“Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Sal 51. 17). La Palabra de Dios es hermosa. Es verdadera. Es poderosa. Es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos. Discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia. La Biblia es todas esas cosas. Es lo mejor que tenemos para conocer a Dios, para entender su carácter. En ella vienen principios que son fundamentales para el cristiano. Para vivir, para aprender a vivir.
Dios no miente. En este versículo se nos está diciendo algo fundamental. Es un versículo muy conocido, muy citado y suena muy bonito al oído. Pero, ¿lo entendemos realmente? ¿Lo aplicamos? Estamos viviendo en tiempos donde el orgullo reina en el corazón de las personas. Cuesta muchísimo trabajo humillarse, bajar la cabeza, reconocer los errores, rectificar el rumbo perdido.
Todos queremos el favor de Dios. Todos queremos a Dios en nuestras vidas. Todos queremos en nuestros asuntos las cosas buenas y maravillosas que puede hacer nuestro Dios. Todos queremos bendiciones. Conozco a un joven que se apartó del Señor. Es hijo de padres cristianos. Ya no se congrega y vive una vida sin Cristo como si nunca hubiera escuchado hablar de Él. Este muchacho tiene un pequeño negocio y a pesar de estar apartado de Dios y de estar haciendo cosas que sabe que no agradan a Dios, no deja de pedirle a su madre que ore para que le vaya bien y su negocio prospere. Eso pasa muchas veces, queremos que Dios sea nuestro empleado y más que Dios, más bien como el genio de la lámpara, que está ahí para satisfacer nuestras demandas. Mi hermano, Dios tiene un propósito mucho más grande que cualquiera de nuestros deseos. Nosotros podemos querer cualquier cosa, Dios siempre va a responder de acuerdo a su voluntad.
Dios no miente, decíamos arriba, y El Señor nos ha dado armas muy poderosas para pelear esta batalla. Humíllate delante de tu Dios. Humillado y quebrantado, arrepentido si te has equivocado. El Señor no te dejará estar así por mucho tiempo. Vas a crecer, no vas a tener rencores en tu corazón, Vas a estar mucho más cerca del Señor. ”Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, Mas al altivo mira de lejos” (Sal 138. 6).
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