Independientemente a todo: Obedece (1)

Yo no sé si usted habrá tenido la oportunidad de leer por completo el capítulo 28 de Deuteronomio. Le invito a que lo haga. Usted comienza a leer el capítulo y es una delicia a nuestros oídos. Bendito serás en la ciudad, bendito en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, de tu tierra, de tus bestias, la cría de tus vacas, los rebaños de tus ovejas. Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti. Dios te hará sobreabundar en bienes y en frutos. Todo esto es maravilloso, son promesas que uno bien puede entender. Bendiciones por todos lados. ¿A quien no le gusta estar bendecido? ¿A quien no le gusta que todas las cosas que emprenda le salgan bien? Es una maravilla. Hoy me voy a levantar temprano, voy a salir a la calle, voy a bajar las escaleras de la casa y los vecinos me van a decir buenos días. Voy a ir al mercado y voy a encontrar lo que busco a buen precio. Me voy a pasar todo el día contento porque todo sale bien, todo funciona, todo fluye. No voy a tener problemas en el trabajo. ¡Que bueno es eso! Algo así es lo que está prometiendo este capítulo 28 para el pueblo de Dios. Pero no es gratis. Depende de la obediencia. Dios le prometió a su pueblo todas estas cosas como resultado natural de su obediencia. Y no se termina ahí el capítulo. Si todas estas cosas eran por obedecer, por desobedecer era todo lo contrario. Maldición, Tisis, fiebre, inflamación, ardor. Nada contará con su respaldo.

Nunca el Señor le dice nada a su pueblo que no sea para bien. Dios nos hizo para que funcionáramos de una manera perfecta. En obediencia. Deuteronomio 28. 67 nos dice: “Por la mañana dirás: ¡Quién diera que fuese la tarde!  Y a la tarde dirás: ¡Quién diera que fuese la mañana!  Por el miedo de tu corazón con que estarás amedrentado,  y por lo que verán tus ojos”. No sé si en algún momento has escuchado una frase que se pareciera a esta, de alguien que no se siente bien por cualquiera que sea la causa. ¡Si llegara la noche! ¡Si fuera de día! Este pasaje está describiendo a una persona que vive sin propósito, sin objetivos en la vida, tan solo sobreviviendo.

Hoy en día, al menos en nuestro medio, nuestra vida no corre peligro por el simple hecho de ser cristianos. Sí estamos en medio de un pueblo extraño, porque nosotros no somos de este mundo. Somos extranjeros en medio de él. Pero, ¿deberíamos sentirnos como se siente esta persona del pasaje? ¿Deberíamos sentirnos abatidos, desfallecidos, apesadumbrados, inseguros, inconformes, sin reposo?

Es bueno meditar en estas cosas. A menudo se piensa hoy, por desgracia, que porque a una persona le vaya aparentemente mal en la vida, esa es una persona que está en desobediencia. Es una persona que está siendo castigada por pecados ocultos que tiene, pero Dios no juzga las cosas así. Dios no juzga por lo que se ve con estos ojos. Dios juzga desde lo más profundo, lo que solo Él puede ver. A muchas personas les va bien porque no tienen escrúpulos en las cosas que hace. Con tal de lograr lo que quiere, hace lo que tenga que hacer, aunque para eso tenga que pasarle por encima a quien sea.

¿Adonde queremos llegar? La Palabra de Dios no se contradice. Es posible tener todos los bienes materiales habidos y por haber y no encontrar reposo. Es posible no tener prácticamente nada a los ojos de los hombres y disfrutar de una paz, una alegría, una seguridad verdaderamente increíble. ¡Que bueno que es de mañana! ¡Que bueno que es de noche! Este es el día que ha hecho el Señor y el Señor me ha bendecido. No se ha dicho que no vayan a venir sobre nosotros situaciones que pretendan afligirnos. Jesús dijo: “En el mundo tendréis aflicción, más confiad, yo he vencido al mundo”.

Continuará…

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