Evita los favoritismos

“Hermanos míos,  que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida,  y también entra un pobre con vestido andrajoso, y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar;  y decís al pobre: Estate tú allí en pie,  o siéntate aquí bajo mi estrado; ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos,  y venís a ser jueces con malos pensamientos? Hermanos míos amados,  oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo,  para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? Pero vosotros habéis afrentado al pobre.  ¿No os oprimen los ricos,  y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales? ¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros? Si en verdad cumplís la ley real,  conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo,  bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas,  cometéis pecado,  y quedáis convictos por la ley como transgresores” (Stg 2, 1-9).

 

Hoy en día se suele decir que todo en el mundo se mueve por un interés. Que en dependencia de ese interés va a ser la diligencia, la calidad, el deseo de hacer las cosas. No vamos a entrar a discutir eso porque las palabras muchas veces se pueden acomodar de tal forma que puedan ser mucho más convenientes. Porque nosotros que amamos a Dios, le amamos porque Él nos amó primero, hizo y hace lo increíble para salvarnos, guiarnos, acompañarnos. Sabemos lo que ha prometido para los que le aman, sabemos que hay lugar para nosotros donde el Padre y cualquier cosa que hagamos puede catalogarse como  interesada, porque habría que ver cual sería nuestra actitud si el Señor no fuera para nosotros todas estas cosas: Salvación, perdón, esperanza, amor, vida eterna.

Es indiscutible que nuestro Dios es imparcial, que no tiene preferencias por nadie, que no hace acepción de personas. Pero es muy fácil hacer acepción de personas. Es muy fácil tener favoritismos. A veces sin darnos cuenta.

Hay un hermano, de esos con una condición de pobreza extrema, sin familia sin posibilidades de trabajar que constantemente estaba pidiendo ayuda a sus hermanos de la fe, de tal forma que a veces los hermanos se sentían importunados, porque no siempre se tienen todas las condiciones para ayudar y los problemas propios son muchos. En buena medida este hermano albergaba una profunda necesidad de sentirse amado. No malentienda, él no pedía dinero, ni comida, ni nada parecido aunque muy bien pudiera necesitarlos. Él pedía ayuda para que le arreglaran cosas de la casa. Bien pudiera ser una puerta, una ventana, una luz que no enciende. Cada vez que te veía en la calle o en la iglesia, te preguntaba: ¿cuando vas a ayudarme? Uno a veces se decía: Este hombre no se podrá dar cuenta de la cantidad de cosas que yo tengo que hacer. Le ayudamos cada vez que podemos. Ya le dijimos que íbamos a ir en la menor oportunidad y sin embargo el sigue insistiendo.

Realmente teníamos la intención de ayudarle, pero todos los otros asuntos eran importantes y lo cierto era que la ayuda se iba demorando y demorando. Pero un domingo, estaba físicamente cansado y quería descansar en la tarde tranquilamente en casa. Ya le había dicho una vez más que iba a pasar por su casa tan pronto pudiera, cuando otro hermano también me pidió ayuda. Este hermano era mucho más distinguido, de posición, pudiera decirse. Un hombre solvente económicamente. Lo cierto es que aun sin esperar nada del hermano y la ayuda ser totalmente desinteresada. Esa misma tarde le ayudamos a resolver su problema. Estábamos preparándonos para ir a ayudarle cuando recordaba la insistencia del otro hermano y no me daba cuenta de nada, porque realmente pudiera haber ido a su casa en esa tarde de domingo. ¿No había decidido ayudar al otro que lo había pedido una sola vez? El Señor me llamó la atención y me corrigió. En un instante todo estuvo claro. No tengas favoritismos. El cansancio era cierto, el poco tiempo también, pero a pesar de eso para uno encontramos el espacio y la posibilidad de sacrificarnos, para el otro no. Eso es acepción de personas.

Medita en tu vida y en tus acciones. Deja que el Señor te guíe.

Que Dios te continúe bendiciendo.

2 comentarios

  1. Muy bueno este mensaje, suele ser así casi siempre en un 95%. Dios continue bendiciendo este blog y a las personas que en el trabajan, lo pondré en oración. Slds.

    1. Hola Miguel, que el Señor te bendiga. Contentos por tenerte nuevamente por acá. Muchas gracias por las oraciones. Un abrazo.

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.