En ocasiones llegas a sentir que no tienes fuerzas para enfrentar al enemigo y puede que tengas razón. Si te sientes derrotado puede que te esté faltando algo. Para poder resistir en el día malo, en el día difícil debes ponerte la armadura de Dios. Ceñidos con la verdad, acorazado con la justicia, viviendo el evangelio. Viviendo por fe y no por vista. Para cuando vengan los dardos de fuego del maligno los puedas apagar con la fe y la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios.
Hermano si vives sin fe, si vives por lo que pueden ver tus ojos, tu estado va a depender de las circunstancias. Si todo va bien, si todo te sale bien, estás bien arriba, fuerte. Listo para comerte el mundo. Si las cosas no te están saliendo bien, entonces estás por el suelo. La fe viene por el oír y no cualquier cosa. La fe viene por el oír la Palabra de Dios. Hay etapas buenas, hay etapas malas. Lo importante es que estés en Señor luchando. Quizás la mejor descripción de este asunto la da el profeta Habacuc, cuando dice: “Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación”. El profeta está diciendo: No importa que me falte todo, que no haya de nada. Yo me gozaré en el Dios de mi salvación.
No importa lo que esté sucediendo. No importa que un ejército acampe contra ti. No importa que aparentemente estés solo como se sentía Elías cuando se echó junto al enebro. Que muchos te abandonen como le hicieron a Pablo en algún momento de su vida. Que no te entiendan y nunca te escuchen, como le hicieron al profeta Jeremías. Ninguno de ellos estaba solo. Había miles que no habían doblado rodillas delante de Baal. Pablo fue fiel hasta la muerte y tiene garantizada la corona de justicia. Jeremías cumplió y todas sus profecías se han cumplido y es un héroe de la fe que un día vamos a conocer personalmente.
La lucha es inevitable. La confrontación es inevitable, pero tu actitud ante la confrontación, ante la batalla va a determinar muchas cosas. Pelea con las armas de Dios y nadie te podrá avergonzar, nadie te podrá derrotar. Pero si no te pones la armadura, no vas a aguantar las intrigas del maligno. Si no lees la Biblia no te edificas, no creces, no aumenta tu fe. A la primera tormenta te hundes, te ahogas, caes vencido.
No siempre nos sentimos bien. A veces estamos afligidos. No pierdas tiempo, aprovecha y ora. Dobla tus rodillas y clama a Dios, busca su rostro y deja que te ministre. Dios no quiere que te quedes a medio camino. Dios quiere que experimentes su poder, que confíes en Él, que resuelvas tus problemas según Él. Dios quiere que espantes de tu vida la mediocridad.
No importa lo que te hayan dicho ni quien te lo haya dicho. Si eres un hijo de Dios estás destinado a grandes cosas. No importa tu nivel académico, tu origen, si eres alto a bajo, blanco o negro. Si Dios está contigo, nadie te puede detener. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida.
Prácticamente ninguno de los apóstoles hubiera clasificado para servir, según los estándares de hoy en día. Pescadores, campesinos curtidos por el sol, mujeres que fueron prostitutas, cobradores de impuestos. No permitas que nadie te diga que no sirves. Jesús nació en Belén y murió en el Calvario para que tú y yo. Con los que nadie cuenta, porque estamos cortos, algo nos falta a los ojos de los hombres, marquemos la diferencia. Seamos la sal y la luz de esta tierra. Proponte cosas bien difíciles. Recuerda que Dios es el Dios de los imposibles.
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