¿Están abiertos tus ojos? (2)

A pesar de que había recibido revelación, sus ojos estaban abiertos pero no su corazón. Su corazón seguía deseando las riquezas y la honra de los hombres antes que la de Dios. Vean al ánimo jactancioso de Balaam, como dice ser un varón de ojos abiertos, alguien que oye los dichos de Dios, alguien que vio la visión del omnipotente. Un poco más adelante en este capítulo llega a decir: el que sabe la ciencia del Altísimo. ¿Usted cree que si Balaam hubiera tenido los ojos abiertos y supiera ciertamente la ciencia del Altísimo hubiera estado dispuesto a ir en contra de los planes del todopoderoso? Ciertamente Balaam estaba ciego. Ciertamente tenía conocimiento y Dios le había revelado algunas cosas y había tratado con él, pero Balaam no estuvo dispuesto a darle la gloria a Dios.

Si usted lee la Palabra con cuidado usted se va a dar cuenta de que Moab no salió a la guerra contra Israel. No hubiesen podido con el pueblo de Dios. Moab se propuso hacer pecar a Israel. Atraer a los israelitas por medio de sus mujeres a la adoración de sus dioses. Eso por supuesto no era del agrado de Dios. Dios es celoso y no comparte con nadie lo que es suyo. La mano de Balaam está detrás de todo eso. Balaam bendijo a Israel y profetizó lo que Dios le reveló, pero sabía que Dios se irritaría con su pueblo si este practicaba algún tipo de culto que no estuviera dirigido hacia Él. Balaam sabía bien de que manera se podía ofender a Dios, que se podía hacer para provocar el tropiezo de los hijos de Israel. Pensó que si los israelitas ofendían a Dios el Señor retiraría sus bendiciones. Él quería la honra de los hombres, no la de Dios.

Este supuesto varón de ojos abiertos fue tan necio que imaginó que podría cambiar el plan de Dios. ¡Que iluso! Aconsejó a los moabitas y a los madianitas para que tentaran a Israel. Para que les hicieran fornicar y comer de lo sacrificado a los ídolos. Humanamente hablando era un plan muy ingenioso. Este varón de ojos abiertos que conocía la ciencia del Altísimo era muy inteligente, de eso no hay dudas, pero no podía contender con Dios. Dios castigó a los israelitas por lo que hicieron. Dice la Palabra que 24 mil murieron en aquella ocasión. Creyeron las mentiras y se fueron tras el pecado, y Dios les castigó con severidad. Pero el plan de Dios siguió andando.

Estos israelitas estaban ciegos. Balaam tenía más conocimiento pero estaba ciego también. Hay un gran peligro en la ceguera espiritual. Si nuestros intereses están en primer lugar, si cuando vamos a tratar un asunto de tipo espiritual, algo que debes hacer para el Señor, piensas: Esto me va a afectar de esta manera o de la otra, mejor es no hacerlo porque voy a salir perjudicado. O te preguntas: ¿Qué voy a ganar con esto? Siento mucho decirte que si tenemos esa situación necesitamos colirio para poder ver, estamos ciegos y no comprendemos verdaderamente la esencia de las cosas. Muchos hemos sido iluminados como lo fue Balaam, nos llegó el conocimiento del Altísimo. Sabemos las verdades de Dios. Sabemos que Jesús es el único camino, que no hay otro. Pero aun así no arrancamos estamos como muertos y no avanzamos mucho. Lo peor de todo es que creemos que estamos bien, que creemos que vemos. Y podemos incluso decir como Balaam, soy un varón de ojos abiertos. ¿Cómo Balaam puede pensar que va a cambiar los designios del creador del universo? ¿Cómo puede pensar que va a engañar a Dios para que él, Balaam, sea rico y reciba honores y poder de manos de moabitas y madianitas. Si eso no es estar ciego.

Vamos a dejar a Balaam por un momento. Vamos a poner nuestros ojos en Pablo, en Saulo de Tarso. Un joven fariseo, instruido por los más sabios eruditos de las Escrituras. Era un joven brillante, inteligente, muy conocedor. Por mucho tenía incluso mayor conocimiento de la Palabra que los mismos discípulos de Jesús. Saulo de Tarso creía que su visión estaba muy buena. Creyó que era justa la muerte de Esteban.   

 

Continuará… 

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