En ese caso Pedro se estaba moviendo según las necesidades y la guía del Espíritu, cumpliendo el mandato del Señor Jesús: “Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia” (Mt 10. 8). Los hermanos en aquel lugar con toda seguridad le estaban sustentando. Era una bendición tanto para los hermanos como para Pedro. Pedro podía dedicarse a buscar del Señor; aprovechar un tiempo precioso que hubiera malgastado quizás, trabajando para sustentarse; y luego podía ministrar a los hermanos de una manera efectiva, poderosa, ungida. Desde luego que el sustento que Pedro recibía no era un salario, ni la provisión de los hermanos era tan grande que Pedro se iba a hacer rico. Sustento y abrigo, que es la provisión fundamental con la que el Señor nos llama a estar conformes. Eso es totalmente válido, y ese será el caso en nuestras vidas si conforme a la voluntad de Dios vivimos y llegamos a estar en una situación semejante.
Pero la moneda tiene dos caras. En el libro de los Hechos de los apóstoles en el capítulo 18, tenemos a Pablo en Corinto y aunque no se nos dan muchos detalles se nos dice con claridad que el apóstol Pablo tenía un oficio y trabajaba con sus manos en él. ¿Trabajaba Pablo a tiempo completo? Hoy no se consideraría así por nuestra manera de ver las cosas, pero yo pienso que Pablo también trabajaba a tiempo completo. Pablo no estaba esperando por los recursos de nadie, porque llegaran ofrendas de ningún lugar para cumplir el mandato que el Señor le había dado. Trabajaba con sus manos para sustentarse él y a los que con él estaban. Predicaba el evangelio, testificaba de Cristo cada vez que tenía la oportunidad, a tiempo y fuera de tiempo. Eso no quiere decir que rechazara la ayuda de los hermanos, pero su trabajo para el Señor no estaba condicionado por los recursos de nadie y muchísimo menos por un salario fijo.
Dios tiene en sus manos todos los recursos que hacen falta para cualquier cosa que sea preciso hacer. Lo que falta muchas veces son los hombres y las mujeres dispuestos a hacer lo que sea necesario aunque las condiciones sean difíciles. La práctica demuestra casi siempre que son imprescindibles muchísimas menos cosas de las que nosotros pensamos. Lo único que si es imprescindible es la presencia, la guía del Señor. Trabajar codo a codo con el Altísimo, en su voluntad, eso si es necesario. Puedes estar seguro de que lo que haga falta Dios lo va a suplir. La parte de Dios está garantizada.
Hoy no se nos ocurriría a nosotros salir como Pablo y Bernabé salieron de Antioquia. ¿Qué recursos tenían? ¿Cuánto pudieron haber llevado consigo? Miles de kilómetros recorrieron llevando el evangelio. Cumplieron el encargo para el que el Señor les había llamado. Les vemos a ellos moviéndose por el continente europeo, pero también vemos al Señor, animando, guiando, respaldando.
No es nuestro objetivo en este trabajo centrarnos en recursos, en dinero, aunque ha sido necesario mencionarlos. La idea es que “trabajar a tiempo completo” no necesariamente significa aprovechar bien el tiempo. Donde quiera que estés puedes servir a Dios, siendo sal y luz. Quizás lleve más esfuerzo, porque habrá otras cosas que hacer cuando salgas del trabajo o llegues de la escuela, pero no te preocupes. Este tiempo es así. Si nos dejamos guiar por el Señor sabremos que nada ha sido en vano. Más adelante seguiremos meditando sobre estos temas. Que Dios continúe bendiciéndote.
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