En ocasiones no sé como administrar el tiempo. Hay tantas cosas que hacer. Todas son importantes. Desearía poder dormir ocho horas todos los días, porque muchas veces me siento cansado. Los especialistas dicen que este tipo de descanso es muy necesario. Nunca lo puedo conseguir. El tiempo no alcanza. ¡Vuela! Se va. Los días pasan muy rápido y no hago todo lo que deseo. A veces me pregunto: ¿Cómo se las arreglarían los apóstoles? Hoy a veces escuchamos: Yo quisiera trabajar a tiempo completo para el Señor porque el tiempo no me alcanza. Pero, ¿trabajaban a tiempo completo los apóstoles? O ¿lo hicieron todo el tiempo? O ¿es correcta nuestra idea de lo que significa trabajar a tiempo completo? Son preguntas que vienen a nuestra mente y que sus respuestas nos ayudan a esclarecer un poco nuestro camino. Hay una cosa cierta: en cualquier caso el apóstol nos dejó bien claro en su carta a los efesios: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Ef 5. 15-16). No caben dudas de que el tiempo hay que aprovecharlo al máximo. Pero cuando un cristiano trabaja o estudia, muchas veces desea poder disponer de más tiempo para poder hacer más cosas para el Señor.
Es un deseo legítimo querer hacer más cosas para el Señor. Pero es increíble lo que se puede hacer aprovechando bien el tiempo, aunque no se trabaje “a tiempo completo”. No es necesario para un cristiano tener un salario de una obra o de una congregación local. Porque en eso es lo que se resume muchas veces el significado de la frase trabajar a tiempo completo. No porque se reciba un salario eso significa que realmente se trabaje a tiempo completo. Conozco personas que sirven al Señor con gran amor y nunca han cobrado un centavo. También he conocido personas que reciben un salario por predicar el evangelio y por visitar a los hermanos. “Digno es el obrero de su salario”, es bien cierto y “No pondrás bozal al buey que trilla”, también. Pero hay circunstancias en la vida donde no hay salario, no hay remuneración, o si la hay es bien poca. ¿Hay que detener la predicación o las visitas? Quien sirve a Dios primeramente debe ser eso: un siervo; una persona dispuesta a servir al Señor y a sus hermanos independientemente del sueldo. Nunca un parásito preparado para vivir a expensas de los demás. ¿Es lícito vivir del evangelio? Sí lo es. Pero no nos equivoquemos. Una cosa es vivir del evangelio, que te den el sustento en algún lugar por donde pasas predicando, que te ayuden para poder trasladarte de ciudad en ciudad, te postras en oración intercediendo por tus hermanos y cuando te levantas ministras con efectividad lo que recibiste de Dios y otra bien diferente es hacer del evangelio un negocio o querer que las personas trabajen para ti, o solo predicas donde hay condiciones, comodidades, y tus decisiones las tomas como si de escoger una empresa donde trabajar en el mundo secular se tratara.
Meditaba en esto cuando pensaba en los apóstoles. Veía por ejemplo a Pedro en el capítulo 9 de “Hechos”, que estaba visitando a los discípulos y llega a una ciudad y ministra a un paralítico y este sana de una enfermedad. Lo mandan a buscar porque una hermana muy querida ha muerto. Pedro acude y la hermana resucita. Después de esto Pedro no se va de aquel lugar se queda en casa de un hermano. En el capítulo 10 cuando el centurión lo manda a llamar Pedro estaba orando. Acudió al llamado y le predicó el evangelio al centurión y a los suyos. Eso me parece que es trabajar a tiempo completo.
Comentarios recientes