Hace unos días hablábamos sobre la importancia del ejemplo. El ejemplo personal es importante para prácticamente todas las áreas de la vida. Un pastor solía decir: “Si tu vida no es un mensaje, tu mensaje no tiene vida”. Puedes decir cualquier cosa, si lo que dices no tiene nada que ver con lo que haces, no tiene valor alguno. Veamos a Débora.
“Después de la muerte de Aod, los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová. Y Jehová los vendió en mano de Jabín rey de Canaán, el cual reinó en Hazor; y el capitán de su ejército se llamaba Sísara, el cual habitaba en Haroset-goim. Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehová, porque aquél tenía novecientos carros herrados, y había oprimido con crueldad a los hijos de Israel por veinte años. Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profetisa, mujer de Lapidot; y acostumbraba sentarse bajo la palmera de Débora, entre Ramá y Bet-el, en el monte de Efraín; y los hijos de Israel subían a ella a juicio” (Jue 4. 1-5).
Débora vivió en una época difícil. No había rey en Israel. La época de los jueces. En este tiempo el pueblo alternaba entre dos pensamientos. Servían a Dios todo el tiempo que vivía el juez que servía a Dios. A su muerte el pueblo se desviaba y comenzaba a adorar a otros dioses. Como consecuencia de su pecado Dios permitía que fuesen esclavizados por sus enemigos, y sufrían. El dolor aumentaba a tal punto que comenzaban a clamar a Dios y El Señor levantaba a otro juez que les salvaba. En los años de Débora ya esto había sucedido varias veces. Los cananeos gobernaban. Más de veinte años de opresión.
No es mucho lo que se sabe de la vida de esta mujer. Sabemos que era la esposa de un hombre llamado Lapidot. Es un caso muy especial. En estos tiempos era inimaginable que una mujer pudiera gobernar en una sociedad dominada plenamente por los hombres. El Señor nos muestra que puede utilizar a cualquiera siempre que seal fiel y le obedezca. Débora tenía una relación muy especial con el Señor. Ella anhelaba la liberación de su pueblo, la manifestación del Señor. Ella sabía que Dios iría delante y le daría la victoria. Debes leer toda este pasaje para que puedas entender con claridad como esta mujer anima a Barac, que fue el hombre de armas que dirigió esta operación. Barac a pesar de ser un caudillo, con hombres bajo su mando, no se sentía fuerte para hacer esta tarea que le parecía imposible, pero la seguridad de Débora, su vida, le llevó a seguir adelante.
No es fácil comenzar una lucha en estas condiciones. Veinte años y muchos hombres hechos y derechos no se habían atrevido a desafiar el poder de Sísara. Esta mujer lo hizo, porque ella sabía en quien había creído, pero no le dijo a sus hombres vayan y hagan tal cosa. Ella fue también al monte Tabor. Quizás no peleo físicamente, porque no podía, pero estaba en el peligro, en el frente, sirviendo de ejemplo a su pueblo.
Eso tenemos que hacer hoy. Que el Señor te continúe bendiciendo.
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