Solo el amor…(4)

“Amados,  amémonos unos a otros;  porque el amor es de Dios.  Todo aquel que ama,  es nacido de Dios,  y conoce a Dios. El que no ama,  no ha conocido a Dios;  porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros,  en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo,  para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios,  sino en que él nos amó a nosotros,  y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados,  si Dios nos ha amado así,  debemos también nosotros amarnos unos a otros” (1 Jn 4. 7-11).

Nosotros nunca vamos a ser marionetas de Dios. Somos colaboradores pero no marionetas. Dios obra en nuestra vida en la medida en que le dejamos obrar. Voluntariamente aceptamos al Señor o no, cuando se nos predica la Palabra. Pero si yo digo: Que va, yo no voy a cambiar, yo soy así. Dios tiene que hacer una obra en mi vida muy grande. ¿De que manera Dios te va a cambiar? Dios no usa magia. Es necesario quebrantarse con lo que Dios dice, humillarse, y Dios obra. Dios hace la obra y el poder de Dios te transforma. Pero solo cuando tú lo quieres, lo reconoces, aceptas que estás mal y lo deseas. De otra manera lo único que va a suceder son situaciones en tu vida y en mi vida que se repiten una y otra vez para exponernos nuestra condición y tomemos la decisión al fin de reconocer el estado en que estamos y dejemos a Dios obrar. Juan lo hizo así y en la medida en que fue conociendo a Dios, encontrándose con Él una y otra vez, aprendiendo de Él, de sus enseñanzas, con su comunión. Viviendo la vida de Cristo en su propia vida.

Llegamos al Señor y nos volvemos sus discípulos, comienza una nueva etapa en nuestra vida en que debemos ir madurando, creciendo porque nuestros sentidos se ejercitan por el uso en el discernimiento del bien y del mal. El Señor no va a detener su obra en  nosotros hasta el día de Jesucristo. Por desgracia, con que facilidad se crea un conflicto entre nosotros y vamos dejando que se complique y se complique cuando en realidad lo que necesitamos es paz.

Otra característica que distingue a los hijos de Dios es que son pacificadores. Resuelven los problemas a la manera de Dios. Ministrando amor. Un poco más adelante en este mismo capítulo Juan nos dice de una manera más drástica: “Si alguno dice: Yo amo a Dios,  y aborrece a su hermano,  es mentiroso.  Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto,  ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1Jn 4. 20). Jesús es todavía más drástico: “Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano,  será culpable de juicio;  y cualquiera que diga: Necio,  a su hermano,  será culpable ante el concilio;  y cualquiera que le diga: Fatuo,  quedará expuesto al infierno de fuego” (Mt 5. 22). Estas cosas solo se pueden discernir espiritualmente. Es por eso que debes encontrarte con Dios, caminar con Jesús, llenarte del Señor. La buena noticia es que Dios está cerca, está disponible. Está ahora junto a ti. Que el Señor te continúe bendiciendo.

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.