“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros” (1 Jn 4. 7-11).
Lo cierto hermanos es que muchos no conocen a Dios, o al menos no lo conocemos como deberíamos. La vida cristiana es una relación con Dios, de vivir la vida de Cristo. No de tener una vida religiosa. Hay que encontrarse con Dios, hay que conocer a Dios. Hay que acercarse a Jesús, hay que llenarse de Dios. Él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos. Las cosas inanimadas alaban a Dios cada día cuando cumplen el propósito por el que fueron creadas. El sol adora a Dios cuando brilla y nos brinda su calor. Así también la luna las estrellas, el viento, las aguas y todo aquello en que usted quiera pensar. Somos nosotros los que somos reacios a hacer lo que Dios quiere que hagamos.
El primer propósito es el de tener una relación íntima con el Creador, es el de estar bien cerca de Dios. Nosotros no confiamos en extraños, no arriesgamos cosas importantes de nuestra vida a personas que no conocemos, porque no nos son de confianza. Igual pasa con el Señor. “Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza” (Sal 40. 4). Pero como confiar en Dios si no le conocemos. No confiamos en aquellas personas que no conocemos. Llegamos a un pueblo donde nunca hemos ido y alguien que no conocemos, de quien no tenemos referencia se brinda para cuidar nuestros maletines. Maletines en los que llevamos posesiones valiosas. Lo más probable es que no los perdamos de vista ni un instante, porque no confiamos así como así. La confianza se adquiere producto de una relación, producto de pasar tiempo juntos, producto de comprender las características del carácter, los pensamientos, la manera de actuar, el modo en que se resuelven los conflictos. Producto de experimentar estas cosas, de vivir estas cosas. La Palabra de Dios nos dice: “Encomienda a Jehová tu camino, confía en Él y Él hará. Que frase más sencilla, más simple, pero que verdadera y que poderosa. Hay quien tiene temor por cualquier cosa y no se atreve a hacer nada. En la práctica la indecisión es mucho peor que equivocarse. Encomienda a Jehová tu camino, sea lo que sea. No importa si es tu trabajo, tu ministerio, tu vida personal; confía en el Señor y Él hará. Emprende las cosas que sabes que agradan al Señor sin miedo que lo que necesite cambiarse en el camino, Él te lo mostrará. Así será si estamos bien cerca de Dios. La Palabra del Señor nos dice que no nos gloriemos en absolutamente nada que seamos o poseamos, ni inteligencia, ni fuerza, ni cargos, ni responsabilidades, ni en una larga lista de cosas que hayamos hecho. Si en algo podemos alabarnos es en conocer al Señor. Hay muchas cosas que no sabemos. No podemos ver los corazones, pero hay hechos que no se pueden ocultar y la Palabra de Dios nos dice que todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. Y este hombre que está diciendo esto inspirado por Dios y que se le ha llegado a llamar el apóstol del amor, por las cosas que escribió, las enseñanzas que impartió, no siempre fue así.
Continuará…
Comentarios recientes