Dios envía su Palabra con el objetivo de mostrarnos el camino correcto. Si vamos bien, nos lo hace saber. Si vamos mal, nos habla para que rectifiquemos el rumbo. “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (He 4. 12). Dios nunca ha dejado de hablar. Pero lo que deberíamos preguntarnos sería: ¿Estamos escuchando? Dios dice: Búscame. No importa si fue mediante una profecía, una predicación o una enseñanza. Si tú sabes bien que no estás orando y buscando el rostro de Dios, no te pueden quedar dudas. Dios te está hablando. Debemos quebrantarnos y rectificar. Si seguimos igual, inmunes a la Palabra de Dios, no esperes cambios significativos.
La vida cristiana es práctica. No se trata de ir a ningún lugar. Congregarse es muy bueno. Es una fiesta poder estar juntos en armonía, adorando a nuestro Dios. Pero no somos cristianos solo en la congregación. Somos discípulos de Cristo en nuestros hogares, en el trabajo, en la escuela, en la calle, en nuestro vecindario. Nos congregamos para juntos celebrar, adorar, ministrarnos los unos a los otros. Pero el simple hecho de ir, realmente no significa nada. Hay personas que piensan que por ir a la iglesia los domingos y dejar una ofrenda monetaria ya son cristianos. Los cristianos son discípulos de Cristo. Se dejan enseñar por Dios. Aplican las enseñanzas de Jesús en su vida. Actúan según las enseñanzas de su Maestro. Se pueden equivocar, pero son sensibles a la disciplina del Señor, son sensibles a la voz de Dios. Conocer y experimentar el amor de Dios, vale realmente la pena.
Dios ha amado tanto a este mundo que ha enviado a su Hijo a nacer en un pesebre, que le ha sacrificado, que ha hecho silencio mientras le golpeaban, le humillaban, le colgaban en la cruz. Para que todo aquel que en Él crea no se pierda, sino que tenga vida eterna. Ese Dios si salva, ese Dios si pelea. A ese Dios no le interesa si el ejército enemigo, es grande o pequeño. Ese Dios ha dicho que no serán avergonzados todos los que en Él creyeren. Ese Dios no es de palo, piedra, o metal.
Un servidor de Dios busca la dirección de Dios, se humilla, se mantiene firme cualquiera que sea la circunstancia. Cuando Jerusalén estuvo rodeada por el poderoso ejército asirio, el pueblo de Dios nada tuvo que hacer. El Ángel de Jehová salió y les hizo pagar bien caro el atrevimiento (2 R 18, 19). Dios peleó por ellos y les dio una vez más la victoria. Esa es la historia del pueblo de Dios. Cuando pelea con las armas de Dios, humilde, con un corazón contrito, vence. Cuando se aleja de Dios y hace las cosas a su manera, cae derrotado.
Dios es real, obra a tu favor, te defiende, te ayuda. Es poderoso para hacer las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos. Él siempre tiene el control.
El enemigo te quiere abatido, sin esperanzas, porque sabe que tu testimonio es valioso. Cada día que vives honestamente, glorificando a Dios, privándote quizás de muchas cosas que el mundo obtiene con relativa facilidad, porque no se detiene ante nada. Cada día que vives glorificando al Señor, rechazando negocios ilícitos, relaciones íntimas prohibidas y muchas otras cosas más. Haciendo el bien. Es una victoria y estarás aportando tu granito de arena en el reino de Dios. El enemigo sabe eso y no quiere tu prestigio. Quiere una iglesia sin prestigio, con un mensaje sin vida, sin gracia, sin amor. Quiere que vivas una vida cristiana a medias. Sin poder.
A pesar de que tengas batalla y el enemigo te aseche, puedes estar seguro de que hoy, en pleno siglo XXI, el Ángel de Jehová sigue acampando alrededor de los que le temen y los sigue defendiendo. No hay dudas de que eres un vencedor por medio de Aquel que nos amó y nos ama con un amor tan increíble y que no va a detener en ti la buena obra que empezó hasta el día de Jesucristo. Puedes estar seguro de que las aflicciones del tiempo presente no son nada comparadas con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.
Presta atención. El Señor sigue hablando.
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