En una ocasión los principales sacerdotes trataron de prender a Jesús y los alguaciles regresaron diciendo: ¿Cómo podemos apresarle si jamás hombre alguno ha hablado como ese hombre? Ahora Jesús les decía a sus discípulos que no iba a estar más con ellos, que se iba, y que a donde iba, ellos no podrían ir. La vida con Jesús era mucho más fácil. Eso se aprende después de tomar dos o tres decisiones cruciales. Ellos decidieron dejarlo todo y seguirle. Dejarlo todo. Dejar mi casa, mi trabajo, mi negocio, esa carrera que tanto esfuerzo me ha costado. Es difícil, muy difícil porque a todos nos gusta pisar un terreno firme. Pero que no te quepa duda. El terreno más firme que podemos pisar, es el camino de Jesús, aunque no lo parezca y no lo percibamos así.
Cuentan que una joven se iba de misionera para China a comienzos del siglo XX. Esta joven tenía una cierta preocupación sobre como podría ella sostenerse económicamente allá tan lejos. Un amigo suyo le hizo reflexionar. Esa no es tu mayor preocupación. ¿Dios te llamó para que fueras a China a predicar el evangelio? Sí, estoy segura –contestó ella. Pues si estás segura de que Dios te llamó, tu sostén es un asunto de Él. Si es un asunto cuya responsabilidad está en las manos del Altísimo. Mi hermano, ¿en que mejores manos podría estar? Los discípulos lo fueron aprendiendo poco a poco. Cada vez que Jesús les decía que hicieran algo y ellos lo hacían, ellos experimentaban la bendición de Dios.
Jesús los mandó de dos en dos a anunciar el reino de Dios y les orientó que no llevaran nada para el camino, ni alforja, ni dinero, nada. Nada le faltó. Es seguro confiar en Jesús. Es en sus manos donde mejor podemos estar. Estos discípulos lo vivieron. Estuvieron a su lado en todo el ministerio terrenal y habían experimentado el poder de Dios. Quizás no fueran sus vidas envidiables desde el modo de pensar del mundo, pero caminar con el Señor conversar con Él, hacerle preguntas. Sentir más allá de toda duda su cuidado y su protección. Pero había llegado la hora, Jesús lo sabía y se los hace saber. Estaba a punto de ser apresado. Estaba a punto de dejarlos en el mundo para sentarse a la diestra de la Majestad en las alturas.
Este pasaje es muy lindo. Comienza con la frase que hemos comentado y que puedes escuchar en medio de ese problema que tienes: No se turbe vuestro corazón. Tráela a tu mente. Hazla una oración y una alabanza en los momentos críticos. Estoy triste Señor. Este problema me afecta pero tú me dices que no esté turbado. Yo te alabo y te bendigo, mi confianza está puesta en ti.
Este pasaje es tan vigente hoy como lo era hace casi dos mil años. En la casa de mi Padre muchas moradas hay. En la casa de nuestro Padre hay morada para ti y para mí. Tú y yo tenemos casa en el reino de Dios. Donde esté Jesús allí vamos a estar nosotros también. ¿Cuantas personas hay hoy en el mundo que no albergan la menor esperanza de algún día poseer una casita que sea suya? Pero tú y yo tenemos casa en la nueva Jerusalén.
El Señor nos promete todo. Vida eterna, casa, salud, felicidad, su presencia. Así los alienta el Señor. No dejes que nada te perturbe, confía. En estos momentos no pueden estar conmigo, pero volveré a buscarlos y siempre estaremos juntos.
Continuará…
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