En nuestra infancia no teníamos televisor en colores, ni computadora personal. Recuerdo como hacíamos cola en los “Joven Club” de computación para poder jugar esos jueguitos que en aquellos tiempos nos parecían lo máximo. No se podía ni siquiera soñar con un nintendo. Recuerdo un juego muy sencillo, cuando lo comparamos con los que hay ahora, que me gustaba mucho jugar: Digger. Han pasado los años y no recuerdo del todo los detalles, pero si mi esfuerzo por avanzar, por idear estrategias para lograr vencer los niveles. Las situaciones se repetían. El mismo problema. Perdías y empezabas de nuevo porque querías ganar, querías avanzar, querías tener la alegría de triunfar. Estoy seguro de que entiendes de lo que estoy hablando. Lo he visto muchas veces y lo he vivido también. Primero es el nivel uno, luego el dos, luego el tres y así sucesivamente. Una vez que empiezas no quieres quedarte estancado y menos si sabes que otros ya pasaron por ahí. Hay niveles de juego, que en un momento te parecían infranqueables, pero luego te parecieron fáciles y los vences sin dificultad. No es nuestro interés en esta oportunidad los videojuegos propiamente dichos, sino las experiencias, las sensaciones.
El deseo de superar los obstáculos es un buen deseo. No es bueno dejarse vencer por cualquier adversidad. Es buena la perseverancia, la lucha. He visto jóvenes pasarse noches enteras tratando de vencer un determinado nivel en un videojuego, y los he visto también rendirse con un pequeño problema cotidiano de la vida. La vida cristiana es lucha, es sacrificio, es oración. De cierta manera también son niveles que hay que ir superando. A medida que creces, muchas situaciones que turban a otros y les hace perder el sueño, a ti no te lograrán amilanar, porque ya las tuviste muy parecidas en el pasado y el Señor estuvo contigo, y de alguna manera enderezó lo que se había torcido y cuando tú pensabas que no había solución, apareció la respuesta. Las has vivido ya en muchas áreas de tu vida. En tu hogar, con tu familia. Recuerdas esa oportunidad cuando no tenías dinero y lo necesitabas, tu sensación fue que el Señor multiplicaba los panes y los peces. Tenías muy poco, pero te alcanzó y te sobró. En la vida cristiana hay que empeñarse mucho más en superar los niveles, en vencer los obstáculos. Me refiero al empeño y a la determinación. ¿Cómo es posible perseverar y perseverar para matar al dragón y salvar a la princesa en un videojuego, pero no ponernos a orar, a clamar, a hacer lo que sea necesario por una situación determinada, real y concreta de nuestra vida? Estamos rodeados de dificultades, a veces dentro de nuestro propio hogar. Muchas cosas no son como deberían ser y las dejamos como están. Nos conformamos, no hacemos nada. Aunque el problema sea muy grande y no lo veas accesible, solucionable. “¿Habrá alguna cosa difícil para Dios?”. Empéñate en las cosas imposibles. No por tu propia cuenta sino con el Señor. ¡Crece! Acércate cada vez más. No te amilanes. ¡Que el Señor te continúe bendiciendo!eras tratando de vencer un determinado nivel en un videojuego, y los he visto tambi
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