Espera (4)

1 R 18. 17-21: Cuando Acab vio a Elías,  le dijo: ¿Eres tú el que turbas a Israel? Y él respondió: Yo no he turbado a Israel,  sino tú y la casa de tu padre,  dejando los mandamientos de Jehová,  y siguiendo a los baales. Envía,  pues,  ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo,  y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal,  y los cuatrocientos profetas de Asera,  que comen de la mesa de Jezabel. Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel,  y reunió a los profetas en el monte Carmelo. Y acercándose Elías a todo el pueblo,  dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos?  Si Jehová es Dios,  seguidle;  y si Baal,  id en pos de él.  Y el pueblo no respondió palabra.

Todos conocemos esta historia, la hemos escuchado o leído muchas veces. Es una hermosa historia. Es una hermosa historia donde el poder de Dios se manifiesta con total claridad para apoyar a uno de sus siervos. Elías lanza un reto. Probablemente el reto más desproporcionado que un hombre en su condición podría jamás hacer.Sólo yo he quedado profeta de Jehová. Había 850 hombres entre los profetas de Baal y Asera, el pueblo y el propio rey. Todos enemigos de Elías, con las intensiones más claras de arrancarle la cabeza. Está bueno ya de tanta inseguridad. Preparen un buey para ofrecerlo en sacrificio a Baal, yo voy a preparar uno para ofrecerlo en sacrificio a Jehová, pero no pongan fuego debajo. El Dios que sea Dios que provea fuego para su holocausto. Todos estuvieron de acuerdo y comenzaron los profetas de Baal; prepararon su buey lo cortaron en trozos y comenzaron a clamar a Baal. Toda la mañana hasta el mediodía. Estos hombres hacían sus ritos, se cortaban, derramaban su sangre, gritaban frenéticamente. Elías se burlaba de ellos. Baal seguro está ocupado, tiene cosas más importantes que hacer. Quizás está meditando o duerme. Lo cierto es que no tuvieron respuesta alguna. Como la iban a tener si cuando nuestro Señor cierra una puerta nadie la puede abrir. Por mucho que el reino de las tinieblas quisiese, no tenía la menor posibilidad de prenderle fuego a aquella leña. Le llega su turno a Elías. Pide que todo el mundo se acerque para que pueda ver bien lo que va a suceder. Prepara el altar, corta el buey en pedazos y sorprende a todo el mundo cuando manda a las personas a que le echen agua a todo aquello, para hacerlo más difícil todavía, agua, agua, bastante agua de tal manera que corría por la zanja que había alrededor. Entonces clamó a Dios. Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. La respuesta no se hizo esperar. El fuego consumió todo aquello. Consumió el buey, la leña, el agua, dice la Biblia que lamió el agua que había en la zanja. Ante semejante demostración el pueblo comenzó a gritar: ¡Jehová es el Dios! ¡Jehová es el Dios! Elías manda a apresar los falsos profetas y los matan a orillas del arroyo. Elías clama nuevamente a Dios y la lluvia le pone fin a más de tres años de sequía. A esto es a lo que se le llama una victoria aplastante. Pero que sucedió entonces:

1 R. 19. 1-4: Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas.  Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.

De repente, luego de obtener semejante victoria, Elías estaba nuevamente en peligro de muerte. Advirtiendo el riesgo, decide poner distancia entre él y los hombres de Jezabel. Termina finalmente en el desierto bajo un enebro, extenuado, clamando a Dios por la muerte. Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. ¿Cómo pasa Elías de un estado de victoria indiscutible a semejante estado de desánimo? ¿Cuál sería la explicación? ¿Qué podría hacerle Jezabel a un hombre que solía decir Vive Jehová Dios de Israel,  en cuya presencia estoy? Sin embargo Elías decide poner pies en polvorosa, hasta que le vemos clamando por la muerte. Elías era humano, sujeto a pasiones semejantes a las nuestras. En esta nueva situación tampoco entiende nada. Él no entiende lo que está pasando. Se había pasado más de tres años escondido, peligrando cada día. Por fin había llegado el momento. Dios había demostrado su supremacía indiscutible. El pueblo ahora dejaría a los ídolos, se convertiría sinceramente al Dios de sus padres, el avivamiento restauraría a Israel al lugar que le correspondía por derecho propio, y él posiblemente podría contemplar tranquilo mejores años. Ese era el pensamiento de Elías, puede estar seguro. Cumplió las instrucciones de Dios hasta este punto. No tenía nuevas instrucciones. Se formó su propia opinión sobre lo que debía pasar y se fue sorprendiendo una y otra vez cuando nada de lo que él esperaba acontecía. Acab actuó como siempre; lo puedo imaginar contándole a su esposa lo que Elías había hecho con los profetas de Baal. Asume una posición neutral. El pueblo asistió a la demostración del poder de Dios como si se tratara de un espectáculo. Algo grandioso, se enardecieron en el momento, pero hasta ahí. Cero vuelta al Dios de sus padres, cero conversión verdadera, cero restauración de la nación. Y Elías nuevamente en peligro de muerte. Nada había cambiado. Eso es lo que piensa Elías mientras va huyendo. Se sentía sin fuerzas. A todos nosotros nos ha pasado algo así alguna vez. Quizás no con asuntos tan serios como los de Elías, pero si con temas que han sido importantes para nosotros. Las cosas no salen como las planeamos. Sencillamente, esa no era la voluntad del Señor, su propósito era otro, no el que creímos. Pero mientras no entendemos eso y nos ponemos en la dirección correcta, duele. Duele porque miramos hacia delante y no vemos la salida. La solución no está para nada en nuestras manos. ¿Y ahora que hago? ¿Cómo enfrento la vida, el mundo, la gente de ahora en adelante? ¿Cómo empiezo de nuevo? La única solución es Jesucristo. Reconocer que somos peregrinos sobre esta tierra y si sabemos que la Biblia dice que el hombre piensa su camino, mas Jehová endereza sus pasos; sencillamente eso es lo que está haciendo el Señor: enderezando nuestros pasos. Espera en el Señor. Sintoniza tus planes con los de Dios. Veremos su mano obrando en nuestras vidas. Que Dios te continúe bendiciendo.

 

 

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