Se trata de responsabilidad, no de placer.

“Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros,  y por los que están en Laodicea,  y por todos los que nunca han visto mi rostro; para que sean consolados sus corazones,  unidos en amor,  hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento,  a fin de conocer el misterio de Dios el Padre,  y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col 2. 1-3).

 

El apóstol Pablo sentía responsabilidad por las personas que habían creído en el Señor. Esos hermanitos que habían sido receptivos al mensaje del evangelio. Sin importar donde estuvieran y ni siquiera si habían visto o no su rostro. Él estaba luchando por ellos. Él estaba intercediendo por ellos y si se hacía necesario les amonestaba enseñándoles las cosas que debían conocer. Esa es una labor admirable. Cuidar, proteger, interceder, luchar por las personas que han sido puestas bajo tu cuidado. Enseñarles a caminar por la vida bien agarrados de la “Roca Fuerte”, porque todos debemos alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, para conocer el misterio de Dios.

Nosotros hoy vivimos por fe, no por vista, pero no cabe dudas de que podemos “alcanzar” grandes cosas. Podemos experimentar la obra de Dios en nuestra vida. Podemos ser consolados. Debemos caminar unidos en amor. Hay mucho que no sabemos de Dios, pero la revelación que hoy tenemos es exactamente  lo que necesitamos saber. Hay mucho de que preocuparse en estos tiempos. Pero las personas deben ser la prioridad. Las almas deben ser la prioridad.

Quisiera que meditaras en el interés de Pablo de que los colosenses supieran que él estaba luchando por ellos, que él se preocupaba por ellos. Eso pudiera parecer a simple vista un deseo de ser reconocido. Pudiera parecer que Pablo deseaba el reconocimiento, la gratitud, de estos hermanos. Evidentemente, el mismo Pablo está confesando que él tiene una lucha bien grande por estos hombres. Recuerda que independientemente de que Pablo es el autor, el Espíritu Santo le está hablando a la iglesia. El Espíritu Santo le está mostrando a la iglesia de que no todo se trata de nuestros problemas, de nuestras carencias, de nuestras aspiraciones, de nuestras luchas. También se trata de las luchas, las aspiraciones, carencias y problemas de los demás. Y sobre todo de las personas que Dios ha puesto bajo nuestro cuidado.

Siempre o casi siempre el hombre desea posiciones de privilegio. Recuerda cuando Jacobo y Juan (Mt 20) querían estar uno a la derecha y el otro a la izquierda del Señor. Ellos plantearon su petición y los diez que no habían planteado nada se enojaron con ellos. ¿Por qué? Puede que para los no cristianos esto sea lo normal. Una buena posición, privilegios, reconocimientos. NO para los cristianos. Las posiciones para los cristianos si tienen que ser de privilegio, pero el privilegio de servir, el privilegio de sacrificarse, el privilegio de gastarse cada día por el Señor y por aquellos por quien Cristo murió que están bajo tu responsabilidad.

El líder cristiano tiene que poner todo su empeño en la lucha por las personas que están bajo su cobertura, para consolarlos, para unirlos, para ayudarles a crecer. No es un crimen desear una responsabilidad. Pablo nos dice en 1Tim 3, que si alguien desea ser obispo, buena obra desea. No se le reprocha a nadie el deseo de ser obispo. Es bueno que quieras ser obispo. Pero es bueno que sepas que Dios no quiere obispos que vivan como reyes. Dios quiere obispos que se estén acercando a Él constantemente. Dios quiere que tengan una conducta intachable. Dios quiere que los no cristianos no tengan argumento alguno con el que puedan señalar a sus obispos.

Recuerdo cuando era adolescente, recién convertido, que junto con otro joven hermano a cada rato decíamos: Cuando yo sea pastor y tenga un carro… Era un deseo sin malicia alguna. Conocíamos a varios renombrados ministros, predicadores de la Palabra, que junto a su servicio y para él, disponían de un automóvil. A nosotros nos gustaba manejar y nos gustaba el evangelio. Era una asociación natural. Evidentemente no tenía idea de lo que Jesús piensa y quiere de los pastores. Sirviendo al Señor, de forma anónima, hay muchos hombres y mujeres que probablemente nunca tengan un auto. No importa si son dos, tres, o cien las ovejitas que cuidan. Lo que importa es que las cuiden, las defiendan, les enseñen y siempre, siempre, estén luchando por ellas. Que Dios te continúe bendiciendo.

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.