“Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Rom 15. 5-6).
El ejemplo de una vida puede ser determinante. Puede ser determinante viniendo de los padres. Los hijos se parecen mucho a sus padres. Su ejemplo puede ser fundamental. Es determinante cuando se habla de liderazgo. Un líder tiene que ser ejemplo, sino su labor va a quedar resentida. Como demandar de otros lo que no eres capaz de dar. Es fundamental cuando se habla del testimonio del cristiano.
Muchos han sido los hombres y mujeres que han comenzado grandes cosas y nadie ha creído en ellos. En la fe y fuera de ella también. Cuando un científico no muy prominente plantea sus ideas, casi siempre es mal entendido. Muchos se burlan. Nadie les apoya. Sin embargo cuando perseveran y perseveran, el tiempo suele darles la razón. De Finlay, por ejemplo, se rieron y le llegaron a llamar el hombre de los mosquitos. Años más tarde se demostró que tenía la razón. A hombres como él no les ha importado la risa de sus contemporáneos. Muchos cristianos han emprendido acciones a favor del evangelio y las personas no creen en su éxito. A un hombre como Abraham se le diría loco. Salió de su casa, un lugar promisorio para ir a lo desconocido, porque escuchó y obedeció la voz de Dios. Estos hombres nos sirven de ejemplo, tanto unos como otros nos muestran el valor de la dedicación, la perseverancia, la entrega.
El apóstol Pablo deseaba que los cristianos fueran capaces de poner a un lado sus diferencias personales y se respetaran los unos a los otros. No hagas nada por ambición egoísta. Sé humilde, siempre considerando a los demás como mejores que uno mismo. Busca el bienestar de los demás y no solo el tuyo. Asume la postura de Jesús. Él nos dice claramente que vino para servir y no para ser servido, para dar su vida en rescate por muchos. Les extendió la mano a los gobernadores, pero también a las personas comunes y corrientes. Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Si tan solo nos quedamos con aquellas personas con las que nos sentimos cómodos no estaremos representando debidamente a Jesús. Solo la gracia de Dios nos hace lo que somos, no porque seamos más importantes, más dignos de reconocimiento, o más especiales.
El Señor nos enseña a poner el amor por encima de todos los desacuerdos. Dios nos puede dar lo necesario para seguir el ejemplo de Cristo. Aunque nos demos cuenta o no, siempre nos están observando. Nuestras actitudes muchas veces pueden marcar la diferencia. Nuestro testimonio es poderoso para bien o para mal. Nuestra vida es más poderosa que muchas palabras. El amor y la unidad en la iglesia es el cimiento más importante para ganar almas para Cristo.
El ejemplo es fundamental. La perseverancia de unos perfectamente puede animar a otros que están pasando por situaciones muy difíciles. Unos jóvenes con entusiasmo pueden mover al mundo, pueden levantar una iglesia. La Biblia cuenta con ejemplos suficientes para demostrar lo que estamos diciendo. Veremos algunos en los próximos días.
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