“¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas” (St. 5.13).
Cerca de la mitad de los versículos de la carta de Santiago son mandamientos, o si no lo son sin dudas tienen un marcado carácter imperativo. A los jóvenes no les gustan los mandamientos, las reglas. Parece que nos las sabemos todas. Ya el tiempo de los viejitos pasó. Yo sé lo que estoy haciendo. No me va a pasar a mí.
Los mandamientos son buenos. Ninguna de las cosas que Dios dice las dice porque quiere que seamos marionetas obedeciendo reglas y estatutos sin sentido. Cada mandamiento de Dios tiene una razón de ser. Cada enseñanza del Señor, para decirlo ya de una manera más agradable al oído, pretende acercarnos más al Creador de todo lo que existe. Las enseñanzas de Santiago son muy prácticas. Y todo lo práctico es bueno sobremanera. No se trata de cosas que no se pueden entender, abstractas y complicadas. Por ejemplo: Estás atravesando una situación muy difícil, una prueba muy dura de esas que les acontecen a los cristianos. No entiendes nada. “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (St 1. 2-5). Nada sucede por casualidad. Todo tiene una razón de ser. Dios tiene el control.
Es en la juventud donde se tienen una gran cantidad de dudas y conflictos que es necesario resolver. Todo está en crisis. Los valores, la fe, la confianza, el amor. Un joven se pregunta con quien se va a casar. En la iglesia no hay mucho donde escoger. Donde va a vivir. No se puede vivir con los suegros ni con los padres de uno. Observa el futuro según lo que sus ojos pueden ver y lo que ve es tenebroso. No hay solución posible. El mejor de los trabajos únicamente le va a dar si acaso para sobrevivir.
Hay un joven que quiero mucho que ha dejado de congregarse. Iba a la iglesia por sus padres. No conocía al Señor. Las cosas no comenzaron por él. Su mamá dejó de congregarse primero. Se quedaba en casa mirando la tv. Series y novelas. El tiempo pasó. La madre le fue infiel a su esposo. Seguramente obedeció el consejo de alguno de los protagonistas: Cuando tengas dudas sigue a tu corazón. Seguro que usted lo ha escuchado una que otra vez, pero usted sabe que el corazón es engañoso. El matrimonio se disolvió. Por supuesto que esta situación afectó al muchacho. El tiempo siguió pasando. Su papá estaba afligido. Su mamá estaba feliz. Su padre trabajaba muchísimo y apenas prosperaba. Al nuevo novio de la madre le iba muy bien y le hacía regalos caros. Todos en la familia criticaban al cristiano. La elección de la madre parecía ser la mejor.
Espero que el Señor rescate a ese joven. Intercedemos por él, por su familia. Pero él y muchos otros debieron escuchar al Señor.
Usted podrá preguntarse que tiene que ver todo lo que estamos hablando con el versículo del comienzo. Estoy seguro de que ese versículo le resulta familiar pero tal vez la aplicación estuviera invertida. ¿Oramos mucho realmente cuando estamos afligidos? Probablemente escuchemos música y tal vez nos sintamos mejor, porque la música es buena. Pero debemos buscar el rostro de Señor. Él nos sacará de la aflicción y lo que no entendemos nos dará la sabiduría para hacerlo. La aflicción no se quita con música, se alivia momentáneamente. El Señor lo cura todo. Y cuando entendemos, y cuando confiamos, a pesar de lo que nos esté sucediendo. Cuando estamos cerca del Señor estaremos alegres para poder cantar alabanzas y de seguro serán una bendición. Los jóvenes tienen que aprender esto. Tienen que aprender a pelear en medio de las crisis en el nombre del Señor Jesús. Con toda confianza.
No se tienen ganas de orar cuando se está afligido, pero en la oración nos acercaremos al Señor. Todas las instrucciones bien aplicadas son útiles. Síguelas bien.
Que el Señor te continúe bendiciendo.
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