Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él (Pr 22.6)
Estas son palabras que encierran una gran sabiduría. Son verdad desde un extremo al otro de la frase.
Existe una gran preocupación y muchos materiales y artículos lo reflejan con respecto al hecho de que los jóvenes cristianos, nacidos y criados en la iglesia, están abandonando la fe que heredaron de sus padres. Llegan a cierta edad y sencillamente se van. Por supuesto que no es así en todos los casos pero sí en un nivel demasiado elevado como para pasar alto una situación así.
Nosotros estamos seguros de una cosa: No han conocido a Dios. Si hubieran conocido a Jesús, no dejarían de lado la fe. No seguirían sus propios caminos. Es imposible conocer a Jesús y permanecer indiferente.
Dios no está en el centro de sus miradas. Pasa cuando Dios no es más que cosas aprendidas. Tradiciones, fechas por celebrar, días de culto. Los niños están en la escuela dominical. Los pasan al frente y se les hace cantar alguna que otra canción de niños y “accionan” según su maestra les enseña acorde con la letra que están cantando. Los niños mayores ni cantan ni accionan porque ya ellos están grandes para esas boberías. No nos cansamos de repetirlo: Es necesario conocer a Dios, porque Jesús no es una religión.
Es increíblemente cierto que lo que los niños aprenden en la niñez desde amarrarse los cordones de los zapatos hasta patrones de conducta, los pondrán en práctica en su vida cotidiana; ya sean buenos o malos.
Un niño criado en un barrio marginal donde todo el mundo bebe, su padre golpea a su madre, tradicionalmente robar es la forma en que se traen los alimentos a la casa, es muy probable que muchas de estás cosas sean parte de su vida una vez sea mayor. Conocer a Dios es lo único que puede verdaderamente revertir esa situación.
Un niño criado en un hogar cristiano, con un horizonte bastante limitado, donde sus diversiones son únicamente las actividades que se puedan planificar en la iglesia. Sus padres lo mismo van a la iglesia que no, según sus deseos. Lo mismo llegan tarde a los cultos que no, porque llegar temprano no es una prioridad, o únicamente lo hacen cuando tienen participación en el culto o ellos son los organizadores de la actividad. Es muy difícil, a no ser que el niño-joven se quebrante delante del Señor y deje a Dios obrar, que para él sea importante ir a los cultos o llegar temprano. Si únicamente ha vivido una vida de apariencias, a medida que va creciendo o chocando con el mundo, experimentando nuevas realidades, todo su sistema de vida se tambalea. Y muchas cosas importantes se ponen en peligro. Conocer a Dios es lo único que puede verdaderamente revertir esa situación.
Si Dios es parte real, fundamental, de un hogar. El niño es enseñado en su camino, de una manera teórica y práctica. Adquirirá conocimiento y obrará de acuerdo con lo que ha aprendido. Por ejemplo: Es necesario comprar unos zapatos porque los que tiene el niño para ir a la escuela se rompieron antes de lo planificado. No hay dinero para hacer ese gasto. Los padres en primer lugar oran al Señor. Luego aparecen las opciones. Una es vender unos productos que un vecino sustrae del lugar donde trabaja; la otra es trabajar duro un par de horas más hasta satisfacer la necesidad. Si la familia opta por el trabajo duro, opta por confiar en el Señor y no sacrifica su fe por nada. Eso es lo que aprenderá este niño. Eso es lo que vivirá este joven. Cuando crezca ya estará acostumbrado a ver como Dios obra en su vida. Será agradecido de lo que Dios le ha dado, valorará las cosas que de verdad son importantes. Y podrá decir NO con fuerza a las ofertas que sin duda vendrán para separarlo de Jesús.
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