Dios tiene un propósito para todas las cosas. Dios no hace nada sin razón. Hay un objetivo detrás de cada suceso. Esa es una realidad muy importante. Es una gran verdad que debemos tener bien presente, porque en la mayoría de las situaciones complicadas de nuestra vida, realmente no entendemos, al menos de momento, la razón de lo que está sucediendo. Por lo que resulta sumamente grato, reconfortante, esperanzador, saber que hay un propósito del Señor, porque aun las cosas malas, desagradables que nos suceden, nos ayudarán a bien.
Dios es experto en convertir lo malo en bueno. El salmista se regocija de saber que abundante mesa, ricas bendiciones, prepara el Señor en la misma presencia de sus angustiadores. Ellos no pueden hacer nada para evitar lo que Dios tiene para sus hijos. Nadie puede cambiar el plan de Dios. Él va delante porque Él sabe todas las cosas. El mal intriga contra el pueblo de Dios y muchas veces aparentemente le salen bien las cosas, pero Dios se aprovecha de las mismas situaciones que se crean para adelantar sus benditos propósitos.
Esta es una característica fundamental de nuestro Señor: No hace nada por gusto, no hace nada sin razón. Ya lo habíamos dicho antes pero insistimos porque es muy importante. Debemos imitar a Dios. Al ser humano le gusta imitar, por naturaleza. Formas de vestir, de caminar, de hablar, de relacionarse, buenas o malas, en dependencia de la persona. Pero para nosotros los cristianos, ser imitadores de Dios es una orientación que viene de Dios mismo (Ef 5. 1). Más allá de nuestra elección. Imitar a Dios es un privilegio. Es en este sentido que va dirigida esta reflexión. No en el consuelo que produce saber que aunque cosas desagradables nos están sucediendo Dios tiene una razón, sino en la realidad de que nosotros siendo hijos de Dios y sabiendo que Dios tiene un plan para nosotros, de la misma manera las cosas que hagamos persigan un propósito, tengan una razón.
¿Nunca has sentido que vas por el mundo sin propósito alguno? ¿Nunca has sentido que lo que estás haciendo lo estás haciendo en vano? Apenas sobreviviendo. Es por eso que insistimos en la necesidad de estar bien cerca del Señor. Debemos ir de la mano con los propósitos del Señor.
Imagina que llevas un ministerio cualquiera, pero no sabes a donde vas. Haces una cosa hoy y otra mañana pero no tienes seguridad de lo que quieres, hacia donde te diriges, ni lo que quieres alcanzar. Ese definitivamente no es el propósito de Dios y no debe ser el tuyo.
Debes trazarte metas, y metas alcanzables, no planes fantasiosos que no te van a llevar a ningún lugar. Siempre con el Señor. El salmista decía: “Entenderé el camino de la perfección cuando vengas a mí” (Sal 101. 2). Solo Dios nos puede mostrar el camino, solo la guía de Dios es efectiva. Acerquémonos al Señor e imitémosle. Hay mucho por hacer y poco tiempo. Hay mucha necesidad. No hagas las cosas por hacerlas. Has que valga la pena. Lucha por los resultados que Dios quiere alcanzar. No son tus planes, son los de Dios. Si lo haces así, hasta lo más insignificante va a cumplir su cometido. Hasta lo más simple, Dios lo va a usar. Que el Señor te continúe bendiciendo.
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