El mundo brilla pero con un brillo falso. El único que puede llenar el corazón humano es Jesucristo. Es el Señor porque fuimos creados por Él, fuimos hechos así. No lo puede llenar una posición social, no lo puede llenar el dinero, no lo puede llenar nada, no lo puede llenar una carrera brillante. Solo Dios.
En el capítulo 20 del libro de los Hechos de los apóstoles se narra un pasaje muy interesante. Están reunidos todos escuchando a Pablo que les hablaba. Pablo debía partir al día siguiente y sabía que no les vería más pues en Jerusalén le esperaba la prisión. El Espíritu le había revelado las tribulaciones que le aguardaban. Pablo tenía muchas cosas que enseñarles. La gran comisión de Jesús tiene dos partes. Predicar el evangelio y enseñarles a estos nuevos discípulos como se vive la vida cristiana. Como vive un cristiano de una manera práctica. Eso hacía el apóstol. Pero en aquel aposento alto, en un tercer piso había un joven sentado en una ventana.
Pasan los años y los jóvenes con unas u otras diferencias tienen características similares. Este joven podía estar en cualquier otro lugar de ese aposento pero no. Él se fue a sentar en el marco de una ventana, despreciando el peligro. A los jóvenes no les gustan las reglas. Lo digo por propia experiencia, a mí nunca me han gustado. Recuerdo cuando estaba becado después de la secundaria. Era prohibido salir de la escuela. Pero a 200 metros había una piscina en un centro recreativo. Imagínense. Una piscina a 200 metros. Los del centro recreativo te dejaban bañar en la piscina. La prohibición era solo por la escuela. Yo decía: ¿Quiénes son estas personas para prohibirme nada? Nos escapábamos en las noches para bañarnos y entrábamos a la escuela por los huecos que hay en los pasos de escalera, debajo del piso. Pero uno no siempre tiene claras las consecuencias de las cosas. En aquella piscina casi se mata un joven en uno de esos juegos que se suelen hacer en el agua y a veces se salen de control. Se dio en la cabeza con el borde de la piscina y pudo haberse muerto. No murió, pero un tiempo después otro muchacho no corrió con la misma suerte al recibir un disparo en la cabeza. A un custodio se le escapó el tiro y fue directamente a quitarle la vida a aquel joven.
A veces nos creemos que nos las sabemos todas. Nadie se las sabe todas. Solo Dios. Pero no nos gustan las reglas. No era un viejito el que estaba sentado en la ventana. Esas son cosas que hacen los jóvenes. Me siento en la ventana para tomar aire fresco. Este sermón está demasiado largo.
No podemos saber lo que Eutico estaba pensando aquella noche. Tal vez estaba muy cansado de un largo día de trabajo. Pero un cristiano oyendo la Palabra de Dios, no un sermón improvisado, no palabras elocuentes prefabricadas para impactar a las multitudes. Palabras salidas de la boca de un hombre que recibió el evangelio de Jesús mismo. Un hombre ungido de tal manera que los paños que usaba los ponían sobre los enfermos y estos sanaban. Un testigo de primera mano del poder de Dios, de las cosas que Dios hace. Un cristiano no suele dormirse en una situación así. Me atrevería a especular que Eutico en aquella noche no estaba pensando en Jesús. ¿Cuando este judío loco va a terminar de hablar? Dice que un tal Jesús que había estado muerto pero que ahora está vivo, que locura. Con lo bueno que debe de estar el partido del Barcelona. Seguro que hoy en la novela Eduardo Antonio le da un beso a María Cristina y se entera Carlos David.
La fe viene por el oír la Palabra de Dios.
Continuará…
Abr 25
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