El Salmo 55. 12-14 nos dice:
“Porque no me afrentó un enemigo,
Lo cual habría soportado;
Ni se alzó contra mí el que me aborrecía,
Porque me hubiera ocultado de él;
Sino tú, hombre, al parecer íntimo mío,
Mi guía, y mi familiar;
Que juntos comunicábamos dulcemente los secretos,
Y andábamos en amistad en la casa de Dios”.
En este pasaje el salmista se queja de que el mal le ha venido de donde menos lo esperaba. No era su enemigo declarado el que le provocó el daño y el malestar, sino aquel que era su mejor amigo, con quien compartía sus secretos más íntimos y con quien juntamente servía al Señor. Evidentemente en este caso concreto, tiene motivos suficientes para sentirse triste. Ha sido traicionado, y eso duele, duele profundamente, tanto que en el momento de dolor parece que esas heridas no van a sanar nunca, pero no es el fin del mundo. El Señor da una rápida respuesta en el versículo 22 de este mismo salmo; abre las puertas de la esperanza diciendo: “Echa sobre Jehová tu carga y Él te sustentará”. Nunca tarde, ni impreciso, en el momento justo.
Echa sobre Jehová tu carga y Él te sustentará.
Vamos a tratar el tema de la amistad. Es bastante amplio como para recorrerlo en un solo trabajo He querido, tal vez en una aparente contradicción comenzar presentando el caso más oscuro posible, como lo que hemos visto en el salmo. En primer lugar porque la vida del cristiano está llena de complicaciones y contrariedades, el enemigo de la iglesia la ha pedido para zarandearla, es natural que vengan dificultades y pasemos por momentos duros. El que no los ha pasado, no se preocupe que deben estar por llegar. Pero lo más importante es que nada está perdido. En Cristo hay solución para todos nuestros problemas. “Echa sobre Jehová tu carga y Él te sustentará”.
Es maravilloso poder tener muchos amigos. Está bastante claro para nosotros que los mejores amigos que pudiéramos tener son nuestros hermanos de la fe. Somos hermanos en Cristo desde el momento en que aceptamos al Señor, pero automáticamente no somos amigos, ese es un proceso que requiere tiempo, en el sentido de sentirnos bien juntos, de pasar tiempo juntos, de preferirnos por encima de las demás personas que nos rodean. Eso no se da con rapidez, suele ser poco a poco, si se trata de amistades verdaderas. La confianza no se gana en un día. También depende mucho de lo carismática que pueda ser una persona, las facilidades que posea para entrar y formar parte de un grupo. El mundo es cruel, todos los días te acecha y te trata de golpear y te sacude; pero que bueno que tenemos amigos en quien podemos recostarnos y apoyarnos con confianza. Estoy hablando de amigos, hermanos, por supuesto. El Señor lo dispuso así: “Soportad las cargas los unos de los otros”.
La iglesia tiene un problema. Los grupos cristianos son difíciles de penetrar en la mayoría de las oportunidades, porque se crea como una barrera. Usted está más o menos feliz en su grupo, no tiene mucho interés en que alguien más entre. Los nuevos que llegan se sienten como desconectados. Yo me he sentido así. Esto no es una recriminación, es una reflexión para poder comprender qué es lo que pasa.
Continuará…
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