Siempre me ha gustado la fotografía. Recuerdo cuando era niño, luego de mucho esfuerzo, que mis padres al fin me compraron mi primera cámara fotográfica. Era una “Lubitel 166”, soviética. Los rollos eran de 120 mm, en blanco y negro. Nunca pude tirar una fotografía en colores porque no había donde revelarlas. Debía desplazarme más de 20 kilometros para poder sacar las fotos. Un viaje para llevar los rollos, otro para ver en el rollo las fotos que habían salido y mandarlas a imprimir y otro para recoger finalmente el resultado del esfuerzo. ¡Que alegría cuando podía ver aquellas fotos! Intentaba enseñárselas a todo el mundo.
No había muchas posibilidades. Cada rollito tenía tan solo 12 fotos, por lo que cada una tenía un valor y no se podía despreciar cada oportunidad. No es como ahora, que cualquiera puede tirar miles de fotos y eliminar aquellas que no son de su agrado, o tan solo imprimir las que le son más significativas. Una vez retraté a unos amigos junto a una llave de agua que estaba goteando. La instantánea atrapó una gota en el trayecto hacia el suelo, con una claridad tremenda para la distancia en que se tomó y poniéndole uno todos los parámetros. Aquella foto era mi orgullo.
Una de las primeras cosas que hice dentro de la iglesia cuando me convertí al Señor en aquellos años de escasez, fue tirar unas fotos con una cámara de esas que te las devuelve al momento como con un cuadrito. Hay que agitarlas un poco y enseguida estabas viendo las imágenes. Una maravilla para aquellos tiempos. La cámara la habían traído de los Estados Unidos y nadie sabía que hacer con ella. De pronto alguien dijo: fulano sabe de fotografía. Enseguida estaba inventando para ver como podía tirar aquellas fotos porque nunca en la vida había tenido en mis manos una cámara como aquella. Pero las fotos salieron. Y las bromas que les hicieron a los hermanos en aquella despedida de solteros quedaron registradas para recordarlas por algún tiempo.
Recuerdo que me gustaba muchísimo que con mi camarita insignificante, podía retratarme a mi mismo. Tenía que ponerla en automático y correr a la posición que había determinado de antemano. Había que apurarse porque el tiempo no era mucho. Numerosos buenos recuerdos quedaron guardados de esta manera. Pero no pude seguir, la crisis económica de los 90 puso fin a mi carrera como fotógrafo aficionado. Ya después no fue lo mismo para mí.
Confieso que hasta hace unos días cuando leía en Cubadebate los titulares de las noticias, el término selfie era desconocido para mí. Pero llamó mi atención un artículo. Lo puedes ver en: http://www.cubadebate.cu/noticias/2015/06/19/diez-mil-personas-murieron-en-el-2014-intentando-hacerse-un-selfie/.
No es nuestro interés en esta oportunidad hablar del artículo en sí, o de las posibilidades que ofrece la tecnología. Muchos comentarios en Cubadate. El problema va mucho más allá. Es la situación de los jóvenes de estos tiempos. ¿Por qué un joven siente la necesidad de mostrar una foto de sí mismo en un lugar difícil o en condiciones peligrosas? ¿Por qué tratan de imitar a las estrellas del momento? Cine, televisión, deporte. ¿Por qué arriesgan sus vidas para que otros digan: me gusta?
Uno de los anhelos que arde con más fuerza en el corazón del hombre es el de ser reconocido. Ser aceptado, valorado, respetado, son necesidades que luchan dentro de nosotros para encontrar satisfacción. Las cosas mejores de la vida llevan esfuerzo y sacrificio y nunca se obtienen en una tarde. Nada puede satisfacer al hombre plenamente. Solo Dios puede hacerlo. El deseo de satisfacción es legítimo porque fuimos hechos para ser plenos, pero no pueden lograrlo ni la fama, ni el dinero, nada. Solo Dios. Los jóvenes necesitan saber esto. Los jóvenes cristianos también tienen estás necesidades. Tienen muchas dudas a veces y en estos tiempos, más que nunca en la historia, mientras menos convicciones tengas, mucho más fácil de manipular. Así te quiere el enemigo.
La buena noticia es que hay esperanza. La persona más importante del universo te ama con un amor tan grande que no lo podemos entender. Jesús aceptó la muerte por ese amor. Es cierto que hay problemas. Es cierto que hay luchas. Es la batalla de la fe. Muchas cosas suceden en una batalla. “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. “Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová”. “…somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó”.
Tírate cuantas fotos quieras. Guarda recuerdos de los lugares que fuiste, de las épocas de tu vida. Pero no te arriesgues para impresionar a nadie. No tomes decisiones para sobresalir. No tienes necesidad de eso. Dios te ama y eso nadie lo puede cambiar.
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