En cualquier área de la vida es fundamental que todos los implicados puedan trabajar juntos tributando a un objetivo común. Si no es así, lo que sea que se esté haciendo está prácticamente condenado al fracaso, o por lo menos los resultados nunca van a poder ser todo lo satisfactorio que pudiera ser.
Imagina una empresa moderna. Un restaurante por ejemplo. Allí se trabaja a rumbo. La administración quiere una cosa pero los ejecutores no están claros y ellos hacen lo que saben hacer. No tienen idea de los recursos con que cuentan. Quizás cocinaron hoy cien deliciosos platos de fricasé de pollo, pero un día como hoy normalmente no pasan de veinte los clientes que consumen pollo en fricasé. Si no hay una adecuada comunicación entre las partes. Si no se adecuan convenientemente las partes, la quiebra es un hecho seguro.
Un gobernante tiene un programa de gobierno y dice sus metas, pero los gobernados no tienen claro para nada como se van a lograr esos resultados. Ellos harán lo que mejor les parezca porque no consideran viable el proyecto que le están ofreciendo, no son una parte real en esa obra. Y si la parte más débil institucionalmente hablando, porque en realidad es la más fuerte, se siente menospreciada, no se tiene en cuenta para nada. Jamás te consulto nada porque considero que no tengo que hacerlo o si lo hago lo hago solo para cumplir un formalismo; créanme: Jamás harán nada que sea imperecedero.
Pero eso no pasa en la iglesia. ¿Estás seguro?
La recomendación es simple: Si debes trabajar en equipo has todo lo que esté a tu alcance para que tu equipo sea parte de lo que estás haciendo. Jesús es el mejor maestro y el mejor ejemplo: “Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer” (Jn 15. 15). El liderazgo cristiano es para servir, nunca para ser servido ni para enseñorearse del pueblo. Dios no es Dios de confusión. Él quiere que todos estemos preparados sirviendo, multiplicando, creciendo.
Que Dios te continúe bendiciendo.
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