Debes orar siempre sin desanimarte.

“También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre,  y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez,  que ni temía a Dios,  ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda,  la cual venía a él,  diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo;  pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios,  ni tengo respeto a hombre, sin embargo,  porque esta viuda me es molesta,  le haré justicia,  no sea que viniendo de continuo,  me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos,  que claman a él día y noche?  ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia.  Pero cuando venga el Hijo del Hombre,  ¿hallará fe en la tierra?” (Lc 18. 1-8).

Nadie mejor que el Maestro de maestros para decirnos las cosas que debemos aprender. Las cosas que debemos hacer.  Este pasaje nos muestra tal y como se nos dice con total claridad, que es necesario orar siempre y no desmayar.

Mientras nos acercamos al día del Señor seguimos viviendo en un mundo caído, alejado de Dios pero que se empeña en mostrarse bueno, agradable, atractivo, insuperable. Sin embargo, independientemente de la falsa paz, y la engañosa bonanza no podemos olvidar que estamos en territorio enemigo y que estamos en guerra.

No se puede negar que hay una engañosa seguridad cuando se tienen bienes materiales y una economía solvente. Hay muchísimas cosas que no te preocupan. Pero nada puede superar ni de cerca, lo que Dios es y lo que Dios significa. Hay una tendencia a valorar la prosperidad como sinónimo del favor de Dios. Y la prosperidad es buena, si decimos lo contrario seguramente muchas personas se ofenderían. Pero cuidado, no logro a pesar de lo seductora que parece la propuesta que las Palabras de Jesús: “Porque donde esté vuestro tesoro,  allí estará también vuestro corazón” (Mt 6. 21) ó “Pero Dios le dijo: Necio,  esta noche vienen a pedirte tu alma;  y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro,  y no es rico para con Dios” (Lc 12. 20-21) ó “…la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lc 12. 15), concuerden con esta teoría. Una persona con una cuenta bancaria de muchos ceros y otra con una gran necesidad. El principio de Dios es este: “…sino para que en este tiempo,  con igualdad,  la abundancia vuestra supla la escasez de ellos,  para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra,  para que haya igualdad, como está escrito: El que recogió mucho,  no tuvo más,  y el que poco,  no tuvo menos” (2 Co. 8. 14-15).

Decimos estas cosas porque  hay muchas necesidades reales dentro del pueblo de Dios que se pueden solucionar si nosotros ponemos en práctica las enseñanzas de Jesús. Sea cual sea la situación que estemos enfrentando debemos aprovechar el momento para poner en práctica nuestra fe. Y orar. Dios tiene el control de todas las cosas. En la medida que nuestra relación con el Señor mejore, más vamos a confiar y nada nos va a amedrentar. No te desanimes y clama al Señor. Espera su respuesta. Dios responde a sus escogidos y les hace justicia. Y si tienes la oportunidad de hacerle un bien a alguien no dudes en hacerlo que por muy espirituales que seamos seguimos siendo de carne y hueso. Si llueve y no tenemos un buen techo nos mojamos. Si no tenemos que comer pasamos hambre. Y así con todas las cosas. Busca la manera de estar en sintonía con Dios y clama. Él no se tardará. No te dejes engañar por el mundo. No te encandiles que todo lo que brilla no es oro. “Y el mundo pasa,  y sus deseos;  pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1Jn 2. 17). “Conviértanse ellos a ti,  y tú no te conviertas a ellos” (Jer 15. 19). Tu ayuda viene de Dios, no de los hombres ni de tus propias fuerzas. Sigue orando y no te desanimes. Que Dios te continúe bendiciendo.

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.