De todas las respuestas posibles del Señor la espera es probablemente la que más nos mortifique. Queremos algo y lo queremos ya. Sería preferible desde nuestro punto de vista que la respuesta fuese No rotundo, porque la espera suele ser desagradable. La espera casi siempre desespera. La juventud es especialmente sensible a ser dañada por la espera, a sentirse dañada por la espera. Hasta donde voy a llegar, lo he hecho todo bien y no obtengo respuesta. Ahí nos ponemos sentimentales. Este camino no tiene salida. Soy un desgraciado, no tengo suerte; todo me sale mal. Esas cosas pasan sencillamente porque no comprendemos la voluntad de Dios, porque queremos hacer la nuestra, queremos satisfacer nuestros deseos y nuestros deseos no siempre van a coincidir con los propósitos del Señor. No entendemos su propósito, no vemos más allá de nuestras narices. Y aunque nos gustaría saber, no nos hace falta, porque lo que debemos hacer es depositar nuestras cargas en el Señor. La Biblia dice: echa sobre Jehová tu carga y el te sustentará. Debemos confiar en nuestro Dios. Lo que Él nos va a dar va a ser hermoso.
La razón por la que muchos proyectos fracasan es porque no tienen en cuenta a Dios. Tratamos de hacer nuestra voluntad y no la suya. Podía ser, pensamos, pero no era. Lo que nos pasa a nosotros no solo tiene que ver con nosotros, también puede tener que ver con las personas que nos rodean o están lo suficientemente cerca como para recibir la influencia. No entendemos el propósito de Dios, pero debemos escoger creer en sus promesas. Esperar con la confianza de que su respuesta va a ser la mejor posible y en el momento adecuado.
Hay un hombre de Dios, para mí especial, que le sucedió en su tiempo lo que a nosotros nos pasa todos los días. Él haciendo la obra del Señor, con celo de Dios, a nosotros la mayoría de las veces con meros asuntos que pudiéramos llamar domésticos, asuntos que en realidad no son tan importantes, pero a los que les concedemos mucho valor. El hombre del que vamos a estar hablando es Elías, el profeta de fuego. Lo vamos a utilizar como ejemplo, específicamente porque la Biblia dice de él que era un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, sin diferencia alguna con nosotros. Era humano ciento por ciento. No era un ser venido de otra galaxia. Pero aun transitando por el camino correcto, muchas veces no entendía lo que estaba sucediendo.
Elías era un profeta, habitante de las tierras de Galaad. Vivió y profetizó, realizó su obra fundamental bajo el reinado de Acab y de su hijo Ocozías. Era una época convulsa. Dice la Biblia que ningún rey fue como Acab que se vendió a hacer lo malo delante de los ojos de Jehová porque su mujer Jezabel le incitaba. En la historia hay hombres que son célebres por las mujeres con que se casaron, pero yo creo que Acab se debe llevar el primer premio por mucho. En el fondo Acab es digno de lástima. Escuchaba a los profetas de Dios, siendo el rey escuchó pacientemente las ofensas de Nabot cuando trató de comprarle la viña y se fue casa triste y angustiado sin tomar represalias. Le dio su palabra al rey de Siria de que pelearía junto a él y la cumplió. Era valiente, en el combate peleaba como un soldado más. Lo verdaderamente malo es que siempre andaba en sus propios caminos, nunca en los del Señor. Es el ejemplo perfecto en la Biblia del hombre que hace todo lo que no se puede hacer. No se podía por orden del Señor contraer matrimonio con mujeres extranjeras, mujeres que no fuesen del pueblo de Dios; Acab se casa, nada más y nada menos que con Jezabel, la hija del rey de los sidonios, una mujer de armas tomar. Idólatra, sacerdotisa de Astarté, adoradora de Baal. Acab le prestaba atención a los profetas de Jehová, él les escuchaba, pero no hacía nada por impedir que su mujer les mandara a matar. No se podía introducir el culto de otros dioses en Israel, Acab construye un templo a Baal para complacer a su esposa. Escucha y no toma represalias contra Nabot, pero no estorba a Jezabel para que no intrigue contra el pobre hombre y lo maten. Después gozoso va y toma posesión de la viña.
Es en la presencia de Acab que hace aparición a nuestros ojos por primera vez el profeta Elías. Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra. Elías nunca le cayó particularmente gracioso a Jezabel y ella como a los demás profetas procuró matarlo. No era la voluntad del Señor y jamás pudo dar con él. El sentido del humor de Dios en este caso es fenomenal. Muchos lugares tendría donde esconder a Elías. Dice la palabra que le habían tratado de localizar en todas las naciones vecinas a Israel. ¿Dónde escondió el Señor a Elías? Le mando a esconderse nada más y nada menos que en Sarepta de Sidón, en la tierra donde más influencia tenía Jezabel, en su propia tierra, donde su padre era rey. Es increíble la ironía. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores. El Señor podía proteger a Elías en las propias narices de Jezabel. El es Dios, puede hacer cualquier cosa. Elías se refugia en la casa de una mujer viuda en Sarepta de Sidón.
Todo el mundo pasaba hambre en la tierra por la sequía, ellos de la mano de Dios tenían alimentos. La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. Todo parecía ir bien cuando de pronto el hijo de la viuda enferma y muere.
Continuará…
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