“…y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jer 29. 13).
Se puede sentir la satisfacción cuando uno lee una Palabra como esta. “Me hallaréis”. El hombre siempre está buscando algo. Siempre está tratando de alcanzar alguna cosa. Siempre hay deseos, aspiraciones que se manifiestan en nosotros de una manera bien palpable. Nunca estamos satisfechos, siempre falta algo. Por si fuera poco, el mundo moderno está diseñado para que entres a una tienda y no te vayas de allí sin comprar algo. Los norteamericanos, por ejemplo, entran a un supermercado y probablemente salgan de allí con un carrito lleno de cosas que realmente no necesitan.
Hace unos días conversaba con un amigo, y me comentaba como eran de diferentes las cosas, la manera de vivir en los Estados Unidos. Me hablaba que generalmente la familia estaba reducida a un núcleo muy estrecho. Esposos, hijos. Los padres y los hermanos, si bien son familia, cada cual anda por su rumbo. Los ancianos son enviados a los Home y reciben muy poca atención de la familia, atención física y espiritual quiero decir. La vida les impone un ritmo. Aunque lo deseen se encuentran atrapados en esa vorágine que no les permite hacer otra cosa. Mi amigo me decía que si trabajas en algún lugar y allí todos usan el auto del año; cambian los muebles todos los veranos; visten de traje y corbata y corbatas caras; no es bien visto quien no lo hace. Puede que pienses que tus muebles, tu tv, tu auto están bien, funcionan bien, no es necesario gastar ese dinero de esa manera. Las personas que te rodean te van a obligar a cambiar. Porque si no tienes, no usas, no compras, o no caminas así, eres inferior. No estás a la altura. Yo le decía que eso es en todas partes. Muchas personas muy pobres en ocasiones se quejan de que en nuestras congregaciones parece que hay un desfile de modas y las personas se encuentran en una disyuntiva. O te esfuerzas para “competir”, o te vas, o no dejas que esas cosas te afecten independientemente de lo que puedan decir de ti.
Lo cierto es que aquí, allá, en cualquier lugar, las personas hacen lo imposible tratando de encontrar algo que los llene. Piensan a veces que la ropa, los zapatos, la comida, ir de vacaciones a un buen lugar les va a satisfacer. Y lo hace a veces, pero dura realmente muy poco. Esto que te voy a decir ahora ya lo has escuchado antes: El único que puede satisfacer al hombre es Dios.
La buena noticia es que puede ser encontrado. Jesucristo ha abierto un camino. Jesús es el camino. Y es maravilloso saber que el todopoderoso, el Rey de reyes y Señor de señores ha prometido que si le buscamos de todo corazón le vamos a encontrar. Dios no miente. Su Palabra es verdad.
Jeremías escribió a un pueblo que había sido llevado en cautiverio como castigo por sus malas obras. El Señor les dio instrucciones sobre como hacer las cosas mientras durara el cautiverio. A causa de la aflicción, a causa de la disciplina, ellos dejarían a un lado las apariencias y le buscarían de verdad. No es de labios. Es de corazón.
Nada puede sustituir al Señor. Ninguna riqueza, ningún bien material. Ningún reconocimiento humano. Ojalá podamos expresar como dijo el salmista: “Y fuera de ti nada deseo en la tierra”. Con el Señor lo tenemos todo. Nada nos falta. Cree su promesa. Búscale. No te vas a arrepentir. Conocer a Dios es la esencia de la vida del hombre. Sin Él nada tiene sentido.
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