“Cuando vio Balaam que parecía bien a Jehová que él bendijese a Israel, no fue, como la primera y segunda vez, en busca de agüero, sino que puso su rostro hacia el desierto; y alzando sus ojos, vio a Israel alojado por sus tribus; y el Espíritu de Dios vino sobre él. Entonces tomó su parábola, y dijo: Dijo Balaam hijo de Beor, Y dijo el varón de ojos abiertos; Dijo el que oyó los dichos de Dios, El que vio la visión del Omnipotente; Caído, pero abiertos los ojos” (Num 24. 1-4). Este es un pasaje de la historia de Israel antes de cruzar el Jordán y tomar la tierra prometida. Solo es un fragmento. Para poder entender todo lo que hablaremos aquí sería bueno leer los capítulos del 22 al 24 íntegramente porque hay algunos elementos que son muy importantes y que nosotros debemos tener bien presentes en estos tiempos difíciles.
Este pasaje es muy revelador. Balaam no fue un buen hombre a pesar de tener conocimiento de Dios, a pesar de saber que el Señor hace su voluntad en cualquier circunstancia. El Espíritu vino sobre él y le mostró cosas que iban a suceder en su tiempo y también en el futuro. Me llama poderosamente la atención que Balaam en esta oportunidad dice de su propia boca: dijo el varón de ojos abiertos y después: Caído, pero abiertos los ojos. Esto es muy interesante porque en todas las épocas ha sido muy trascendental tener los ojos bien abiertos. Podemos estar de acuerdo en que tal y como están las cosas en el mundo hoy, cuando vemos la gran cantidad de problemas que se nos vienen encima y con los que normalmente se convive, no es muy difícil darse cuenta de que las masas están completamente ciegas. Muchas veces no entendemos los propósitos de Dios y nuestra manera de vivir es más bien como si lo único que hubiera para los hombres fuera esta vida.
La Biblia dice: “Acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros”. El caso de Balaam es lamentable. Balaam no tenía el problema que muchos tienen hoy en el mundo que se preguntan: ¿Será verdad que hay un Dios? Balaam si sabía que había Dios. Sabía del poder de Dios. Pero Balaam estaba ciego, no veía nada. Tenía conocimiento de Dios pero su deseo no era honrar y glorificar el nombre de Dios, su deseo era sacar todo el provecho posible de su conocimiento. Balaam vio los cielos abiertos cuando el rey de Moab le mandó a llamar para que maldijera a Israel. Debía tener gran fama. Dios debía de haberlo usado de forma poderosa para que se le tuviera en cuenta para una situación así. Se rehusó a ir con los enviados del rey porque Dios no se lo permitió. Obedeció, pero su corazón estaba tras los beneficios personales que pudiera obtener de las riquezas del rey de Moab. No le interesaba para nada los propósitos de Dios. No le interesaba para nada el pueblo de Israel. No le interesaba que Dios estaba ejecutando un plan a largo plazo para salvar a todo el género humano. A Balaam solo le importaba su lucro personal, su beneficio y su honra personal.
El rey de Moab volvió a enviar otros emisarios más ilustres que los primeros con el mismo encargo y en esta oportunidad el Señor le dejó ir, pero solo podría decir o hacer lo que se le ordenara. El Señor, que conoce los corazones sabía lo que había en el de Balaam. Sabía que no era recto para con Él. Por eso en el camino se le apareció un ángel con una espada desenvainada, pero Balaam estaba ciego, no veía nada, no era capaz de ver el peligro en que se encontraba. La mula en que viajaba si veía al ángel y se apartó de él alejándose del peligro. Balaam estaba furioso porque el animal no le estaba obedeciendo. A la tercera oportunidad el animal se echó en el suelo y se negó a moverse. Tres veces libró la mula a Balaam y tres vees la azotó. El Señor hizo algo maravilloso y le permitió a la mula hablar y le permitió a Balaam razonar. Nunca antes la mula había tenido un comportamiento como ese, siempre lo había llevado a todas partes muy dócilmente. Los ojos del profeta fueron abiertos y pudo ver al ángel. El Señor le dejó continuar pero solo abriría su boca para hablar la palabra de Dios.
Tres veces prepararon altares y ofrecieron sacrificios y tres veces profirió bendición sobre Israel. ¿Por qué Seguía insistiendo?
Continuará…
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