El Señor está ahí

¿Existe Dios? Esa pudiera parecer una pregunta sin sentido, teniendo en cuenta que estás páginas están destinadas a brindar reflexiones, enseñanzas, palabras de ánimo que nos acerquen cada vez más a Jesús, que nos brinden esperanza, que nos permitan conocer a Dios. Pero sucede que por desgracia muchas personas en este mundo no creen que Dios exista, o por lo menos lo niegan rotundamente. Piensan que la vida, el universo, todo lo que existe es el resultado de la casualidad. Leyes sin dirección ni sentido que operaron durante millones de años para dar lugar a lo que hoy podemos ver y conocer. Nadie que se encuentre en el medio del campo un reloj, tan solo por poner un ejemplo, pensaría que ese reloj, con una maquinaria tan bien ajustada, exacta, correcta, es fruto de la casualidad.

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto,  pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él,  su eterno poder y deidad,  se hacen claramente visibles desde la creación del mundo,  siendo entendidas por medio de las cosas hechas,  de modo que no tienen excusa” (Ro 1. 18-20). Son los mismos hombres los que detienen con injusticia la verdad. Pero el poder de Dios se hace claramente visible por medio de las cosas hechas. Donde quiera que enfoquemos la vista podremos ver la mano de Dios. Un diseño perfecto.

El universo es sumamente complejo y a la vez preciso. Nuestro sol se encuentra a una distancia exacta. Un poco más lejos y nos moriríamos de frío, un poco más cerca y nos asaríamos del calor. La luna igual. Los trastornos con las mareas serían increíbles. Todo eso es obra de la casualidad.

“Porque cuando los gentiles que no tienen ley,  hacen por naturaleza lo que es de la ley,  éstos,  aunque no tengan ley,  son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones,  dando testimonio su conciencia,  y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos…”(Ro 2. 14-15). En la mayoría de las oportunidades el hombre sabe si lo que está haciendo está bien o está mal. Prácticamente en todo el mundo las personas entienden que robar está mal, que mentir, matar, adulterar, están mal, pero aun así son práctica cotidiana de sus vidas.

Muchas personas ante el cadáver de un joven amigo se ha llegado a preguntar: ¿Es esto la vida? No hay nada más que envejecer y volvernos un cadáver. El mismo José Martí llegó a decir que si la vida que conocemos es lo único que existe, somos la criatura más digna de conmiseración sobre la tierra.

Hombres realmente brillantes, mentes prodigiosas han llegado a concebir ideas tales como que no existimos realmente, que todo es una ilusión. La Biblia lo dice: “Profesando ser sabios,  se hicieron necios”.

Es imposible reproducir a Dios en un laboratorio. Condición necesaria para validar científicamente cualquier teoría. La ciencia no puede demostrar la  existencia de Dios, pero por la misma razón tampoco puede demostrar lo contrario.

Pascal, uno de los más eminentes matemáticos y físicos de su tiempo, aplicando el pensamiento lógico científico afirmó algo muy interesante: Es razonable tener fe, aunque nadie pueda demostrar la existencia o inexistencia de Dios; los beneficios de creer en Dios, si efectivamente existe, superan con mucho las desventajas de dicha creencia en caso de que sea falsa.

 

Dios está mucho más cerca del hombre de lo que él puede imaginar.

Estas son tan solo unas palabras para comenzar el año, con el deseo de que el Señor nos visite, nos bendiga, pueda llegar a muchas vidas que no le conocen de ninguna manera y pueda estar cada día más cerca de nosotros, reinando desde el mismo centro de nuestros corazones.

 

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