“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros” (1 Jn 4. 7-11).
A Juan le vemos caminar junto a Jesús. Le vemos con intenciones serias de querer hacer lo que el profeta Elías: descender fuego del cielo para consumir a otras personas. No hay mucho amor en quien quiere quemar vivos a otros seres humanos. Jesús les llamaba tanto a él como a su hermano, Boanerges, hijos del trueno, por su conducta violenta. Quería quemar a toda una ciudad. Reprendió a un hombre porque echaba fuera demonios en el nombre de Cristo porque no estaba junto a ellos y el Señor les reprendió una y otra vez. Junto a su hermano, Juan quería tener los puestos de mayor relevancia junto a Jesús en el reino venidero. Furia, ira, ambición, deseos de venganza. Esto era Juan, antes de conocer al Señor. Si uno quiere para uno mismo la relevancia, el lugar principal, el protagonismo, ¿cómo se manifiesta entonces el amor hacia mis hermanos?
¡Gloria a Dios! Hermanos, Dios cambia la mente y el corazón de los hombres. Dios cambia tu vida. Dios no se conforma con vernos sin esperanzas, Él nos busca. No está muy de moda leer la Biblia, pero no podemos conocer a Dios si no lo hacemos. Es necesario encontrarnos con Jesús, es necesario atender a Jesús, saber lo que piensa Jesús sobre lo que estoy haciendo, sobre lo que estoy viviendo. Y si una Palabra como esta me dice que yo debo amar a mis hermanos y que ese amor es como un sello que nos dice que somos nacidos de Dios, que conocemos a Dios. Si lo que yo siento no está en correspondencia con esto, el problema no está en mis hermanos que son de esta o de otra forma. El problema está en mí, porque independientemente de cómo sea mi hermano y yo tenga razón en todos mis argumentos, yo tengo que amar a mi hermano, porque así es el amor de Dios. No depende de mi rendimiento. Si dependiera de lo que yo haga, con toda seguridad hacía mucho rato que Dios me habría desechado. Es necesario encontrarse con Dios, un encuentro con Dios lo cambia todo, pero no una vez y nunca más le escuché, porque no me interesaba lo que decía, y si dijo algo, hice lo que mejor me pareció con lo que dijo. Todo no cambia de forma automática, es necesario seguir con Jesús. Juan ya había tenido experiencias significativas con Jesús. Cuando sucedió el incidente en el que ellos querían quemar aquella ciudad. Juan creía que eso era lo correcto, pero cuando Jesús le mostró la verdad y le dijo que el Hijo del hombre no había venido para perder las almas de los hombres sino para salvarlas, aunque él no entendiera en ese momento aceptó las palabras del Señor como lo que eran: “Palabras de Dios”. Más tarde entendería, lo necesario para ser llamado el apóstol del amor. Todo porque dejó que Dios obrara en su vida.
Continuará…
Comentarios recientes