Los niños necesitan de nosotros.

Nunca como ahora los niños han estado corriendo riesgos tan graves. Los niños hoy, en todo el planeta según el lugar donde vivan, están corriendo, padeciendo, sufriendo en carne propia, los más disímiles peligros. Desde que leí en el periódico Juventud Rebelde el artículo “¿Y el candor?”, de la periodista Alina Perera (http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2015-10-03/y-el-candor) estaba por escribir sobre los niños. No había podido hacerlo hasta hoy. Me pareció muy correcta la publicación de una opinión como esa y muy necesaria en los tiempos que estamos viviendo. Creemos indispensable para resolver un problema primero reconocerlo. Si no se reconoce el problema es muy difícil que se pueda corregir. Desde luego nuestra visión se centra en algo muy importante que no se puede pasar por alto: Dios. El Señor tiene que  ser el centro de toda ecuación. Nos empeñamos de mil maneras para encontrar las respuestas pero sin Dios, los resultados no pueden ser otros que falsos.

Los niños son vulnerables en todos los sentidos. Ellos no les piden a sus padres que los traigan a este mundo. Heredan un medioambiente sobre el cual ellos no tienen parte alguna. Nacen en cualquier lugar del mundo. En medio de una guerra civil, en un lujoso hospital, en un desierto africano sin las menores condiciones para vivir. Dependen de sus padres para todo. De sus padres obtendrán en la mayoría de los casos los patrones de vida por los que se guiarán durante toda su existencia a no ser que el evangelio de Jesucristo llegue a sus vidas. Los problemas son independientes de la geografía, del sistema político-económico imperante, del desarrollo. Usted puede encontrar las barbaridades más tremendas en los barrios urbanos de Nueva York y también en el parque central de la Habana.

En la Biblia aparece un principio muy interesante: “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Pro 22. 6). Eso es real no tenga la menor duda. Las influencias que recibe un niño son determinantes para su vida. Y es en el hogar o en el plano emocional-espiritual donde se gana esa batalla. No se gana adoctrinando. Muchos niños crecen en la iglesia. Todos los domingos reciben clases en la escuela dominical. Sus padres que no son cristianos dejan que alguien los lleve porque la iglesia es buena y así en definitiva se libran de ellos por un rato. Cuando estos niños crecen la mayoría de ellos no ha conocido al Señor y se pierden. Que desde bien pequeños en la escuela estén diciendo: “Pioneros por el comunismo: Seremos como el Che”, no significa en modo alguno que cuando crezcan les va a importar el comunismo, ni van a querer ser como fue el Che. Las palabras tienen que ir acompañadas de hechos concretos que las respalden. Nada puede sustituir al ejemplo personal, cualquiera que sea el caso. Ellos serán o aprenderán los patrones verdaderamente duraderos de las personas que son emocionalmente significativas para ellos.

La periodista se pregunta ¿Y el candor?, pero nuestra sociedad está increíblemente sexuada. Sobresaturada de sexo. Échele un ojo a la televisión, a cualquier medio. Observe cualquier programa musical, no importa si es de una gran estrella o de alguien mediocre. El sexo vende. Siempre me he preguntado la necesidad de que una joven mujer con una excelente voz y una adecuada calidad interpretativa deba cantar en ropa interior. Eso se ve todos los días. Sexo, sexo, sexo, en todas partes. No se puede perder el glamour  es la idea. Estos patrones están tan enraizados ya en las mentes que hablar de esta manera es correr el riesgo de ser tildado de anticuado, de irracional, etc, etc. Las personas se visten para ir a la calle con la franca intensión de ser codiciados desde el punto de vista sexual. ¿Estoy exagerando? Una cosa es verse bien y otra es por voluntad propia convertirse en un objeto. Tampoco es un medidor adecuado el nivel educacional. El mismo patrón lo encuentras en personas que no rebasaron la segunda enseñanza que en graduados universitarios.

Solo conociendo a Jesús.Digo conociendo a Jesús, no visitando una iglesia, porque visitar una iglesia y conocer a Jesús no es lo mismo. El Señor dijo: “Dejad a los niños venir a mí,  y no se lo impidáis;  porque de los tales es el reino de los cielos” (Mt 19. 14). Los niños muchas veces no son vistos como algo importante, en la práctica. Puede haber muchos programas de la iglesia o de la sociedad en general, que si no llega allí, a lo particular, a las emociones significativas, a las necesidades reales, los resultados tan solo van a ser parciales. Solo conociendo a Dios, repito. Pero si ese niño creció en la iglesia, ¿Por qué es así o por qué hace eso? No conoce a Dios. Sus padres decían: Creo en Dios, pero los problemas los resolvían de una manera muy diferente. Dios es real y se conoce en la práctica y se vive en la vida y se le enseña a los niños a conocerle. Ante las dificultades se les enseña a orar y después se les muestra como fue que Dios respondió la oración.

Podemos ilusoriamente hacernos la idea de que muchos de los problemas que a veces se ven en las películas no tienen nada que ver con nosotros. Pero es muy probable que muy cerca de ti haya niños que hoy les estén enseñando a prostituirse, les estén enseñando a pedir dinero en las calles, les estén enseñando a robar. Deja que conozcan a Jesús. Puedes estar seguros de que necesitan de nosotros. Que Dios te continúe bendiciendo.

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