maravilloso y puede hacer cualquier cosa, pero para comer Dios nos manda a trabajar. El que no quiera trabajar, tampoco coma. Eso os he enseñado decía el apóstol: “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad” (Ef 4. 28). Si Dios te envía a hacer algo estás por su cuenta. Hasta los cuervos le llevaron alimentos a Elías, pero si ese no es el caso a trabajar, que trabajando también se honra a Dios y se puede testificar del Señor.
Continuará…
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